Se fue de Santiago y pasó de mozo a abogado en la Legislatura porteña

Logro. Tiene 25 años y vivió toda su infancia en Los Sunchos, a 10 kilómetros de Ojo de Agua, donde todavía residen sus abuelos. Sirvió café durante cuatro años en el recinto, pero en la actualidad lo ascendieron a la Dirección General de Asuntos Jurídicos.
Sus recuerdos más preciados de la infancia lo transportan al paraje Los Sunchos, a 10 kilómetros de Ojo de Agua, cuando jugaba en el rancho de su abuelo Eusebio, a la vera de la ruta 13 al sur de la provincia. Hoy, Javier Lescano, con 25 años de edad, logró cambiar su destino y pasó de servir café en la Legislatura porteña, a formar parte del equipo de abogados de la Dirección General de Asuntos Jurídicos en dicho recinto.

Pasó meses estudiando leyes en todas sus horas libres e incluso en los pasillos de la Legislatura gracias a la complicidad de sus compañeros. El esfuerzo no fue en vano, porque logró obtener el título de abogado y ascender a un cargo que lo convirtió ayer en noticia nacional.

"Así empezó mi lucha, en realidad mi camino", expresó en comunicación telefónica con EL LIBERAL el joven cuya historia fue reflejada en muchos medios de comunicación del país por su entrega y dedicación al estudio.

"Mis viejos y mis abuelos son de Ojo de Agua, del paraje Los Sunchos y de Pampa Grande. Yo he transitado parte de mi vida allá también", explicó Javier, quien además confesó su devoción a Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa.

"Toda la vida me vi reflejado en las cosas que hicieron mis viejos por nosotros. Sabemos cómo es la labor del campo y trabajar con 50 grados de calor. Siempre me fijé en ese esfuerzo que ellos hicieron para cubrir nuestras necesidades", indicó el ahora abogado de la Legislatura porteña.

Agregó: "Estoy orgulloso de mis orígenes, del lugar de donde provengo; amo mi provincia y espero volver antes de marzo, reencontrarme con mis familiares y devolverle algo a ese sitio que tantos valores me dio".

El joven estudió abogacía mientras se desempeñaba como mozo en el recinto porteño ayudado por sus compañeros de trabajo, quienes lo cubrían para que se recibiera pronto. Usó el mismo esfuerzo que heredó de su padre Armando, quien comenzó a trabajar desde adolescente en la desflorada o en la cosecha de papa al sur de la provincia.

"Se hacía difícil, pero no imposible. Tenía compañeros que me ayudaban siempre y, cuando había poco trabajo, me dejaban estudiar en un vestidor que nosotros tenemos acá en la cocina", dijo.

Además, comentó que comenzó a trabajar ni bien finalizó el secundario, fue encargado de una remisería, repartió volantes en las calles de Buenos Aires y todo con un objetivo: ser un ilustre abogado.

"En el 2005 se dio la posibilidad de entrar como mozo en la Legislatura y empecé a caminar estos pasillos hermosos, siempre con el estudio en mente. Puedo decir que descubrí y estoy disfrutando de la parte buena de la política, porque gracias al conjunto de autoridades de este lugar, estoy ahora ocupando este puesto", expresó.

Con un sueño cumplido, otros se renuevan para continuar en el camino del crecimiento. "Quiero ayudar a mi hermano de 17 años que quiere ser médico", contó y remarcó: "También quiero devolver todo lo que mis viejos me dieron, tratar de ejercer la docencia en su momento para dejar mi granito de arena en los chicos".

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