Salvó a chicos del nazismo y ayer pudo volver a abrazarlos

Logró sacar en tren hacia Londres a 669 niños polacos. Ayer repitieron ese viaje.
El silbido de una vieja locomotora a vapor de los Ferrocarriles Checos produjo escalofríos de emoción al anunciar la partida el martes de un convoy que recordó a quien hace 70 años alejó de Praga a cientos de chicos judíos de un trágico final: morir en un campo de exterminio nazi.

Pero ayer la emoción superó lo inimaginable cuando Nicholas Winton, el británico que ideó aquella odisea salvadora, apretó contra su corazón de ya 100 años uno por uno a 22 de los 669 chicos que aún viven y que él ayudó a gambetear a la persecución nazi. El abrazo profundo a aquellos chicos vueltos ancianos en la estación de Londres repitió aquel ritual realizados siete décadas atrás: cuando él era un joven agente de Bolsa y su corazón sintió el latir de los pequeños que ayudaba a eludir el destino de morir en las cámaras de gas.

Winton era un británico que por cuestiones de trabajo en 1938 visitó Praga y presintió la tragedia que se aproximaba en Europa. La capital de Polonia estaba a punto de ser ocupada por las fuerzas de Adolf Hitler y Wintor ya sabía de los campos de exterminio que iba instalando la Alemania nazi por el Viejo Continente.

Nadie lo supo en ese momento, pero Winton no dudó en comenzar a organizar viajes desde Praga a la estación londinense de Liverpool Street. Horrorizado se ocupó de armar largos itinerarios en tren para salvar al menos a los más pequeños de las familias judías polacas. El británico logró programar la salida de ocho trenes, en los cuales transportó a Londres a 669 niños, a quienes dio en adopción a familias británicas.

Winton no contó a nadie de su empresa hasta que Greta, su esposa, descubrió por casualidad un cuaderno donde había anotado todo sobre los llamados "niños de Winton". La intención de este archivo era que los chicos no perdieran su identidad y supieran de sus raíces.

Durante el viaje, que terminó ayer, los sobrevivientes recordaban con detalle lo que vivieron en aquella huida y la dolorosa separación de sus familias. Paso a paso una cámara de cine los grabó contándoles la historia a sus nietos y a sus hijos, quienes los acompañaron en la recreación del viaje. Afirmaron que su objetivo era trasmitirles la importancia y el rol de la memoria en la vida propia y en la historia de la humanidad.

"Nuestros padres nos subieron al tren pero no nos dijeron la verdad, es decir, que no los veríamos más", recordaba Eva Fleischman mientras sus manos arrugadas mostraban la pequeña mochila y el cuaderno de dibujos con que viajó aquella vez desde Praga hacia Londres.

Nicholas Winton, a su vez, evocaba ante la prensa que lo acompañaba en la espera las dificultades de su empresa y con un nudo en la garganta les dijo a aquellos niños ya viejos: "Es maravilloso verlos después de 70 años, gracias por haber vuelto a mí".

Los sobrevivientes de aquella valiente historia habían viajado durante tres días acompañados por 220 personas entre hijos y nietos y la hija de Winton, quien quiso saber cómo había sido esa parte de la historia secreta de su padre.

El viaje fue hecho como si el tiempo se hubiera detenido en aquellas horas terribles. El tren de diez vagones y tirado por una locomotora a vapor -que obligaba a detenerse cada tanto para recargar agua- pasó por las ciudades alemanas de Nüremberg y Colonia y por la holandesa de Hoek. Tras cruzar el Canal de la Mancha y alcanzar el puerto de Harwick, llegó a la capital londinense. En su estación estaba -como hace años- un emocionado Winton, ya centenario, quien abrazó a "sus" ex niños uno por uno. Los sobrevivientes a su vez le agradecieron conmovidos y le presentaron a sus familias.

Pero ayer también Winton recordó cuando el 1° de septiembre de 1939 tuvo que hacer de tripas corazón ante la imposibilidad de que partiera el último tren de Praga para salvar a más niños de las garras del nazismo. El estallido de la Segunda Guerra Mundial impidió que aquel tren abandonara la ciudad. Pero el trabajo previo de Winton ya había permitido salvar cientos de vidas gracias a esas complicadas operaciones logísticas, que en estos días fueron recreadas con tanta fidelidad que el viejo corazón de Winton volvió a latir como si fuera joven cuando abrazó otra vez a aquellos niños ya ancianos.

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