"En Santa Fe no hacemos campañas sucias"

"En Santa Fe no hacemos campañas sucias"
• DICE QUE HAY LUGAR PARA LA ECONOMÍA DE MERCADO PERO QUE EL ESTADO DEBE ESTAR EN LO QUE ES NEGOCIO PARA LA GENTE
Desprendido de escrúpulos dialécticos, pero sin ese tono agresivo que es propio de algunos políticos en esta campaña, el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, replicó a Carlos Reutemann y de paso le mandó algunos mensajes sobre el rol de los dirigentes en la vida política. En diálogo con este diario y sobre los dichos del senador Reutemann respecto de que el socialismo santafesino lleva adelante una campaña sucia, Binner aclaró: «Nosotros no hacemos una campaña sucia como dice él, sólo queremos que la gente recuerde lo que ha pasado y lo que ha hecho cada uno».

El gobernador santafesino defendió el entendimiento entre la iniciativa privada y el Estado, justificó algunas acciones emprendidas en Santa Fe contra grandes empresas multinacionales y dio un explícito apoyo al candidato del Frente Progresista Cívico y Social Rubén Giustiniani, mandándole, de paso, un mensaje a Reutemann: «Yo en la vida siempre me he jugado y me juego siempre, porque creo que ésa es la forma de definir las cosas».

Periodista: La campaña adquiere ahora otro tono con este cruce de privatistas y estatistas. ¿Cuál es su posición al respecto?

Hermes Binner: Nosotros buscamos permanentemente el entendimiento de lo público con lo privado. La economía de mercado da pie a que se movilice toda la actividad privada en función de la producción y el trabajo, y eso hay que apoyarlo. Pero hay acciones en las que necesariamente tiene que participar el Estado. No hay ninguna posibilidad de que una empresa privada, y esto ha quedado demostrado, pueda pagar obras con lo que recupera del servicio en barrios humildes. Y para el Gobierno, en esta idea de equiparar las posibilidades de todos, proveer servicios de cloacas, agua, es una necesidad. El Estado aquí es insustituible. Por caso, le comento que este viernes inauguramos en la provincia de Santa Fe una planta de producción de «medicamentos huérfanos», a través de un convenio con la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Son medicamentos que tienen valor científico y terapéutico, pero no cuentan con desarrollo por parte de las empresas farmacéuticas. Por eso, cuando se vuelve a debatir este tema de si es público o es privado, si hay que privatizar o estatizar, el Estado tiene que estar presente en todas aquellas cuestiones que son negocios para la gente, que tal vez no sean negocio para la empresa privada. Nosotros tenemos que defender eso en función de la defensa de los derechos de todos los habitantes.

P.: Hubo una polémica con la decisión de la provincia de embargar cuentas de multinacionales con asiento en Santa Fe, como Petrobras y Cargill.

H.B.: Hay un contralor alrededor de todas las cuentas que deben pagar los que tienen un contrato de vinculación con el Estado provincial. Cuando la empresa se niega y hay que entrar con una orden judicial, se da cuenta en qué nivel estamos hablando. Nosotros estuvimos con el ministro de Agricultura Familiar del estado de Paraná, Brasil, y nos decía que era lógico que Petrobras pague, porque en Brasil paga. ¿Entonces por qué no pagan aquí?

P.: Usted fue muy crítico sobre algunos acuerdos que se firmaron con esas multinacionales, cuando avanzaron días atrás con procedimientos para evitar una evasión significativa.

H.B.: Los hechos son muy claros. Estamos de acuerdo con que las empresas facturen el doble del presupuesto de la provincia de Santa Fe. Lo que no nos parece bien es que además de facturar el doble y tener enormes ganancias, no paguen sus obligaciones. Alguien les dio esta posibilidad; no llegaron aquí de casualidad. Y cuando, además de todas estas ventajas, se les hace un acceso pavimentado a la autopista Rosario-Buenos Aires para crear un puerto con un costo de 10 millones de dólares, bueno, si eso no es neoliberalismo ¿qué es? Creo que lo importante es que nos hagamos cargo de las cosas que hacemos. Esto no lo podemos tapar con agresiones.

