Sarkozy, enojado por un guiño de Obama a Turquía

Sarkozy, enojado por un guiño de Obama a Turquía
El mandatario de EE.UU. respaldó la aspiración de Ankara de ingresar en la UE
PARIS.? Nicolas Sarkozy y Barack Obama se enfrentaron públicamente ayer en Praga, cuando el presidente francés descartó en forma concluyente una incorporación de Turquía a la Unión Europea (UE), como sugirió su par norteamericano.

"Yo trabajo en estrecha colaboración con el presidente Obama, pero cuando se trata de la UE son los miembros de la UE quienes deben decidir", afirmó Sarkozy, en declaraciones desde la capital checa a la cadena francesa de televisión TF1.

Momentos antes, durante una intervención ante los jefes de Estado y de gobierno europeos, Obama había afirmado que la adhesión de Turquía a la UE "significaría una señal importante" a los países musulmanes y una forma de "anclar definitivamente" a esos países en la esfera occidental.

Después de sugerir en tono firme que el comentario de Obama constituía una injerencia en los asuntos europeos, Sarkozy recordó que siempre se había opuesto a esa decisión y que no había modificado su posición. "Turquía es un gran país aliado de Europa y aliado de Estados Unidos. Debe seguir siendo un interlocutor privilegiado, [pero] mi posición no ha cambiado", reiteró. La canciller alemana, Angela Merkel, también reiteró sus reservas respecto del ingreso de Turquía a la UE.

Esa divergencia entre Sarkozy y Obama marcó la primera discrepancia pública entre los dos presidentes después de 75 días de aparente luna de miel. La actitud de Obama, a pocas horas de la visita que inició anoche a Ankara, se explica por los esfuerzos que despliega actualmente Estados Unidos para convertir a Turquía en un pivote crucial de su estrategia en el "arco de la tensión" que atraviesa Irán, Paquistán y Afganistán.

El gobierno norteamericano negocia con el presidente Abdullah Gül y con el primer ministro Recep Tayyip Erdogan la autorización para que los aviones de Estados Unidos, que transportan tropas y material logístico a Afganistán, puedan utilizar las bases turcas.

Interesado en ganarse los favores de ese país con mayoría musulmana, Obama había tenido otro gesto de importancia durante la cumbre de la OTAN que se realizó el sábado pasado. Turquía se había opuesto tenazmente a la designación del primer ministro danés Anders Fogh Rasmussen como secretario general de la OTAN, con el pretexto de que defendió al diario danés que publicó los dibujos humorísticos sobre Mahoma en 2006 y de que tolera las actividades de la cadena de televisión Roj, acusada por Ankara de hacer propaganda en favor de la rebelión separatista kurda.

Para lograr que Turquía levantara ese veto, Obama se comprometió, al parecer, a obtener la designación de un representante de ese país como adjunto de Rasmussen y el nombramiento de un militar turco al frente de un comando de la alianza.

Gracias a su ubicación geográfica y a su influencia en el mundo árabe, Turquía ocupa una posición clave en el dispositivo de Estados Unidos destinado a estabilizar la región que se extiende desde Siria e Irak hasta Irán, Paquistán y Afganistán. Con el segundo ejército en importancia de la OTAN, puede tener un papel de "contención" similar al que tuvo con la Unión Soviética en época de la Guerra Fría. Por último, en esta era de inseguridad energética, la OTAN y Estados Unidos atribuyen una importancia capital a la red de gasoductos y oleoductos que atraviesa su territorio.

El enfrentamiento con Sarkozy eclipsó, en cierta medida, los importantes anuncios que formuló Obama sobre la política nuclear de Estados Unidos, así como la lucha contra la proliferación de armas atómicas, el desarme y la decisión de mantener el escudo antimisiles mientras dure la amenaza que representa Irán.

En su discurso ante 20.000 personas, desde una tribuna sin protección en medio de la plaza Hradcany de Praga, Obama se comprometió a trabajar por "un mundo sin armas nucleares", mediante una reducción masiva de los arsenales actuales y la suspensión de los ensayos.

Después de afirmar que el país que tiró dos bombas nucleares en Japón en 1945 tiene una "responsabilidad moral" ante el mundo, rechazó toda actitud "fatalista" respecto de la proliferación nuclear, que constituye el "legado más peligroso de la Guerra Fría". El riesgo de un ataque nuclear nunca fue tan grande, según afirmó, en la medida en que los "terroristas están resueltos a comprar, construir o robar" un artefacto atómico. Para responder a esa grave situación, apeló a realizar un esfuerzo mundial a fin de reducir y eventualmente eliminar las armas nucleares.

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