El salvataje de las empresas no incluye a los recursos humanos

Por Julián A. de Diego

Asesor laboral de empresas y profesor titular de Derecho del Trabajo de la UCA.

Es llamativo que en el salvataje nadie reparó en el downzising de las empresas en crisis, y que todo el peso del la deuda generada para el rescate recae sobre las espaldas de los contribuyentes. Sin embargo, todos están en alerta con el modelo.Por Julian de Diego, asesor laboral de empresas.

El rescate de las grandes corporaciones por parte de los gobiernos de los países centrales no incluyen los recursos humanos entre las condiciones de otorgamiento. Tomando los doce países más importantes de la economía mundial, se están produciendo 120.000 despidos por día corrido. En los Estados Unidos las desvinculaciones llegaron al récord de más de 600.000 trabajadores mensuales, y totalizan más de doce millones de desempleados, tomando dependientes de la economía regular; se sabe también, que más del 20% de los trabajadores indocumentados que operan dentro de los Estados Unidos ha perdido su trabajo en los últimos seis meses, y suman otro tanto. La mayoría, que estimamos en más del 60% de los despedidos no cuenta con la indemnización por despido o con un plan de retiros, aún cuando el seguro de desempleo cubre los ingresos mínimos de subsistencia. Es un hecho indiscutible que cada despido en una importante contribución a profundizar la crisis, tanto por causas psicológicas como por sus efectos en el mercado. Una persona sin trabajo no consume, no invierte, y es un partícipe pasivo de la generación de la recesión general del mercado. Entre otros, en 2002 Daniel Kahneman recibió el Premio Nobel de Economía por haber integrado los avances de la investigación psicológica en el análisis económico, donde entre otros temas reafirma el valor de la ecuación entre confianza y desconfianza, en función de las necesidades y deseos de quién resulta afectado por las vicisitudes de las empresas dentro del mercado, en particular el rol de los despedidos y de los desempleados.

Las explicaciones son muchas y muy elaboradas:

n hay que salvar a las empresas que son la fuente de generación de riqueza y por ende, de empleos;

n sin rescatar a las empresas no se recobra la confianza en el mercado, y se podría pasar de recesión a depresión;

n para que los empleadores se salven hay que reordenar y reestructurar las compañías conforme a los nuevos requerimientos del mercado;

n inyectar recursos para pagar salarios en una empresa deficitaria, es prolongar la agonía de una muerte inevitable; e. los recursos se deben invertir para llenar el aire con que se habían insuflado las burbujas, con capital de riesgo que genere un rebote;

n los recursos humanos son renovables, intercambiables, sustituibles, admiten reposición y hasta la reconversión, y no es la empresa que debe adecuarse a ellos, sino los recursos humanos deben adaptarse a las necesidades de las empresas para satisfacer a los clientes con bienes o servicios.

Desde ayer, el Gobierno de los Estados Unidos está destinando fondos para fomentar el empleo, sin embargo, la inercia creada por la crisis global, ya previene de que a fin de año, más de veinte millones de americanos registrados estarán desempleados. En rigor se inyectan fondos para salvar a las empresas en el corto plazo y se proyectan graves problemas sociales de largo plazo.

Según mediciones confiables, la tecnología, la automación, la nanotecnología y la robótica de la tercera generación (inteligencia artificial) ha sustituido no menos de seis de cada diez puestos de trabajo, con mayor productividad. Parece que las máquinas y equipos no registran ausentismo, no piden un servicio médico, ni hacen reclamos sindicales. Sin embargo, las máquinas tampoco consumen ni están dispuestas a pagar los bienes y servicios producidos en las empresas. Desafortunadamente, la tecnología en la crisis agrava los problemas sociales, y sustituye empleos. En cualquier caso, los logros tecnológicos hacen a la esencia de la productividad y de los costos. En desmedro de ellos, el creciente descontento de los trabajadores y de los sindicatos han deteriorado gravemente la productividad de las empresas, y las desacomodaron en el concierto de la competencia y de la competitividad global. Los sindicatos han logrado beneficios importantes y aumentos salariales hasta colocar a las empresas al borde de su límite de supervivencia y a un paso del colapso o la quiebra. Curiosamente, los gremios no defienden a los desocupados ni a los jubilados, que fueron en algún momento sus afiliados.

Son tres las causas que desencadenaron la crisis, y de ellas una es estrictamente económico-financiera, basada en la sobre liquidez de las economías centrales acompañadas de especulación y rotación, y dos responden a comportamiento de las personas que conducen las organizaciones:

n Fallaron los controles estatales, los paraestatales y las regulaciones que tenían por fin garantizar transparencia, fijar límites de riesgo, y controlar o vigilar la operatoria de las organizaciones, frente a la posible existencia de mecanismos artificiales de valoración de activos o de acciones, o procesos fraudulentos encubiertos dentro de la maraña de las regulaciones vigentes supuestamente amparados en la legalidad; y

n Muchas cúpulas de las organizaciones ahora quebradas o desaparecidas, o rescatadas o bajo alguna forma de salvataje, concentraron privilegios y beneficios exorbitantes, al amparo de un complejo e intrincado mecanismo de relojería que gestó la burbuja que estalló; y

n Se centró el mundo de las inversiones en la especulación, cuyo futuro es aleatorio, al grado de convertirse casi en un juego de azar donde la incertidumbre es la esencia de lo que pueda deparar el destino; (George Soros, ‘El nuevo paradigma de los mercados financieros’, Ed. Taurus). Los grandes perjudicados de la crisis global son los ciudadanos como tales y como, sea el rol el de contribuyente, o en su caso, el de autónomo o dependiente en el mundo del trabajo. El presidente Barack Obama parece haber detectado que la caída de su popularidad entre los que lo votaron se debe al crecimiento despiadado del desempleo, e improvisadamente anunció planes de promoción de las inversiones con incentivos especiales en función de la creación de empleo. Es llamativo que en el salvataje nadie reparó en el downzising de las empresas en crisis, y que todo el peso del la deuda generada para el salvataje recae sobre las espaldas de los contribuyentes. Sin embargo, todos están en alerta con el modelo, donde el crecimiento del endeudamiento y del déficit fiscal es de magnitudes astronómicas, difíciles de sustentar en el tiempo y donde contrastan la credibilidad de los deudores frente a los desconcertados acreedores.

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