“Santa Fe debe exigir un nuevo esquema de coparticipación”.

Entre 2002 y 2007 el gobierno nacional recaudó por tributos, retenciones e impuesto al cheque sobre actividades originadas en la provincia de Santa Fe $ 43.766.730.000. De esta suma, $ 18.773.000.000 volvieron como transferencias y coparticipación. En tanto, otros 18.566.093.127 corresponden a gastos de la Nación en la provincia por servicios que son de su exclusiva competencia.
“Tengo la firme convicción de que la provincia de Santa Fe aporta muchísimo más que lo que vuelve del Tesoro Nacional. Ocurre que ésa es la decisión para integrar el país. Pero esa decisión, sobre todo en los últimos años, agudizó este desequilibrio. Una de las cosas que no ha podido solucionar la democracia del ‘83 para acá es cómo repartir la plata”, dice el contador, experto en Derecho Tributario y ex director de la Administración Provincial de Impuestos (API), José Luis Milessi, con respecto a la distribución de los fondos coparticipables, que generaron una polémica en los últimos tiempos.

Sobre los números publicados en los informes brindados por este diario, basados en la información aportada por la Contaduría General de la Nación y decodificada por el Centro de Estudios y Servicios de la Bolsa de Comercio de Santa Fe, Milessi dijo que si algo les falta “es más y no menos”, y que los gastos que la presidenta dijo que el Estado nacional hace en Santa Fe “hay que ver si lo son. Hay muchos que sacar de la cuenta, como los correspondientes a la seguridad social. Es un error poner estos gastos en las cuentas de la coparticipación.

“La provincia habla de recursos propios y de los coparticipados. Y son todos propios porque los impuestos que se recaudan a nivel nacional son por delegación provincial. Esa plata que viene por coparticipación es nuestra y siempre lo fue”, explica Milessi. “Las cosas que le pasan a Santa Fe le suceden porque no hay una defensa ideológica de estas cuestiones. Y con el sesgo de los impuestos por derechos de exportación y al cheque, se agravó aún más la posición de las provincias productoras”, enfatizó.

“La presidenta dijo que en el 2001 nos mandaban 800 millones y ahora 4.000. Y lo que nos mandan es lo que nos corresponde por ley, no es que lo envíen de puro corazón. Si lo mandan es porque lo recaudaron y, si lo recaudaron, es porque los ciudadanos lo pagaron. Y lo pagaron mucho más los ciudadanos de Santa Fe con las retenciones, el impuesto al cheque y las ganancias. Para que tengamos una idea, Santa Fe es tres veces el PBI de Uruguay”, explicó.

“Todos aceptamos que las provincias ricas aportan para que las provincias pobres puedan vivir en la Argentina. Ése fue el esquema inicial. Ahora, hay cosas para discutir. Por ejemplo, con los aportes de la Pampa Húmeda se hizo YPF. Para ello se aportaron fondos del Tesoro, que se abastece desde siempre de los derechos de importación y exportación. Pero, cuando la vendieron, le dieron la plata no a la Pampa Húmeda, sino a los que eran territorios nacionales, como las provincias patagónicas. Pasar de territorio nacional a provincia fue un trámite demasiado fácil. Y eso es culpa de la provincia de Santa Fe, porque se pudo haber opuesto cuando se hicieron las nuevas provincias”, explicó.

Desacuerdos

Está claro, para Milessi, que “en ninguna parte del mundo vamos a poner de acuerdo a todos cuando se reparte el dinero. Lo que pasa es que en esta parte del mundo se ha sesgado mucho la idea de que las provincias aporten significativamente más de lo que reciben, en todos los órdenes. Aparte de que es difícil hacer un balance que refleje con exactitud lo que paga la provincia de Santa Fe en impuestos, lo que vuelve, los gastos que hace la Nación en la provincia, etcétera. Lo que no se puede discutir y es absolutamente cierto es que la provincia de Santa Fe pone mucho más dinero que el que recibe de vuelta. El sistema tributario, después de la convertibilidad, con las retenciones y el impuesto al cheque se ha sesgado mucho más.

“Los problemas de integración están en todos lados. Pero es muy difícil que las provincias que reciben más de lo que aportan quieran cambiar este estado de situación. Y también tiene que ver con la falta de valentía de las provincias que más aportan. Por razones mucho menores, en otros países del mundo hubo intentos secesionistas. Y, además, hay otra coparticipación que a Santa Fe no le importa y que a que mí me duele. Santa Fe recibe poco más del 8 por ciento de los fondos coparticipables. Entonces, nos corresponde el mismo porcentaje de los directores del Banco Central, del consejo de Administración de la Afip, de los directores del Banco Nación, etcétera. Ésa tiene que ver con la falta de lobby político de parte de quienes nos gobernaron en la provincia en los últimos años”, enfatizó.

La inequidad, como dijo antes Milessi, se agrava a partir de la recuperación democrática en 1983 porque las provincias logran altos grados de autonomía. “Hasta entonces, las provincias funcionaron en muchísimos órdenes como dependencias administrativas de la Nación. En los gobiernos militares y en los dos primeros del peronismo, los gobernadores eran casi delegados administrativos. Desde 1943 hasta 1983 casi no tuvieron vuelo propio. Este año reordenaron una vez la Ley de Coparticipación y no lo hicieron más. Después fue difícil ponerle condiciones. Fue más difícil sacarle, como le sacaron a Buenos Aires cuando Armendáriz fue gobernador. Se comprometieron a dictar una nueva ley cuando reformaron la Constitución en 1994. Hasta se pusieron un plazo. Y en mi opinión, cuando venció ese plazo, se terminó el compromiso constitucional de las provincias que aportan más. ¿Si hay algún camino alternativo? No lo sé. Hacernos unitarios. Decir que Rivadavia tenía razón y maldecir a Rosas.

“Armar un esquema de coparticipación razonable se puede y, desde el punto de vista de Santa Fe, se debe. La Nación recauda impuestos porque las provincias le cedieron esa facultad. Lo único que no podrían recaudar son los derechos aduaneros porque están en la Constitución”, explicó.

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