Saludable cambio de óptica del Gobierno

Por Eduardo Luis Curia. Economista

Con las medidas del 4 de diciembre, se da un paso adelante en el reconocimiento del tema de la demanda (interna), a la que se busca tonificar. Lo que, en perspectiva, encastraría con el plan de obras públicas.

Recientes anuncios muestran un saludable giro en la óptica oficial sobre la crisis, acercándola a la idea de ‘emergencia’ que citamos en esta columna el pasado 12 de noviembre. La situación previa lucía molesta, máxime con una economía que, aun antes de la radicalización de la crisis mundial, venía golpeada por algunos factores, incluso endógenos, y con una fuerte salida de capitales, de pregnancia recesiva. Ahora, se trata de recobrar el tiempo perdido. En rigor, para el país, el meollo de esa crisis juega como un shock externo negativo arraigado en el sector real (y comercial), perfilándose un problema de la demanda mundial que se acota. En estos casos, la respuesta específica básica, y perentoria, es un sinceramiento cambiario tal -más aun por la pérdida de paridad previa- que actúe como un resorte de absorción del shock. Lamentablemente, esta respuesta se trabó en virtud del gradualismo aplicado, carísimo en cuanto a reservas y que tampoco supuso un ahorro en salida de depósitos.

Ese sinceramiento es un requisito posicional ante el horizonte ceñido de la demanda externa en lo referido a los sectores de transables, industria y campo, vinculados a la exportación y a la sustitución de importaciones. Con serias implicancias en materia de multiplicador doméstico de actividad, de rentabilidad, de empleo, de recaudación fiscal global y de desempeño de las economías del interior. La alusión al riesgo inflacionario no debió trabar el asunto, sino que merituaba su tratamiento ad hoc, en el seno de compromisos sectoriales y computando contexto y prioridades nuevos.

En el ínterin, las medidas del 25 de noviembre -que tradujeron un primer apronte en el giro oficial-, en general y más allá de la discusión sobre cada caso (repatriación de capitales, moratoria), destilaron una visión ofertista, buscando aliviar costos (laboral, capital) por vía fiscal. Este enfoque puede aportar, pero es secundario ante la prevalencia que marca el bache negativo de demanda (externa e interna).

Con las medidas del 4 de diciembre, se da un paso adelante en el reconocimiento del tema de la demanda (interna), a la que se busca tonificar. Lo que, en perspectiva, encastraría con el plan de obras públicas, cuyos detalles aun no se conocen.

Atacar por el lado de la demanda es superior al ofertismo. Pero, a la postre, la viabilidad última de la demanda interna -tanto más si se expande- depende de su respaldo en divisas, también exigidas para pagar vencimientos en divisas. Como el aporte financiero al respecto es, como se sabe, limitado (lo que dé la repatriación de capitales y alguna negociación con organismos), volvemos a la cuestión clave de nuestro comercio exterior y del sinceramiento cambiario omitido (aparte de la conveniencia de que los apoyos a la demanda interna no abrumen en importaciones y de reducir algo más las retenciones). Las autoridades habrían recapacitado algo en este plano, y ensayan un híbrido: acelerar la depreciación, pero por medio de repetidos ajustes menores diarios. El problema es que esto, con un ‘valor de equilibrio’ aun no alcanzado, alienta una fuerte incertidumbre que sigue tensionando algo las divisas del BCRA y no logra mucho en cuanto a recomposición de depósitos. En definitiva, el horizonte global de la liquidez de la economía, también depende mucho del devenir del frente externo.

No se dio un esquema anticrisis desde el vamos, pero ahora se lo busca construir por piezas. Es un progreso, aunque se requerirá un constante esfuerzo de calibramiento de los instrumentos. En sustancia, el núcleo duro de la respuesta reside en empalmar lo mejor posible la demanda interna con la externa, y captar al respecto el rol crucial del tipo de cambio que el sector no registre una desarticulación, algo que alentaría la fuga de capitales, perjudicando los intentos activantes.

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