Santo hay uno solo.

SAN MARTIN (T) 3 - SAN LORENZO 0: San Lorenzo deambuló por la cancha, una vez más, y a San Martín le alcanzó el primer tiempo para liquidarlo y volver a creer en la permanencia. Un Cholo por ahí urgente...
Idealmente, San Lorenzo no necesita un entrenador, sino un psicólogo. En una nueva presentación que de santa sólo tuvo los nombres propios de los contendientes, el Ciclón volvió a deambular por un campo de juego. Enfrente, San Martín le sacó el máximo rinde al presente de su rival, jugando el primer tiempo con el pie en el acelerador, sprint que le bastó para meterse en el bolsillo tres puntos que, por actitud, ya tenía ganados desde el vamos.

Así, en su debut como entrenador de San Lorenzo, el sábado ante Racing, Diego Simeone volverá a experimentar una situación similar a la que vivió en su bautismo de fuego como técnico, justamente en la Academia, en el 2006, después de dos partidos en los que los de Avellaneda se fueron derrotados con un técnico interino: Alberto Fanesi. En este caso, la alternativa impuesta por el Coordinador de Inferiores del Ciclón no sólo devino en rédito alguno, sino que terminó siendo la llave para que el Santo tucumano abriera la puerta hacia una victoria contundente, sin atenuantes. El Doctor paró una defensa con tres hombres, cuatro volantes y Solari delante de ellos. Y la posición del Indio, lejos de hacer barullo, terminó quebrando al equipo, aislando a los delanteros de sus compañeros y, lo peor, desequilibrando en defensa al equipo. Claro, mucho tuvo que ver el hecho de que San Martín saliera a comerse al rival, presionando desde el primer minuto como si fuera la final de la Copa del Mundo, sustentando su funcionamiento en dos puntos estratégicos de la cancha: Marcelo Quinteros parado como doble cinco y Gustavo Ibáñez jugando a dos puntas, indistintamente, bien abierto. Cuando el primero logró acomodarse, luego de lucir apurado en los primeros minutos, el Santo se adueñó del trámite. Bien arriba, Ibáñez desquició a la defensa de San Lorenzo: apareciendo por los costados, siempre se llevó consigo a alguno de los centrales, dejando el lógico hueco para la aparición de sus compañeros (pasó en el primer gol, cuando Aguirre se corrió para marcarlo y Pérez entró solo y lo mismo en el tanto de Quinteros). Demasiada concentración y practicidad para un San Lorenzo que se arrastra, golpeado, sacudido, sin respuestas. Entonces, Santo hay uno solo. Y sueña con la permanencia, tras esta revitalizadora bocanada de aire, en contraposición con una nueva caída de un Ciclón que ansía recuperarse, con el diván entre los dientes.

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