Santa Rosa, una ciudad sucia

Bolsas de plásticos que vuelan por aquí y por allá, botellas tiradas por cualquier lado, papeles al viento, y una suciedad que se palpa en cada lugar han convertido a aquella Santa Rosa orgullo por su reconocida limpieza en una urbe que avergüenza.

Algunos vecinos que pretendieron en los últimos días pasear a sus visitantes -amigos o familiares- que llegaron para las fiestas no pudieron precisamente vanagloriarse de aquella condición. Santa Rosa luce lamentablemente sucia, y consecuentemente perturbada por un contexto que no le era conocido pocos años atrás.

El parque recreativo Don Tomás -al que Jorge como intendente le dedicó sus mayores esfuerzos- es sin dudas un lindo paseo, pero después del Dakar -y aún antes, los fines de semana- aparece sucio y casi indecoroso.

Pero no sólo eso, el centro mismo aparece deslucido, porque aquel panorama de suciedad parece multiplicarse los fines de semana, a nadie parece importarle nada y todos se creen con derecho a dejar su basura en las calles y veredas.

La plaza y los artesanos.

La mismísima plaza San Martín, después que se hizo la feria de los artesanos, presentaba un aspecto francamente lamentable. Y aquí no se entra a juzgar si tienen o no derecho a vender sus productos en el paseo -que es otro tema-, sino que se habla de que no todos tuvieron cuidado en dejar el lugar que ocuparon durante algunos días en las mejores condiciones: limpio, llevándose los cartones, los restos de comida o las bolsas, que quedaron tiradas por todos lados.

Durante la misma feria era triste ver en las primeras horas del día personas que dormían al costado de sus puestos, casi como si estuvieran en un camping, pero en donde no había ni baños ni lugar para asearse.

Increíble.

Pero hay más. Los terrenos baldíos llenos de maleza, los minibasurales que se multiplican en distintos puntos, las ramas que se cortan y se colocan a la vera de la acera y permanecen días y días hasta que alguien se aviene a retirarlas, dan un aspecto entre triste y lúgubre.

¿La culpa es sólo del municipio, cuyas cuadrillas no concurren en tiempo y forma a hacer sus trabajos? En algunas circunstancias, seguro. Al costado mismo del parque recreativo, sobre las vías, y en cercanías del inicio de la calle Quintana, los yuyales son verdaderamente espectaculares. Quien pase por la calle lateral que va hacia Alsina no podrá desde allí ni siquiera ver el Gigante Quieto II (esto es, el inconcluso megaestadio ubicado dentro del parque), tal su tamaño.

Falta de respeto.

En el centro de la ciudad la fuente vacía ubicada en la rotonda que está frente a Casa de Gobierno es fiel reflejo de un escenario de dejadez que tendría que preocuparnos. "La fuente está rota, está rajada", argumentan desde la municipalidad y el cemento grisáceo testimonia la falta de agua, y ni hablar de las luces que la iluminaban de una manera muy especial y le daban un colorido atractivo cuando los surtidores lanzaban al aire sus chorros.

¿La fuente está rajada, el geiser de la laguna no funciona? No hay alternativas: hay que arreglarlos. Así de simple.

La proliferación de minibasurales debería avergonzarnos a los santarroseños. En la calle Telén al fondo, hacia el sur, los escombros amontonados, las pilas de basura que alguien depositó en la zona hablan de una desaprensión que no puede admitirse. Lo mismo sucede en la calle Tita Merello, entre Utracán y Balbín. La basura amontonada al parecer "para siempre" son una mugre que se convierte en foco infeccioso a pocos metros de donde vive mucha gente, en el Plan 5.000. Pero es nada más que una muestra porque hacia el norte, en cercanías del hospital Lucio Molas, el panorama se repite. Vecinos desaprensivos han arrojado toneladas de basura.

Es cierto, la municipalidad tiene una gran responsabilidad, pero también los pobladores que no respetan a sus convecinos y, la verdad, a esta altura, hay que pensar que no se respetan ni ellos mismos.

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