Sarkozy y Merkel, una alianza para enfrentar la crisis.

Sarkozy y Merkel, una alianza para enfrentar la crisis.
Francia y Alemania presentaron ayer una “iniciativa común” para “hacer que Europa sea más fuerte”. La sociedad franco-germana se conoce luego de que esta semana los europeos multiplicaran sus amenazas de lanzar una “guerra comercial” contra el proteccionismo estadounidense, la receta del presidente Barack Obama para solucionar el desempleo de su país.
El presidente francés Nicolas Sarkozy y la canciller alemana Angela Merkel anunciaron ayer una alianza económica en la Conferencia sobre Seguridad organizada en Múnich. “Vamos a adoptar una iniciativa común franco-alemana para hacer que Europa sea más fuerte”, dijo Merkel. “Tomaremos una iniciativa común para que Europa esté más unida, sea más voluntariosa y más reactiva”, insistió Sarkozy.

La flamante unidad entre Berlín y París es el último capítulo de la grave amenaza de guerra comercial que esta semana amenazó a la economía mundial como resultado de la ola de medidas proteccionistas adoptadas en los Estados Unidos, Europa y los grandes países asiáticos.

La gravedad de esa situación se advirtió cuando el Congreso de los Estados Unidos intentó introducir en el plan de reactivación de la Casa Blanca una cláusula, bautizada buy american (“compre norteamericano”), destinada a proteger la industria siderúrgica. Para votar ese programa de 937 mil millones de dólares, los legisladores pretendían obligar a las empresas a comprar en forma prioritaria acero norteamericano, excepto si la oferta era insuficiente o aumentaba el precio final en más de 25 por ciento.

Frente a la cadena de reacciones que se extendió desde Canadá a Europa y de Japón a México, el Congreso aprobó finalmente una nueva fórmula estipulando que la aplicación de la cláusula buy american se hará de “manera coherente con las obligaciones de Estados Unidos y en virtud de los acuerdos internacionales”. El presidente Barack Obama reconoció el “error” de una iniciativa que podía convertirse en “fuente potencial de guerra comercial”.

En verdad, la guerra comercial había comenzado sigilosamente mucho antes. Desde mediados de 2008, China, India, Indonesia y otros países asiáticos aplican restricciones a las importaciones de acero, calzado, textiles, juguetes, electrodomésticos y agroalimentarios. Ecuador aumentó en noviembre de 5 a 20% los aranceles sobre una lista de 940 productos de importación, que incluyen desde manteca a teléfonos celulares, pasando por anteojos y equipamiento de transportes. Brasil también intentó imponer un régimen de autorización previa para las importaciones de 50% de los productos que compra en el exterior, pero finalmente –ante la presión internacional– tuvo que desistir.

Pero, además de las medidas visibles, la guerra comercial fue alimentada –por ejemplo– por la ayuda acordada en las últimas semanas por los Estados Unidos y algunos países europeos a sus industrias automotrices desfallecientes. Esos planes, como las ayudas indirectas otorgadas a Boeing y Airbus por los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea (UE), constituyen formas apenas disimuladas de subvenciones, una práctica condenada por la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Aun los países más liberales se sienten tentados de recurrir al arma proteccionista: “El proteccionismo es un mal necesario”, comentó en forma inesperada la ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, asustada por el déficit comercial de 2008, que llegó a 72.500 millones de dólares.

Para tratar de evitar que esa guerrilla se transforme en conflicto abierto, el director general de la OMC, Pascal Lamy, se esfuerza en reanudar las negociaciones de la Ronda Doha, iniciada en 2001, que teóricamente deben permitir una mayor liberalización del comercio. “El momento no parece propicio”, reconoció a fines de enero en el Foro de Davos. Efectivamente, las perspectivas nunca fueron peores: por primera vez desde 1982, este año el comercio mundial disminuirá 2,1%, según las previsiones del Banco Mundial. Pero los transportistas, principal termómetro de los intercambios, prevén por el momento una disminución de actividad de 30 por ciento.

La oportuna reacción de Obama impidió, por el momento, que se concretara la amenaza de una guerra comercial. Pero, el agravamiento de la crisis puede liberar los demonios proteccionistas que –más de una vez– convirtieron al mundo en un barril de pólvora.

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