"Con Schiaretti es más fácil hablar"

Marcó diferencias entre el gobernador y De la Sota. Pidió mayor equidad en la distribución de recursos ante la crisis. Reclamó más apoyo oficial y de la sociedad para la educación.
Mañana se cumple una década desde que monseñor Carlos Ñáñez reemplazó a Raúl Primatesta como arzobispo de Córdoba. Con la serenidad que lo caracteriza, dice que vive este momento con una "enorme gratitud".

Aunque es sabido que prefiere no evaluar a funcionarios públicos y considera que la tarea de la Iglesia deber ser "independiente" de la del Estado, en un diálogo con La Voz del Interior estableció diferencias entre el ex gobernador José Manuel de la Sota y su sucesor Juan Schiaretti.

–¿Cómo vivió el reemplazo de Primatesta, un obispo que tenía amplia injerencia en cuestiones políticas?

–Para mí fue un gran desafío. He tenido un enorme aprecio por él y una gran valoración de su persona y de su ministerio. Antes de asumir, le dije que no iba a transitar el mismo camino y él me dijo que tenía todo el derecho de hacerlo así. De todas maneras, no puedo negar que el cambio de estilo cuesta, porque se generan expectativas en el ámbito de la comunidad eclesial. Yo soy distinto, no tengo las mismas dotes, las mismas cualidades, tengo otros puntos de vista.

–¿Cuáles fueron sus momentos más difíciles como arzobispo?

–Fue durante la crisis de 2001. Me acuerdo un hecho que siempre cuento: poco antes del 6 de enero de 2002, un grupo de personas me dijo que quería hacer un momento de oración en la Catedral y les dije que sí. Era un domingo a las 5 de la tarde y pensé que nadie iba a ir. Cuando llegué, encontré la iglesia llena. Era un momento de incertidumbre. Compartir una situación de dolor y tener que hacer una propuesta de esperanza en esa circunstancia era realmente difícil. También hubo momentos de roces con algunas autoridades, que también me afectó. Mi intención no era confrontar con nadie.

–¿Se refiere a cuando se expresó sobre los juegos de azar y la inseguridad en Córdoba lo que tensó las relaciones con José Manuel de la Sota?

–Exactamente.

–¿Qué diferencia encuentra entre De la Sota y Juan Schiaretti?

–La relación con De la Sota, en los primeros momentos fue difícil y un poco tensa. En el segundo período, mejoró notablemente. Con Schiaretti, desde que es vicegobernador tenemos una relación fluida, respetuosa y cordial, y eso facilita el trato. Siento una mayor facilidad con él. La Iglesia y el Estado tienen que tener una relación de respeto e independencia y de colaboración cuando sea posible.

–¿Cuál es el rol que debe cumplir la Iglesia ante la crisis?

–La tarea es alentar, ser instrumento para suscitar la esperanza. Al mismo tiempo, recordar la necesidad de una Justicia que permita que en situaciones difíciles los esfuerzos se compartan de manera equitativa. Esto quiere decir que el que tiene más aporte más y el que tiene menos sea ayudado y sostenido.

–En sus discursos, la presidenta Cristina Fernández se refiere continuamente a los esfuerzos compartidos. ¿Qué opina de su gestión?

–Creo que lograr una distribución equitativa de esfuerzo y resultados es lo ideal. Pero me parece que no lo hemos logrado. Los discursos son importantes, pero más importantes son los hechos, y eso es todavía una tarea pendiente.

La Iglesia y la sociedad

El arzobispo de Córdoba no evitó referirse a la relación entre la Iglesia y la sociedad, y a los asuntos que generan rispideces.

Entre estos temas se encuentra, sin dudas, la campaña de apostasía y el nuevo grupo de ateos en Córdoba. Al respecto, Ñáñez dijo que "la Iglesia no obliga a nadie a permanecer en su seno, pero no considera posible sacar los nombres de los registros de bautismo". "Si alguien quiere retirarse de la Iglesia porque no comparte sus puntos de vista, porque no quiere vivir de acuerdo a las normas cristianas, no hay ningún poder que lo retenga. Otra cosa es quitar el nombre de los registros. Eso es imposible porque son hechos que han acontecido y están registrados en documentos públicos", afirmó.

En relación al ateísmo, sostuvo que respeta a quienes no comparten la fe.

–Acerca de lo ocurrido con el obispo lefebvrista Richard Williamson, ¿qué piensa de sus expresiones sobre el Holocausto?

–Sus palabras fueron lamentables. Me pareció una barbaridad lo que ha dicho.

–¿Qué relación guarda la Iglesia de Córdoba con los lefebvristas?

–Prácticamente ninguna. Una vez, algunos sacerdotes me visitaron, pero fue una entrevista formal y breve. Les dije que es fundamental la adhesión al Santo Padre y a un hecho eclesial importantísimo como es el Concilio Vaticano Segundo, que ellos discuten y ponen en cuestión.

–¿Cómo golpea a la Iglesia el juicio que afronta el padre Julio Grassi?

–Es una situación dolorosa, pero es importante que se haga luz sobre todo. Como Iglesia no debemos tapar nada, sino tratar los temas con delicadeza y discreción, porque están involucradas personas, que incluso cuando hayan cometido errores gravísimos, no pierden la dignidad.

–Se inició un congreso en el Vaticano para acercar a Darwin con la Iglesia, ¿cuál es la distancia hoy?

–Hay un esfuerzo de diálogo entre la ciencia y la fe. Mientras tanto, hay un documento importantísimo que en su momento dio el papa Juan Pablo II. Se llama "La fe y la razón", donde dice que para conocer la realidad, la mente cuenta con la razón y la fe, y que siendo la verdad una sola, puede suceder que haya momentos en donde no se ve la sintonía. Nosotros creemos que no hay contradicción entre la fe y la razón. Ha habido posturas un poco más precipitadas e irrespetuosas por parte de algunos eclesiásticos, que fueron objetables.

–¿Cuál es su valoración de la experiencia del Comipaz?

–Altamente positiva. Con el correr del tiempo ha ido madurando y encontrando el perfil adecuado, que es fundamentalmente religioso. Desde la valoración de la fe, de las convicciones religiosas, trabajando en común en el afianzamiento de valores auténticamente humanos, lo considero positivo. Yo creo que tienen un perfil interesante.

–¿Cómo analiza el conflicto de la educación?

–Es un tema de larga data. Para que imaginemos un futuro de esperanza hay que apostar a la familia y a la educación. Lo cual supone preocupación, dedicación de recursos, apoyos. La tarea docente no tiene el respaldo necesario ni de parte de la sociedad, ni de las autoridades y ahora tampoco de las familias. A veces no se valora suficientemente ni se respalda la tarea del docente. Esa es una cuestión que corresponde a toda la sociedad.

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