Sarko les sonríe a los Castro

El jefe de Estado francés, Nicolas Sarkozy, envió al cuadro socialista Jacques Lang a La Habana en momentos en que se espera que la administración Obama empiece a cambiar su política con la isla.
Nicolas Sarkozy parece un hombre irresistible. No sólo ha seducido a una de las mujeres más bellas del mundo sino que también ha logrado subyugar a sus enemigos políticos y llevarlos a trabajar con él. Entre sus conquistas más vehementes figuran dos: la del ex ministro socialista de Salud, Bernard Kouchner, hoy jefe de la diplomacia francesa; y, ahora, Jacques Lang, ex ministro socialista de Cultura, emblema de la izquierda francesa y, en estos días, “enviado especial” del presidente francés a Cuba con la misión de recomponer el diálogo con la isla de los hermanos Castro. Jacques Lang había acompañado a Fidel Castro por los salones del Museo del Louvre cuando era ministro socialista y Fidel visitó Francia como presidente de Cuba en marzo 1995. Los roles han cambiado. Jacques Lang fue esta semana a Cuba como emisario de un gobierno conservador y en La Habana ya no gobierna Fidel sino Raúl.

Sarkozy se metió en la brecha de la reconquista del espacio cubano y del diálogo con la isla. Hasta el momento, en el Viejo Continente ese monopolio lo detentaba España. En 2008, el gobierno español de José Luis Rodríguez Zapatero convenció a la Unión Europea de que eliminara las sanciones diplomáticas que el bloque impuso a la isla en 2003 como respuesta al encarcelamiento de 75 opositores. Zapatero había apostado por esa estrategia como método para entablar un diálogo político con las autoridades cubanas, y París siguió la línea. En octubre del año pasado, el diálogo entre Europa y La Habana fue reactivado en París bajo la presidencia francesa de la Unión Europea con el principio del “respeto mutuo”. El jefe de Estado francés coloca sus piezas en un país llamado a evolucionar y a hacer evolucionar a sus antagonistas de antaño, entre ellos el presidente norteamericano Barack Obama. Se espera que en las próximas semanas la administración Obama empiece a dar los primeros pasos que plasmen un cambio de su política hacia Cuba. Después de años y años de “diálogo crítico”, la Unión Europea empieza a mostrar su sonrisa en la costas de Cuba. Hace una semana viajó a la isla el canciller de Irlanda, Michael Martin, y ahora lo hace el ex ministro socialista francés Jack Lang.

Sarkozy le pidió a Lang que sea su enviado para “explorar” la “modalidad de una reanudación del diálogo político y la cooperación entre Francia y Cuba”. Jacques Lang ya se entrevistó con el canciller cubano, Felipe Pérez Roque, con el ministro de Cultura y con el presidente Raúl Castro. Nada ha trascendido sobre algún diálogo entre Lang y los miembros de la disidencia cubana. De hecho, los europeos evitan a los disidentes como la peste. Cuando visitó Cuba hace una semana, el canciller irlandés no se reunió con disidentes. El miércoles pasado, John Clancy, portavoz del comisario europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, Louis Michel –que también visitó la isla a fines del año pasado para reanudar la cooperación con Cuba–, reconoció que “estamos en el buen camino hacia una cierta normalización de nuestra relación”.

Según se desprende de lo que publicó ayer la prensa cubana, Lang parece haber alcanzado el propósito que se le encomendó. El diario Granma escribió: “El camarada Raúl recibió positivamente la iniciativa del presidente (francés) y confirmó nuestro interés por revitalizar las relaciones políticas, económicas y de cooperación bilateral en beneficio de nuestro país”. Jacques Lang le entregó a Raúl Castro una carta escrita por Nicolas Sarkozy. El ex socialista explicó en Cuba que su misión consistía en establecer relaciones “más claras, fuertes y calurosas” entre Francia y Cuba. Lang pregonó en La Habana una causa que ya es consenso en el 90 por ciento del planeta y hasta en el seno de la administración Obama, es decir, el levantamiento del embargo norteamericano a Cuba. Falta mucho camino, pero el cambio se esboza en el horizonte. La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó un consistente proyecto de ley presupuestario que integra el principio de limitar las restricciones impuestas por la administración Bush a los cubano-estadounidenses que tenían pensado viajar a Cuba. Detalle que seguramente explica en mucho la repentina fiebre viajera que se apoderó de los europeos; el senador republicano Richard Lugar admitió en un informe que la estrategia del embargo había fracasado y sugirió que Washington dé pasos hacia la distensión. Habrá que seguir de cerca estas transformaciones de casi política-ficción: los socialistas franceses trabajan con Sarkozy, los republicanos de Estados Unidos recomiendan el fin del embargo hacia Cuba y los demócratas confesos no se muestran más junto a los disidentes cubanos. Sólo falta que Raúl Castro se vuelva un operador en Wall Street y que Fidel firme un contrato con Walt Disney.

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