Sapag y la elección del gasto

El segundo año de gestión pasa por una decisión clave: dónde gastar (o invertir) el dinero del Estado. Esa decisión implica si se continuará alimentando un Estado supernumerario, o se aplicará decididamente a la reconversión productiva. Además, jugará la elección de qué obra pública hacer, y cuándo terminar la ya empezada.
A partir de la segunda quincena de este mes de enero de 2009, el gobierno de Jorge Sapag comenzará a concretar los ajustes políticos, financieros y económicos necesarios para encarar el segundo año de gestión, el año que según la experiencia histórica ha demostrado, es el más importante para cualquier administración estatal en Argentina.

Es así porque generalmente encierra un doble desafío: el primer test electoral; y a la vez la evidencia de un rumbo prácticamente inexorable, ya marcado por la diferencia que existe entre lo que se planteó como objetivo y lo que la realidad ha impuesto.

Sapag volverá de sus cortas vacaciones ya condicionado por un problema de esos que molestan, y mucho. El problema no es nuevo –la crisis hospitalaria- pero el detonante es insólito: dos ministros acordaron un aumento en el salario básico de los trabajadores de salud sólo explicable desde un intento –criticable en sí mismo- de ganar tiempo y disimular conflictos mientras Neuquén era observado por el mundo ya que pasaba por aquí el rally Dakar.

No es osado afirmar que el Estado neuquino –enorme, con un gasto salarial agobiante en un contexto de reducción de ingresos por coparticipación y regalías- es tan omnipresente en las administraciones políticas que llega un punto en que parece anular cualquier intento gubernamental de concretar la tantas veces (demasiadas veces) declamada reconversión productiva provincial, es decir, el paso de la dependencia de los hidrocarburos hacia una diversificación de producción económica más variada, y a la vez más sustentable.

Se está, en este 2009, una vez más girando sobre el mismo eje: los problemas en la educación, en la salud, y en la seguridad. Tres patas fundamentales de los servicios que debe prestar el Estado y que fundamentan su existencia.

¿Cómo se produjo el acta acuerdo que rubricaron los ministros Daniel Vincent y Walter Jonson con ATE? ¿Será posible que estos funcionarios hayan actuado por sí, sin consultar al gobernador aunque estuviera de vacaciones? Porque, de hecho, no fue feliz el acuerdo: no solo aumenta en más de 60 millones de pesos la masa salarial (3.200 millones este año), sino que en vez de mejorar la situación la empeoró, agravando la oposición del otro sindicato, UPCN, y generando renuncias importantes en el ya muy disminuido recurso humano del hospital más importante de la provincia, el Castro Rendón.

Nada se ha dicho ni se ha dejado trascender, salvo la especulación de que volverá Sapag y se concretarán los cambios anunciados en el Gabinete, en secretarías y subsecretarías. Y que en ese atropello renovador, que corre paralelo pero atento con la interna del MPN, se aprovechará para conjugar divisiones y peleas y concertar “para adentro” una armonía que en los últimos meses dejó paso al conflicto, e incluso al desconcierto, en algunas áreas de gobierno.

Desde este punto de vista, la tarea que le espera a Sapag es importante. Por un lado, asegurar un esquema de obras públicas que sea importante y haga notar el trabajo de un gobierno eficaz en función de los recursos extraordinarios conseguidos con la renegociación de los contratos petroleros (negociación, además, que debe continuar). Por otro, empezar a poner en valor las inversiones en obras comenzadas por el gobierno anterior y que todavía están pendientes, por razones diversas (por ejemplo, el hospital de Plottier, la cárcel de Senillosa, la autovía por las bardas, el acueducto del lago Mari Menuco).

Y en tercer lugar, el talón de Aquiles: mantener a los gremios estatales más o menos disciplinados. Un tema difícil, porque el presupuesto seguirá acotado (tal vez más que el año que pasó) y la demanda sindical no se detendrá.

El tema sindical, a su vez, incide directamente en las áreas más sensibles del Estado: la educación y la salud. Son dos áreas a las que el Estado neuquino no ha cesado de alimentar con inversiones que –comparadas con otras provincias- son muy importantes; pero en donde al mismo tiempo el problema elefantiásico estatal se ha multiplicado. Este gobierno, como el anterior, tiene el mismo problema: hay más empleados que los necesarios, y esta circunstancia implica no poder asegurar un nivel salarial competitivo con el sector privado. Conclusión: se quedan los mediocres, y los que sirven y son eficaces tienden a irse del Estado buscando mejores salarios y condiciones.

Comentá la nota