Santa Fe, otra postal de las fisuras K en el armado kirchnerista

Le será muy difícil sino imposible a Néstor Kirchner solucionar el conflicto peronista en Santa Fe. Carlos Reutemann se mantiene alejado del Gobierno y es una amenaza en la competencia por el liderazgo partidario que se perfila para después de las elecciones. Y Agustín Rossi, jefe del bloque de diputados nacionales, refrescó en los últimos días su mensaje: sostiene que no bajará su candidatura y que está dispuesto a dar pelea por afuera de la estructura del PJ, dominada por el ex gobernador. Desde el poder K buscan negociar, pero con escasa esperanza. Así las cosas, el pronóstico santafesino es de una cosecha K lejana a las necesidades del ex presidente.
En algún momento se pensó en una salida que sumara a Rossi al gabinete nacional y despejara el camino para acordar con Reutemann listas y disidencia acotada. Pero el ex gobernador ve crecer su imagen en la diferenciación con el Gobierno a partir del conflicto con el campo: las encuestas hoy lo están colocando primero en intención de voto. Para completar, el diputado kirchnerista rechaza abandonar la pelea y dice que irá a la batalla como representante exclusivo del oficialismo. ¿Intentará Kirchner personalmente dar vuelta esta situación? No abundan los argumentos y, más decisivo aún, no se ve cómo podría transformar a Reutemann en aliado y cara oficialista ante el electorado santafesino.

"¿Quién va a contar los votos de Reutemann como votos nuestros? Nadie", se preguntan y responden cerca de Rossi. Desde el punto de vista formal, el sector que encabeza el diputado intentará que nadie compita en las elecciones con el sello partidario, sino con nombres alternativos. Pero eso, claro, no parece un elemento determinante, aunque expresa voluntad de jugar este partido.

Cerca de Rossi reconocen que el ex gobernador está primero cómodo en la mayoría de las encuestas: según sus cuentas, hoy triplicaría al segundo. Pero imaginan disputar el segundo lugar a las listas del socialismo, que gobierna la provincia y llevan al frente al senador Rubén Giustiniani.

¿De dónde salen esas cuentas? Apuestan a capitalizar al menos el menguado peso de la imagen presidencial que, dicen, oscilaría actualmente el 25 por ciento de valoración positiva, luego de perder mucho terreno por el desgaste del conflicto rural.

En esa línea, adelantan que su campaña será a puro kirchnerismo. "Habrá dos candidatos opositores y uno del Gobierno", resumen, colocando a Reutemann en la disputa exclusiva con el socialismo.

¿Y si salen terceros, cómo impactaría en los planes del ex presidente? "Los legisladores que podamos sumar no estarán en duda", afirman, dando por seguro, con realismo, que Reutemann no cedería nada en una negociación con Néstor Kirchner.

El senador aún no dijo públicamente si competirá para renovar su banca. Pero existen algunos datos objetivos y señales, pocas pero notorias, sobre sus planes, que contemplan las elecciones provinciales y la disputa posterior y a escala nacional en el peronismo.

Mantiene y está dispuesto a renovar en público su posición crítica respecto del Gobierno nacional en la disputa con las organizaciones rurales. Tiene claro, por olfato y también por lo que le dicen las encuestas, que su imagen volvió a crecer en medio de ese conflicto, cuya superación nadie imagina antes de las elecciones legislativas . Y avisó, además, que esta vez evalúa la candidatura presidencial.

La competencia provincial no se agota en la interna peronista. Allegados a Giustiniani admiten que Reutemann está primero en los sondeos electorales, pero dicen que la diferencia es de ocho puntos sobre el socialismo y que Rossi no asoma en la carrera. Con un agregado: afirman que cuando se identifica a los candidatos socialistas con Hermes Binner, suben las chances del Partido Socialista. ¿Jugará fuerte en la campaña? No es un tema menor para el proyecto futuro del gobernador, que también piensa en el 2011.

Los socialistas buscan defender además su lugar como vehículo del voto opositor que, señal de estos tiempos, también es motivo de pulseada en la dinámica de las fisuras que expone el peronismo.

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