Al PJ le salió un contrapeso

Por Carlos Pagni

La lectura de las listas que competirán el próximo 28 de junio plantea una gran paradoja. Hay pecados para todos los gustos: cinismo, nepotismo, clientelismo, egocentrismo. Sin embargo, debajo de esa superficie escandalosa aparecen los atisbos de un ordenamiento más racional, que acaso reemplace al que sucumbió en la crisis de 2001.

Por primera vez desde esa fecha se insinúa, con suficiente extensión territorial, una fuerza competitiva que podría servir de contrapunto al peronismo. Si el acuerdo que la UCR, la Coalición Cívica y el socialismo alcanzaron en 16 distritos se estabilizara, el PJ volvería a sentirse desafiado en las presidenciales de 2011. La vida interna del oficialismo también se reanima en torno al clásico conflicto entre Buenos Aires y el interior. Es ese duelo el que opera detrás de las candidaturas poskirchneristas de Carlos Reutemann y Mauricio Macri. Entre aquellas rémoras y estos destellos vacila hoy el destino de la democracia en la Argentina.

Nadie tenía demasiadas expectativas de que el Gobierno, más allá de las declamaciones de Cristina Kirchner, mejoraría la calidad institucional. Sí se podía aspirar a que, por lo menos, no la empeorara. Pero el método adoptado este año obliga a añorar la denostada lista sábana, en la que se elegía a desconocidos que terminaban quedándose con las bancas. Ahora, se vota a famosos que no asumen.

En consecuencia, para saber quién irá al Congreso o a la Legislatura, hay que repasar el nombre de los suplentes. Salvo que se cumpla la promesa del diputado Jorge Landau, apoderado del PJ, quien la noche del sábado aseguró en el canal TN que los candidatos asumirán los cargos para los que se los vota. ¿Quiere decir que Daniel Scioli y Alberto Balestrini serán reemplazados en el gobierno de la provincia de Buenos Aires? En tal caso, el vicepresidente primero del Senado bonaerense, Federico Scarabino, deberá convocar a una asamblea legislativa que elija un nuevo gobernador. Seguro que Landau estaba distraído.

Tampoco se sabe qué harán con sus nuevas responsabilidades otros integrantes de la lista. Sergio Massa, por ejemplo, acumulará a partir de junio tres posiciones: intendente de Tigre, jefe de Gabinete y diputado nacional.

Por suerte, el armado electoral de Kirchner exhibe curiosidades más edificantes. Una es la burla a la abnegada maquinaria del conurbano, que debe empeñarse en que extraños como Diana Conti, Carlos Kunkel o Carlos Moreno renueven sus bancas. También quedó desairado Hugo Moyano. Por haber reclamado cargos con movilizaciones callejeras, el esposo de la Presidenta sólo le concedió un lugar para Héctor Recalde. Al camionero no le queda más consuelo que compararse con el piquetero Luis D´Elía, quien ni siquiera pudo colocar a su abogado.

Mala praxis

Gracias a la mala praxis de Kirchner, el hecho de que Felipe Solá le haya regalado a la platense María Helena Chávez una candidatura a senadora por la sexta sección electoral pasa como la efusión de un marido enamorado. Pero para el examen de instrucción cívica Solá está en desventaja: tal vez haya aberraciones mucho peores en las listas de Unión-Pro o en las del Acuerdo Cívico y Social, sólo que por ahora es imposible detectarlas porque gran parte de sus integrantes acaban de dejar el anonimato.

Es evidente que la política argentina sigue estando lejos de encarnar una gran empresa ética. Sin embargo, las listas que se presentaron anteanoche aportan algunas novedades estimulantes. La primera es que, después de ocho años de dispersión, el mosaico no peronista consiguió sintetizar posiciones en 16 provincias. Fue posible porque la UCR recuperó una mínima autoestima con la popularidad de Julio Cobos y la apoteosis de Raúl Alfonsín. Sólo así los radicales dejaron de temer que una negociación con Elisa Carrió y los socialistas implicara su disolución como grupo. El internismo de unos y el egocentrismo de otros impiden pronosticar si el experimento será exitoso en el mediano plazo. Pero los dirigentes que diseñaron la oferta no peronista pagarán un costo muy alto si no consiguen llegar a 2011 con una fórmula presidencial común.

Esta innovación interpela al PJ. El desequilibrio que siguió al derrumbe de 2001 permitió a ese movimiento ofrecerse a sí mismo como gobierno y oposición desdoblando su oferta electoral. Sin un radicalismo colapsado, el PJ no habría podido fragmentarse como lo hizo a partir del congreso de Lanús, organizado por Eduardo Duhalde en enero de 2003. Pero si la UCR, la Coalición Cívica y los socialistas consiguen alguna afirmación territorial después de junio, los peronistas deberán encontrar algún modo de acuerdo interno. El sistema iría recuperando el aspecto de un pasable bipartidismo.

Las candidaturas del sábado prefiguran también la dinámica que dominará al PJ hasta 2011. Carlos Reutemann se postuló en conflicto con los Kirchner. Buena parte del PJ del interior espera su triunfo en Santa Fe para alinearse detrás de su candidatura presidencial. Las figuras más visibles de esa escuadra son el entrerriano Jorge Busti y Juan Schiaretti. También los norteños Eduardo Fellner y Juan Carlos Romero miran con interés el desarrollo de Reutemann.

Estos caudillos provinciales se preparan para neutralizar la reposición del poder duhaldista en sus respectivos partidos. Suponen que es lo que ocurriría si Francisco de Narváez hiciera una buena elección en Buenos Aires. De Narváez es la expresión electoral de un acuerdo tan inocultable entre el duhaldismo y Mauricio Macri que les permite a radicales como Ricardo Gil Lavedra mortificar a Gabriela Michetti mencionándola como "la candidata del PJ-2". Después de junio, la evolución del macrismo podría servirle a Duhalde para avanzar hacia la jefatura del PJ. Esa aspiración ya encontró un límite: Busti, convertido en coordinador federal de Reutemann, aclaró: "Con 40 años de militancia, yo también aspiro a la conducir el peronismo". El entrerriano fue quien aconsejó a Reutemann romper cualquier tratativa con el Pro santafecino.

La contradicción entre Reutemann y Macri depende también del volumen de votos que obtenga el Gobierno. En Córdoba, Santa Fe y la Capital Federal la suerte, para Kirchner, está echada. Todo indica que será pésima. La única incógnita relevante es si saldrá primero en Buenos Aires y si ese resultado le permitirá insistir en un candidato propio -Daniel Scioli, por ejemplo- para 2011. Es la mayor incertidumbre que pesa sobre la posible reconstrucción del orden partidario en la política argentina.

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