Sarkozy: "La posibilidad de encontrar a los sobrevivientes es ínfima"

El presidente francés admitió que no hay elementos precisos para determinar qué pasó.
Dolor y lágrimas pero sin histeria pública. Los familiares de los pasajeros del vuelo de Air France 447, que desapareció sin dejar rastros sobre el Atlántico entre Río de Janeiro y París, ayer llegaban en un ómnibus, atravesaban un pasillo de policías en la terminal 2 D del aeropuerto Charles De Gaulle acompañados por los miembros de la célula de crisis y se perdían en el hotel Sheraton del edificio, donde psicólogos, psiquiatras, sacerdotes y enfermeras trataban de contenerlos, en la peor tragedia aérea para la empresa francesa.

Algunos lloraban, otros marchaban abrazados y acompañados por chicos pequeños, especialmente franceses. La prensa los observaba pero no se podía hablar con ellos. Todos respetaban la regla, en medio de una inmensa emoción y congoja.

Un brasileño, cuyo hermano viajaba en el avión, no quiso dramatizar. "Creo que estaba allí", dijo antes de perderse en el pasillo.

Louis Carlos Machado, un cantante lírico de Santa Catarina, iba a tomar el avión de regreso a Río esa misma tarde pero en el vuelo que desapareció sobre el Océano Atlántico estaba su amiga Daisy, de su mismo pueblo. Ella iba a Roma a hacer unos cursos por seis meses.

Un mensaje se repetía en francés, en inglés y en portugués: "Los familiares que esperan el vuelo de Air France 447 deben dirigirse a los escritorios de la zona 2E". En la pantalla de "Arribos" y hasta la cuatro de la tarde, podía leerse un anuncio casi irreal sobre la suerte del vuelo de Air France: "Retrasado". Pero lentamente, la puerta del subsuelo de Arribos se fue vaciando de las voces brasileñas que esperaban a sus amigos y familiares para concentrarse, con caras angustiadas, en el mostrador de ayuda de Air France. La fe se fue perdiendo junto con la esperanza.

Air France instaló su célula de crisis y consideró la situación "muy grave" a las 9 de la mañana, cuando todos los esfuerzos por contactar al avión -que a las 4 y media de la mañana envió por ultima vez a los talleres de mantenimiento de la compañía un dramático de mensaje de "falla eléctrica y despresurización"- fracasaron. Los intentos de los brasileños, españoles y africanos por comunicarse con el aparato fallaban uno por uno. Quedaba una sola esperanza: que el avión aterrizara en el la terminal 2E, del aeropuerto Charles De Gaulle a las 11 de la mañana, como estaba previsto, pero con serios problemas eléctricos. Nunca llegó.

A las cuatro de la tarde, todas las esperanzas estaban perdidas. La desaparición sin rastros era un hecho confirmado e ineluctable. Primero el presidente Nicolás Sarkozy envió al aeropuerto a su ministro, Jean Louis Borloo, y a su secretario de Transporte, Dominique Bussereau, antes de hacer su aparición personal junto al canciller, Bernard Kouchner, para consolar a los familiares de los pasajeros.

"Nosotros no tenemos ningún elemento preciso de lo que ha pasado. Están analizando el problema meteorológico, las turbulencias fuertes. Pero otros aviones también han conocido turbulencias. Nosotros no podemos privilegiar ni excluir ninguna tesis. Si lo peor se confirma, será una catástrofe como jamás la compañía aérea Air France ha conocido", pronunció el jefe de Estado francés.

Después dio la peor noticia: "Las posibilidades de encontrar sobrevivientes son ínfimas. Hemos pedido ayuda. Hemos pedido ayuda a los norteamericanos con los satélites. Primero hay que localizar dónde ocurrió, encontrar la máxima cantidad de elementos para saber qué pasó. Va a ser muy difícil porque es una zona inmensa, centenares de kilómetros, en el medio de la noche y del Atlántico".

Luego Air France presentó "sus más sentidas condolencias a los familiares de los pasajeros y de la tripulación".

Consternado, bajo una enorme presión, el presidente de Air France, Pierre Henri Gourgeon, explicó en un rueda de prensa la cadencia de la tragedia: "Quiero decir que después de una meteorología tormentosa, recibimos mensajes del sistema que hablaban de una falla en el aparato. Alrededor de las 4 de la mañana, hora de París, el Airbus A330 entró en una zona de tormentas. A las 4:15, una serie de mensajes automáticos recibidos mostraban la falla de diferentes componentes indicando que algo muy particular estaba pasando en el aparato". Ese fue el último contacto. El piloto, con 11.000 horas de vuelo de experiencia y 1.100 sobre un Airbus A330, nunca pudo comunicar su emergencia. Lo que pasó es hasta ahora un absoluto y dramático misterio.

La aerolínea no descarta que el avión pueda haber sido tocado por un rayo en la tempestad, que pudo haber inutilizado el sistema eléctrico y electrónico, la peor pesadilla para los comandantes de un avión. Los pilotos y comandantes de Air France no sólo lloran a sus amigos: se inquietan por la ausencia de mensajes desde las balizas del avión. Según su experiencia, la aeronave podría estar completamente destruida en esa circunstancias y sus restos, en el fondo del mar.

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