Santoro: "Fue una batalla desleal"

El técnico anunció que se iba, antes del partido. Su relación con varios jugadores estaba agotada.
Miguel Angel Santoro fue un arquero enorme en los tiempos en que Independiente construyó su condición de Rey de Copas. Pero no sólo eso: también resultó, luego, un notable formador de futbolistas jóvenes, de arqueros destacados y un perfecto bombero para los días bravos en los que Independiente era un infierno. Ayer, cerró su sexto ciclo en el club al que abrazó como a un pedazo de la vida. Lo hizo con dolor, convencido de que ya no había más para ofrecer. Antes del partido confirmó su decisión frente a sus jugadores. Les dijo, palabras más, palabras menos: "Sé que el técnico que venga se encontrará con buen plantel. Pero así como les digo eso, también sé que ustedes no me quieren. Y por eso me voy".

Ya después del éxito ante Newell's, entre emoción y bronca, desmintió esa frase. Pero ofreció otra en sentido similar: "Fue una batalla desleal". Pero no quiso entregar el nombre de ninguno de ellos...

Antes del partido, el presidente del club, Julio Comparada, ya sabía la decisión. No fue casual, en consecuencia, que se retirara de la cancha poco después de las 18.30, cuando todavía quedaba casi media hora para el comienzo. A esa altura, en el Ducó, la sensación era que Independiente estaba sin nada: sin técnico, sin presidente, sin el estadio terminado, vacío...

La relación de Santoro con el plantel se fue resquebrajando. Y fue determinante, más allá de los resultados y de la irregularidad en cuanto al juego, al momento de su decisión. Lo que sucedió luego del partido frente a Boca (2-0 en Parque de los Patricios) fue un indicio inequívoco de que tampoco su vínculo con los colaboradores era óptimo: se despojó de su ayudante de campo Gerardo Reinoso y del preparador físico Fabio Escribano.

Es curioso: Santoro decidió irse porque no encontraba respuestas de un plantel que, justo en la despedida del técnico, ganó, gustó y goleó. Es más: la posibilidad de pelear arriba no es inalcanzable. Ahora, el equipo quedó a cinco puntos del líder Lanús cuando aún le restan disputar 12 fechas.

"Y ya lo ve, y ya lo ve / es el equipo de Pepé", gritaron los hinchas, de manera unánime. Mientras, en el campo de juego Independiente ofrecía su mejor versión en el Clausura. También se coreó el apellido del entrenador antes, durante y después del triunfo. En el alambrado, además, había un mensaje colgado: "No sigamos cremando entrenadores". No hacía falta explicar nada: la gente de Independiente era el principal sostén de Santoro.

Miró, saludó, sonrió módicamente, escuchó el homenaje, procuró dosificar la emoción, se abrazó con Fabián Assman y se perdió entre las sombras del vestuario local de la cancha de Huracán. Esa fue su última escena como entrenador. Pasaron, desde aquel Metropolitano de 1980 en el que dirigió por primera vez, 67 partidos con él al frente: 24 victorias, 24 empates y 19 derrotas. Como detalle de su última actuación quedó una particularidad: los tres futbolistas que introdujo como variantes en el equipo titular (Hernán Fredes, Leonel Ríos y Leandro Gioda) convirtieron goles.

Ahora llegará el tiempo de la sucesión. La idea de la dirigencia, antes del partido, era que asumiera un técnico interino por un período suficiente como para que se pudiera decidir el nombre del nuevo técnico sin urgencias. ¿Cambiará la decisión el hecho de que el liderazgo no sea un horizonte tan lejano? El lunes, en el regreso a las prácticas, Fernando Cáceres (hasta ayer ayudante de campo) se hará cargo del plantel. Y lo dirigirá el miércoles en el amistoso frente a River, en Salta. Luego llegará el momento del interinato. Y hay tres candidatos que actualmente trabajan en el club: Manuel Magán, Francisco Sa y Enrique Borrelli.

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