Salida de capitales, apurón fiscal y otras urgencias en el horizonte

Por: Alcadio Oña

El resultado está puesto y ahora se corren apuestas sobre las decisiones que pueden venir en las próximas semanas. Allí ya empezarán a asomar indicios, para un lado o para el otro.

Así no sea definitivo, porque iba a tener el sello de la derrota, uno lo dio ayer la Presidenta: no habrá cambios en el gabinete. Pero existe un interrogante mayor, al interior del poder: ¿aceptará Néstor Kirchner correrse del mismísimo centro de la escena? Y aún así, esto podría no significar mucho si se mantiene el modelo de gestión y de hacer política imperante.

Cuenta gente cercana a algunos de los ministros que Cristina Kirchner es muy de consultar e intercambiar ideas. "El problema es que a veces eso se transforma en un opinadero, sin que al final queden decisiones en firme", dice el comentario.

Nadie puede pensar que la Presidenta, ella misma, no determinará qué funcionarios la van a acompañar si en algún momento opta por hacer cambios. Ni pretender que los haga sin consultar a su esposo: finalmente, forman un tándem político desde hace tiempo. Hasta ahí, todo dentro de las generales de la ley.

Lo que sigue es si el núcleo cerrado admite que una derrota así de rotunda ha significado, también, la derrota del modelo de acción. Puesto en palabras de alguien que propiamente ocupó un puesto relevante en los años recientes: "En la Casa Rosada se analizan medidas que parecen definitivas. Pero luego, en Olivos, se desanda todo".

El conflicto con el campo fue mucho más que una batalla sobre la resolución 125 y las retenciones móviles o una victoria de la Mesa de Enlace. Si existió un antes y un después lo marcó el modo como Kirchner manejó el caso, el griterío, la crispación, la sensación de imprevisibilidad y los costos políticos que sembró. En realidad, muchos de quienes se le plantaron ni por asomo pretendían la eliminación lisa y llana de las retenciones a la soja.

El Gobierno tiene dos años por delante y según lo que haga, la posibilidad de aprovechar un rebote de la economía, aunque no sea posible volver a las tan famosas como transitorias tasas chinas. Ya no estará en juego el porvenir del kirchnerismo, sino la suerte del peronismo en 2011: bien puede haber, aquí, un factor que contornee los próximos pasos de Olivos.

Las decisiones económicas son antes que nada decisiones políticas. Si se acepta que la incertidumbre es bastante más que imaginación tendenciosa, resultará clave acertar con decisiones que den vuelta las actuales expectativas adversas.

No hay sólo especulación en una salida de capitales que se consumió alrededor de 30.000 millones de dólares en un año y pico. Y si la hay, algo la alimentó todo este tiempo.

Más que difícil, suena a imposible hacer política económica, fiscal y monetaria, con un corrimiento pertinaz desde el peso al dólar. Y se han probado insuficientes todos los controles que se impusieron para cerrar la canilla.

No por nada también se han paralizado inversiones privadas, y habría que ver si algunas de las que se anunciaron en las últimas semanas no fueron simple cortesía electoral. Otra vez cuentan las expectativas, pues en cada inversión se vislumbra una oportunidad de ganar dinero pero contiene, a la vez, el riesgo de perderlo.

Todo el mundo coincide en que será necesario encontrarle un cauce productivo a la relación con el campo, así más no sea para aprovechar la demanda de alimentos, un viento de cola que soplará por mucho tiempo. También, que urge recomponer un cuadro fiscal ya en rojo financiero y abrir fuentes de crédito externas: la ANSeS ha dado bastante, pero empieza a agotarse, y es peligroso exprimir las reservas. En el mismo listón entra el INDEC.

Llegado el momento, Amado Boudou puede saltar de la ANSeS a Economía. O el jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray, ser encumbrado a un puesto en el gabinete nacional.

Boudou asomaba como una estrella en ascenso dentro del firmamento K. Y Echegaray es un pingüino de la primera hora, a quien se le confían trabajos tan sensibles que sólo cuadran con alguien que despierta fe absoluta.

En ambos casos o en cualquier otro estará la mano de Cristina y Néstor Kirchner. La cuestión es el canal por el que circularán las relaciones dentro del Gobierno. Para decirlo sin vueltas, el grado de ingerencia que el ex presidente tendrá en el Gobierno o el margen de acción ajeno que tolerará. Cuesta creer que el "verdadero ministro de Economía" dejará de serlo en el futuro.

Tampoco parece probable que Guillermo Moreno vaya a ser borrado de un plumazo. En cambio, sería una señal que al autoproclamado ministro en las sombras se lo corriese a tareas menos gravitantes. Es obvio que circula con patente: tomó el control del INDEC y se mete en cualquier rincón de la economía porque alguien con mucho más poder le otorga semejante plafón.

Este año la economía caerá 2 % o más de 2 %, según quien sea el estimador. Pero puede empezar a recuperarse en 2010 y 2011. No es poco para las chances del peronismo, claro que en el entretanto el Gobierno deberá acertar con las decisiones y recrear certidumbre. Y esto ya sería bastante, no sólo para el PJ.

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