Sangre, sudor y lágrimas.

RIVER 3 - ARSENAL 1: River lo dio vuelta con carácter y también con fútbol. Con ocho jugadores y medio, le metió garra y lo ganó con los golazos de Gallardo y las pinceladas de Fabbiani.
Como si esos 35 mil hubieran alzado las manos para atrapar alguno de los aviones que pasaban lamiéndoles las cabezas. El ulular jamás se acallaría. El corazón no dejaría de bombear a full hasta un largo rato después, cuando el Muñeco se lanzara a llorar de emoción y Gerlo de dolor. Dos símbolos. Una pintura de la personalidad, la actitud, la piel rasurada en cada instante que construyeron la media hora final. Corazón y el fútbol. Una simbiosis a la que se habían desacostumbrado...

Porque River siempre fue, buscó contínuamente, le propuso golpe a golpe a un equipo que lo aceptó con dignidad, aún conocedor de las equivalencias no lo favorecían. El equipo de Pipo quería. Augusto empezaba a recuperar memoria. El Ogro, al menos, hacía de pivot. Radamel, colombiano cabeza dura, buscaba de arriba y hasta hacía estallar el travesaño. Como tantas otras veces, River entusiasmaba. Como tantas otras, estaqueaba inquietud: una zaga impresentable, penal en contra, resultado adverso. El descanso entre etapa y etapa fue un reconocido cuadro de angustias recientes, un camino signado por la fatalidad. Cómo será la herida de esos 35 mil que ni el tozudo cafetero, que al fin la clavó junto a un palo, les pudo sacudir la alarma.

Magia. El ambiente se colmó de chispas cuando se acercó a la raya y Pipo le pasó la mano por el hombro. Ahí nació el clamor. Empezaron a olvidarse deque Ortega estaba en un palco, del pasado, de que Gerlo metía una pifia inconcebible, de que venían de comerse 5 y 2... Fue uno de esos momentos mágicos que tuercen la historia. Casi no se movió el reloj y el Tanque corrió como un maratonista e hizo rebotar a un rival como un hipopótamo: líder de masas, conductor de contras, empezó lo que prolongó Falcao para el Muñeco. Dibujo exquisito para homenajear su regreso al Monumental. Su primer toque, la primera pelota. Definición única.

Nada sería igual. Media hora que le absorbió el alma a Arsenal, se la aniquiló. Ese estadio se convirtió en un circo pagano. Ardiente y pasional. El carnaval tan anhelado. No es sino un partido, nada más. Es un festejo que nacía de la piel de Gallina. Y se alimentaba de fútbol. Nada menos.

Nacía en ese equipo remendado ante la urgencia. Esos 35 mil podrán contarles a sus nietos que Danilo jugó desgarrado, de 9, que lo ovacionaron. Que, por fin, el arquero de River ataja las que van al arco... Que en el plantel sigue habiendo un par de zonzos sin remedio. Pero que Falcao fue una fiera, sí, como volante tapón. Que el Ogro (más gordo que quien esto firma y no es pavada), sirvió una asistencia de novela. Que tienen a Gallardo, Muñeco feliz, un 10, un enganche, un jugador de fútbol, un crack que aun en su postrimería se banca ofrendarles otra definición de cuento.Por un rato el Monumental fue una cajita de fantasía. Hacía tanto que sus dueños no gozaban tanto en su propia casa...

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