Sarkozy: "El G-8 es insuficiente; debemos transformarlo en el G-14"

En una entrevista, dijo que es necesario incluir a grandes países emergentes, como Brasil y México
PARIS.- La muerte del G-8 -el grupo de los 7 países más ricos del mundo, más Rusia, que durante años dictó por sí solo las soluciones para los problemas del mundo- tiene fecha fija: el año 2011.

En una entrevista realizada por e-mail , el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, confirmó que el año que Francia asuma la presidencia rotativa del G-8, él mismo será quien selle su muerte para consolidar un grupo más grande: el G-14, que incluirá a Brasil, China, la India, México, Sudáfrica y Egipto.

Sarkozy, a quien los diplomáticos brasileños describen como el presidente que más defiende las aspiraciones de Brasil entre los países ricos, afirma que durante la reunión del grupo del G-20 en Pittsburg, Estados Unidos, a fines de este mes, insistirá en la necesidad de agilizar la reforma de la administración global, "que debe dar más espacio a los grandes países emergentes, comenzando por Brasil".

-¿Cuáles son sus expectativas para la reunión del G-20?

-El camino que hemos recorrido durante este último año es inmenso. Todos los protagonistas del mercado serán controlados. Ahora tenemos que definir conjuntamente las sanciones que serán aplicadas a los mercados financieros que rehúsen aplicar las reglas de transparencia. Debemos agilizar la reforma de la administración de la economía mundial, que debe dar más espacio a los grandes países emergentes, comenzando por Brasil. Esos son los temas sobre los cuales tendremos que trabajar en Pittsburg.

-Los países emergentes, como Brasil, parecen haber salido reforzados de la cumbre del G-20 en Londres. ¿Por qué insistir en el formato del G-8, incluso ampliado, en vez de adoptar simplemente el G-20?

-Una cosa es cierta: el G-8 ya resulta insuficiente. Si queremos que sea eficaz y que siga siendo legítimo, no tenemos opción: estamos obligados a ampliarlo a los grandes países emergentes, sin los cuales no seremos capaces de abordar los desafíos globales a los que se enfrenta nuestro mundo. Esos países son, por ejemplo, China, la India y, naturalmente, Brasil. Reconozco perfectamente que el G-20 demostró ser muy eficaz para enfrentar la crisis. El G-20 representa el 85% de la riqueza mundial y, por consiguiente, tiene verdadera legitimidad en materia económica y financiera, principalmente en lo que se refiere a la administración de la economía global. Es como el caso de la reforma del FMI, por ejemplo, que también debe reflejar mejor los nuevos equilibrios mundiales y, sobre todo, la emergencia de nuevos gigantes, como Brasil, y claro, también China, la India, México, Sudáfrica y Egipto. Ahora bien, no se trata de dar apenas un papel más importante a esos seis grandes países: lo que nosotros queremos es la completa transformación del G-8 en el G-14.

-Los diplomáticos brasileños hablan de la excepcional relación entre Brasil y Francia durante su gobierno. ¿Qué ve usted en el futuro del Brasil que sus predecesores no vieron?

-No tengo la pretensión, evidentemente, de haber sido el primero en comprender que en el siglo XXI no podemos darnos el lujo de prescindir de un país como Brasil para solucionar los grandes problemas del mundo. Pero la verdad es que el presidente Lula y yo decidimos dar una nueva dimensión y, sobre todo, un contenido mucho más concreto a la sociedad entre nuestros dos países. Debíamos pasar de las palabras a los hechos, y eso fue lo que hicimos. Al presidente Lula le gusta ver resultados; tanto mejor, porque a mí también. Nunca hubo entre nuestros países un acuerdo tan profundo respecto de los grandes temas. Con el presidente Lula nos comunicamos antes de cada encuentro internacional de importancia. Juntos defendemos la idea de que la reforma de la administración mundial no es sólo necesaria, sino que es urgente. Y pensamos que ha llegado la hora de dar mayor realce a la dimensión social de la globalización. También constatamos esa nueva dimensión de la sociedad franco-brasileña en el plano económico, en el que la cooperación entre nuestros dos países jamás ha sido tan intensa.

-En el documento de asociación firmado con Brasil, Francia defiende abiertamente las ambiciones brasileñas y, al mismo tiempo, Francia obtiene contratos militares provechosos, así como otras prometedoras posibilidades. ¿Qué tiene usted para responderles a quienes hablan de una "transacción entre amigos"?

-Les respondo que no han entendido bien el sentido de esta asociación estratégica y, sobre todo, que no han evaluado todo lo que Brasil y Francia pueden lograr juntos, uno para el otro, naturalmente, pero también para el mundo. Sí, es verdad: tenemos intereses, y también es cierto que los defendemos. Es perfectamente normal, y nadie intenta negarlo. Pero la sociedad que nos une con Brasil es mucho más profunda. Juntos, somos portadores de la idea de un nuevo orden mundial más justo y más solidario. Y si Francia defiende la idea de que Brasil debe ser miembro permanente del Consejo de Seguridad, es simplemente porque pensamos que Brasil se ha convertido en un país insoslayable, un gigante del que el mundo no puede prescindir a la hora de enfrentar los desafíos que nos esperan. Por otra parte, nadie ignora el hecho de que nosotros no pedimos un lugar permanente en el Consejo de Seguridad para todos los países donde tenemos intereses económicos. En cuanto a los contratos, pues bien, entre Brasil y Francia no existe una relación de proveedor y cliente, sino una sociedad. Todos nuestros programas de cooperación industrial, tanto en materia civil como de defensa, se basan en transferencias de tecnología y en coproducciones muy amplias; incluso, diría, sin precedente. No se trata de vender, sino de actuar en conjunto.

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