P.: En las últimas declaraciones, Reutemann ha dicho que no se sabe bien quién es el candidato del socialismo, que aparece mucho Binner. ¿Qué responde usted?

H.B.: Yo soy un hombre político y tengo que decir lo que pienso. Obviamente, gobierno para todos los santafesinos, pero no puedo dejar de expresar lo que pienso y ser lo más transparente posible. No puedo decir: «No sé, no me interesa, no quiero saber nada, nadie me avisó nada». Yo en la vida siempre me he jugado y me juego siempre porque creo que ésa es la forma de definir las cosas. Nosotros defendemos un proyecto de cambio. Santa Fe cambió y está cambiando. Yo les pregunto a los jubilados si estaban mejor antes o ahora; lo mismo a los maestros, a los trabajadores, cuando iban al Ministerio de Trabajo a buscar salidas y soluciones. Hay un trato diferente, un proyecto que está en marcha, con la participación de la gente en los planes estratégicos. En fin, un proyecto que tiene una gran diferencia con los proyectos que se desarrollaron durante 24 años. Uno de los elementos fundamentales de la Constitución de 1853, que se sancionó en Santa Fe y que pretendía defender a las provincias, que eran preexistentes a la Nación, era precisamente el Senado de la Nación. Nosotros creemos que a este proyecto de cambio debemos defenderlo en ese espacio y, en ese marco, llevar senadores que representen los intereses de Santa Fe no es un tema menor.

P.: Reutemann dice que él también los defiende a rajatabla.

H.B.: Bueno, pero yo quiero aclarar que nosotros no hacemos una campaña sucia como dice él, sólo queremos que la gente recuerde lo que ha pasado y lo que ha hecho cada uno. Es fundamental ver qué hizo Reutemann en estos seis años en el Senado y recordar que el senador nacional fue el que votó favorablemente todas las leyes neoliberales de privatización y la única perlita es que votó en contra de la 125. Pero hasta ese momento, siempre votó absolutamente todo lo que le dijo Menem en su turno, luego Kirchner, en fin, que no diga que ésta es una campaña sucia. Lo que el senador toma como agresión es su propia historia.

Yo no quiero seguir en esta polémica, porque me parece que entramos en calificativos que no son adecuados; me parece que hay que hacerse responsable de la historia de vida de cada uno.

P.: ¿Qué es lo que va a terminar definiendo esta elección nacional a nivel provincial?

H.B.: Definirá si continuamos la defensa del cambio que se está haciendo en Santa Fe. Lo que nosotros pedimos es que la gente sepa lo que vota. Si usted lo escucha: ¿qué propuesta nueva para la nueva Argentina y para la nueva Santa Fe tiene el senador Reutemann? Absolutamente ninguna. Qué es lo que ha pasado en su historia, bueno, lo conocemos. ¿Qué hace suponer que si es nuevamente senador o gobernador va a desempeñar funciones contrariamente a lo que ha hecho toda su vida? La gente tiene derecho a votar por quien quiera. Esto es un derecho de la democracia, pero que sepa qué está votando. Nosotros le decimos a la gente: «Mire, acá hay dos posibilidades, usted quiere votar el pasado, tiene a quién votar; quiere votar por el futuro, vote por Giustiniani».

P.: Si el oficialismo pierde bancas y la oposición gana esos espacios, ¿se imagina un escenario complicado en términos de gobernabilidad para el Gobierno?

H.B.: Nosotros hemos gobernado siempre con situaciones adversas en las cámaras, así que no creemos que ése sea el principal problema de la Argentina. El principal problema de la Argentina es que tenemos que tener un proyecto nacional, un proyecto que nos involucre a todos, donde haya derechos de los que producen y los que trabajan, donde haya reglas de juego claras, seguridad jurídica, un Estado que se preocupe por la educación de calidad, donde le demos importancia a la ciencia y a la tecnología para que haya investigaciones serias. Todo esto tiene que ver con un proyecto de Nación y no un proyecto de ver si tenemos un delegado más o un delegado menos. Necesitamos representantes que defiendan los intereses de la gente. Creo que esto es lo que tiene que trazar una línea después de 25 años de democracia alrededor de la elección de nuestros representantes.

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