Salud es música en los oídos de la 31

El barrio sólo cuenta con dos salitas para 26 mil personas. Médicos de la ONG El Campito, que ya trabajaba en la 31, vincularon a la Fundación Música Esperanza con la UBA. La sala contará con médicos, psicólogos, asistentes sociales y un sociólogo.
Comenzó en la Villa 31 la organización de un nuevo centro de salud, por convenio entre la Fundación Música Esperanza –creada por Miguel Angel Estrella– y la Universidad de Buenos Aires, a través del Hospital de Clínicas. Vendrá a cubrir una necesidad urgente, ya que el barrio cuenta sólo con dos salitas de atención primaria para 26.000 habitantes, y a la vez ofrecerá a los estudiantes de la UBA –no sólo de la Facultad de Medicina– la experiencia de formarse en el trabajo comunitario. Los profesionales que conducirán la experiencia ya venían actuando en la villa, y su perspectiva se centra "en la participación de los vecinos". En la presentación del centro –ya cuenta con un amplio local, que deberá ser acondicionado–, varios vecinos señalaron, entre los principales problemas, la complicada relación con el SAME –que suele negarse a enviar ambulancias al barrio–, la falta de trabajo en adicciones y la carencia de atención sanitaria para quienes no tienen "el privilegio" de vivir cerca de las salitas. El nuevo proyecto subrayará la formación de agentes sanitarios entre los vecinos, deuda pendiente en la salud pública porteña.

El amplio galpón en el que funcionará el centro de salud fue cedido a la Fundación Música Esperanza por el Adifse (Administración de Infraestructura Ferroviaria Sociedad del Estado). Esther Córdoba, presidenta de la Fundación, destacó que "trabajar en la Villa 31 siempre ha sido un proyecto entrañable de Miguel Angel Estrella (pianista de fama internacional, ex preso político, difusor de la alta cultura musical en las poblaciones). De entrada, nos conformábamos con que hubiera una salita materno infantil. Afortunadamente, me conecté con el médico Martín Dotras, que venía trabajando en la ONG El Campito, en la Villa 31. Yo conocía la actuación de esa ONG a partir de una nota en Página/12 (el 21 de diciembre de 2008)."

El equipo de profesionales que integraba Dotras procedía del Clínicas, a partir de lo cual se generó la idea central del proyecto: la vinculación con la universidad. La Asociación de Residentes del Clínicas impulsó un proyecto que culminó con la firma de un convenio entre el rectorado de la Universidad y la Fundación por el cual "los residentes y el personal del Hospital prestarán servicios en el centro" y "se prevé la incorporación de voluntarios".

Martín Dotras explicó que "la Villa 31 tiene sólo dos Cesac (Centros de Salud y Acción Comunitaria del Gobierno de la Ciudad) para una población que supera las 26.000 personas, y la disponibilidad de turnos es muy reducida. Además, no hay espacios de participación para los vecinos, no se escuchan sus demandas". Marcos Petracchi –otro de los médicos del nuevo centro de salud– señaló "la falta de promotores de salud entre la gente del barrio. La buena experiencia en medicina comunitaria recurre a estas personas, que entre sus propios vecinos detectan retrasos de desarrollo en los chicos, están atentos a que las embarazadas se controlen o monitorean que las personas con tuberculosis cumplan los tratamientos; y ciertamente hay tuberculosis en la Villa 31".

"Otra gran carencia es la odontología –agregó Dotras–. No hay conciencia de cuidado odontológico, y el resultado es que hay gente joven con muy pocos dientes."

Un concepto rector del proyecto es que el sistema de salud debe ser capaz de ganarse la confianza de los vecinos: "Si uno aparece una vez y desaparece y vuelve a aparecer, la gente deja de ir –advirtió Dotras–. Y es importante tener el respaldo de un hospital importante como el Clínicas. Recuerdo, en El Campito, un paciente que tenía un problema muy raro en el riñón: gestionamos una consulta con el jefe de nefrología del Clínicas, uno de los especialistas más importantes del país. Esas cosas nos hicieron ganar credibilidad".

La psiquiatra Andrea Tau, que aportará su experiencia de El Campito, destacó la frecuencia de "cuadros depresivos, violencia de género y adicciones, especialmente al paco", lo cual se enmarca en que "en los hospitales municipales, las admisiones para psiquiatría y psicología son muy espaciadas". El centro de salud incluirá psicólogos, asistentes sociales y cuenta ya con un sociólogo, Tomás Aguirre, que destacó "la importancia de tomar contacto con las organizaciones barriales. La estrategia de ‘educación popular’, que dio resultado en las favelas brasileñas, se basa en reconocer y dar crédito a las experiencias de los vecinos".

Así, "cuando las organizaciones del barrio carecen de contacto con el sistema de salud, sucede que los vecinos no se enteran de que hay un plan materno infantil que les permite acceder a dos litros de leche hasta que el chico cumple seis años. También las escuelas, los comedores, las guarderías, pueden ser buenos lugares para trasmitir información y detectar problemas en los chicos", agregó Aguirre.

Por la otra punta de la organización, la que concierne a la UBA, "la pertenencia a la universidad debiera permitirnos, desde una concepción amplia de la salud, no limitar nuestra tarea a la atención médica –señaló Dotras–: por ejemplo, desde la Facultad de Ciencias Económicas se podría trabajar en la villa con microemprendimientos comunitarios. La idea es que el estudiantado salga de las cuatro paredes de las facultades y se involucre, y que la universidad no sea sólo un espacio de formación de técnicos para el mercado. A nosotros, el trabajo en la villa nos permitió descubrir la verdadera medicina".

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