A sangre y fuego contra los talibanes

Los militares se pusieron un mes y medio para aniquilar al grupo Tehrik-e-Taliban Pakistán, antes de que la nieve cubra la región montañosa en la frontera con Afganistán. La operación Camino de Salvación es la respuesta a una decena de exitosos ataques.
Con 30.000 soldados en el frente, el gobierno de Pakistán lanzó la ofensiva terrestre y aérea Camino de Salvación contra las posiciones de unos 10.000 milicianos talibanes atrincherados en la región montañosa de Waziristán del Sur, en el noroeste del país. El mayor reducto de los extremistas islámicos fuera de Afganistán es desde ayer una zona bajo toque de queda, cerrada para las comunicaciones y para los periodistas. Unas 80.000 personas han escapado con lo que podían subir en automóviles y carretas, después de que el gobierno del primer ministro Yusuf Razá Guilani advirtiera a la población, mediante el método de arrojar panfletos desde el aire, que sencillamente debía marcharse de la zona. Los talibanes, conocedores del terreno, ocupan el distrito en forma de "T" que colinda con Afganistán y pelean con el tiempo a su favor. El ejército tiene menos de dos meses para eliminar o capturar a los líderes rebeldes, en particular al nuevo líder del grupo terrorista Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), Hakimuláh Mehsud, antes de que comience el invierno en diciembre.

La operación militar se desata tras casi dos semanas de una ola de atentados suicidas organizados por los talibanes, que provocaron casi 200 muertos entre civiles, policías y militares, en ciudades del norte del país. Se trata de la segunda ofensiva a gran escala del año contra los talibanes, después de una que en abril provocó la huida de casi un millón de personas desde el norteño Valle del Swat.

Camino de Salvación comenzó a ser planeada en junio y desde entonces la zona tribal de la frontera entre Pakistán y Afganistán ha sido bombardeada intermintentemente por aviones no tripulados de Estados Unidos.

Los ataque apuntaban a mandos talibanes, pero también causaron decenas de víctimas civilesy la opinión pública paquistaní reaccionó con duras críticas por la colaboración de su gobierno en la campaña estadounidense contra el extremismo islámico.

En agosto, uno de esos bombardeos teledirigidos dio muerte al anterior líder del TTP, Baitulá Mehsud. El gobierno paquistaní vio la oportunidad de negociar con la nueva dirigencia y retrasó por más de un mes el inicio de la ofensiva por tierra, pero la respuesta fueron los once grandes atentados en ciudades como Lahore (este), Peshawar (noroeste), Islamabad o la vecina Rawalpindi que se han cobrado la vida de al menos 185 personas.

La ofensiva comenzó en la madrugada de ayer y se desarrolla en seis distritos de la conflictiva zona fronteriza con Afganistán, afirmó el general Athar Abbas. En los primeros combates, dos soldados resultaron muertos y otros 12 heridos, indicó.

Según un comunicado militar, las fuerzas de seguridad también sufrieron ataques insurgentes en la vecina zona de Waziristán del Norte, que causaron la muerte de otros dos militares y heridas a ocho, mientras que en el valle de Swat las tropas arrestaron a nueve integristas.

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