Santa Rosa-Toay: el 60% de las mujeres trabaja en negro

La fuerza de trabajo de la mujer es el 35% de la Población Económicamente Activa (PEA). En el conglomerado viven 67 mil, de las cuales 26 mil tienen empleo. El 60% no tiene obra social, jubilación, ni derechos.
Las últimas ediciones de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), con respecto a la evolución del trabajo en negro en La Pampa, dan cuenta de una mejoría en el blanqueo salarial por parte de los empleadores. Sin embargo continúa creciendo la precarización de la labor que llevan a cabo las mujeres en la capital pampeana según lo indica un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA).

Sobre 118 mil personas que viven en Santa Rosa y Toay la fuerza de trabajo de la mujer representa el 35% de la Población Económicamente Activa (PEA). En números puede decirse que, sobre un total de 66.927 mujeres, el 39,5% (26.070) son fuerza laboral y de ellas el 59,5% (15.511 mujeres) trabajan en el circuito en negro de la economía sin cobertura social, jubilación y derechos laborales.

Tres de cada cinco.

De esa forma nos hemos constituido como el segundo conglomerado urbano del país con mayor empleo informal para las mujeres. Los datos son elocuentes: 3 de cada 5 mujeres se encuentra en esa condición de sumisión laboral. Además, por igual trabajo, esa fuerza laboral recibe una remuneración que está un 30% por debajo de la de los varones.

Ser mujer, madre y haber asistido poco y nada a las aulas es una pesada carga. Esas tres condiciones definen el perfil de personas con mayor probabilidad de ser una de las miles y miles de trabajadoras pampeanas cuya realidad esconde un índice alarmante: tres de cada cinco que conforman la fuerza laboral no cuentan con la protección social que dispone la ley. Es decir: no tienen aportes para prever su jubilación, tampoco acceden a una obra social que cuide su salud, ni cuentan con la cobertura de un seguro ante la eventualidad de un accidente en el trabajo. Tampoco cobrarán una compensación económica si son despedidas y lo más probable es que sus ingresos no lleguen al salario básico, por tanto, no se les reconoce aguinaldo ni vacaciones y cobran menos que los varones.

Se trata de 15.511 mujeres de Santa Rosa y Toay, estimativamente unas 40 mil o más en toda la provincia. Las mujeres siempre han llevado las de perder en el mercado de trabajo. Pero aquí en La Pampa ese desigual panorama, que parece haberse vuelto natural, empeora cuando se trata del trabajo en negro. El flagelo convierte a la capital pampeana en la segunda ciudad con mayor empleo informal femenino, después de Catamarca. Es más alto entre las empleadas domésticas (80,5%), la industria y el agro (48%), pero también es elevado en el comercio (38%) y en el rubro de servicios (32,6%). ¿El resultado? Tres de cada cinco trabajadoras están en negro.

Violencia de género.

Sin cobertura social ni por accidentes de trabajo, sin aportes jubilatorios, sin vacaciones, sin pago de horas extras y sin salarios familiares, más de 15 mil mujeres (el 60% de las que tienen empleo) trabajan en extenuantes jornadas de 10 y 12 horas recibiendo a cambio salarios miserables en negro. En su amplia mayoría (por su propia condición), no recibieron ninguno de los aumentos que por decreto otorgó el gobierno nacional por ser trabajadoras no registradas.

En La Pampa, la tasa de trabajo en negro de las jóvenes de 15 a 19 años que quieren trabajar, ronda el 70 por ciento. La franja etaria que va de los 20 a los 34 años, alcanza el 64 por ciento. Pero si se incluye a las que tienen entre 35 y 49, el porcentaje baja al 33. Por último, entre las mujeres mayores de 50, la tasa de empleo informal escala hasta el 67 por ciento.

En promedio, el 59,5% no percibe un recibo de nómina salarial en forma mensual. Al no estar registradas no reciben indemnización si las despiden y no les descuentan para la jubilación. Y en sectores donde predomina la mano de obra femenina, los sueldos son bajísimos, las jornadas son de 12 horas y las chicas no tienen ningún tipo de derecho ni formas de defenderse, pues ni la Dirección de Relaciones Laborales de la provincia y menos aún el Ministerio de Trabajo de la Nación tienen inspectores suficientes.

La situación no es más sombría aún gracias al accionar de algunos gremios (básicamente empleados de comercio) que controlan a diario el trabajo en negro en las empresas. Si bien el empleo informal alcanza tanto a hombres como a mujeres, las más golpeadas son ellas. Hace una década atrás la tasa de empleo en negro de hombres y mujeres era similar, pero hoy, de acuerdo a la última EPH, encuentra una brecha que casi llega al 25%, en detrimento de las féminas.

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