Salgado fue suspendido e intentó resistir a las piñas

El Concejo santarrosino votó la suspensión del intendente, quien no reconoció la medida y habló de "golpe de Estado". Hubo peleas, gritos y forcejeos.
El Concejo Deliberante de Santa Rosa aprobó ayer, por unanimidad, la suspensión durante quince días del intendente justicialista Sergio Salgado (32) y abrió así el camino a su destitución. El mandatario está acusado de "desorden de conducta y actos de indignidad contra el cuerpo" (ver aparte), y deberá presentar su defensa ante el Concejo el próximo viernes.

La resolución fue votada al mediodía en una sesión especial del Concejo, pero Salgado -que había sido citado al recinto para escuchar los cargos- desoyó a los ediles, señaló irregularidades en el proceso y antes de que se llegara a la votación, se levantó de la silla y abandonó el recinto.

Minutos más tarde, parado en la puerta de la comuna y ante unos 300 simpatizantes que desde la mañana vivaban su nombre, dijo que él seguía siendo el intendente y denunció que a esa hora en Santa Rosa se estaba produciendo un "verdadero golpe de Estado". Después, Salgado ordenó cerrar la comuna y se fue a su casa. Pegado en un vidrio dejó un decreto ordenando, para hoy, asueto administrativo en la comuna y en las delegaciones por "desinfección masiva".

Mientras tanto, en el interior del Concejo, el radical Walter Fredes, vicepresidente del cuerpo a cargo de la presidencia, tomaba juramento al justicialista José López como nuevo intendente de Santa Rosa, cargo que ocupará mientras dure la suspensión y en el que permanecerá si Salgado finalmente resulta destituido por el Concejo.

El momento de mayor tensión se produjo pasada las dos de la tarde, cuando un cerrajero que había sido contratado por el Concejo intentaba abrir la puerta de la comuna, para permitir que López y una escribana pudiesen entrar al edificio. Reunidos en la plaza, frente a la Municipalidad, los seguidores de Salgado observaban a la distancia, hasta que el suspendido intendente arribó otra vez a la comuna.

Visiblemente nervioso y desencajado, Salgado arremetió contra la Policía: "Esto es un delito, un allanamiento de morada ¿Ustedes para qué están?", soltó a los uniformados. Entre gritos, forcejeos y puñetazos de sus seguidores (algunos de los cuales terminaron golpeando a los periodistas), tildó al edil a cargo provisoriamente de la intendencia y a los concejales, de "delincuentes". La caótica situación duró varios minutos, hasta que finalmente Salgado fue arrastrado por sus partidarios hasta una camioneta que se lo llevó del lugar.

La mañana en Santa Rosa había arrancado tensa, con la calle Julio Roca vallada a la altura del Concejo. La noche anterior, la Policía había montado guardia en los domicilios de los concejales (algunos de ellos amenazados telefónicamente) y con la salida del sol, unos 300 partidarios de Salgado comenzaron a acampar en la plaza departamental, frente a la municipalidad. "A Sergio no lo van a echar porque lo eligió el pueblo.

Queremos que el gobernador nos escuche, porque no puede ser que acá quieran gobernar diez personas por la fuerza", decía Angélica Torres (70), en referencia al Concejo, mientras sostenía un cartel en el que se leía: "Si Salgado se va, los concejales también". Además, Salgado recibió el apoyo de algunos docentes, como el de Ana María Saile, directora de la escuela 1-301. "El intendente nos ha dado el apoyo que la educación en Santa Rosa no tuvo en los últimos dieciséis años".

Para entender la situación de ayer, hay que tener en cuenta que la relación entre Salgado y el Concejo se deterioró hace meses. Casi desde que asumió, los ediles han tildado a Salgado de dirigir un gobierno "unipersonal, en el que no hay espacio ni siquiera para la opinión del bloque oficialista".

Uno de los momentos de mayor rispidez se produjo en julio cuando, aduciendo problemas financieros, el intendente quiso bajar en un 10% su sueldo y el del Concejo, en un acto que los ediles señalaron como "demagógico"; el segundo de los grandes choques (que desembocó además en la actual suspensión de Salgado) sucedió a comienzos de octubre, cuando el mandatario culpó a los ediles de dejarlo sin plata para mantener 320 contratos.

Ayer, mientras los ediles preparaban la sesión que finalmente suspendería a Salgado, Francisco Bustos, presidente del PJ local, dijo que "los tres ediles oficialitas tienen el apoyo del partido departamental para avanzar en la investigación. La Constitución y las leyes nos apoyan y ellos están cumpliendo con su deber".

Una vez que López hubo jurado como intendente, el hombre quiso hacerse cargo de la comuna y hacia allí se dirigió acompañado por algunos colaboradores y rodeado por media docena de policías, pero la marcha se detuvo a 20 metros de la Municipalidad ya que una gruesa columna de seguidores de Salgado impedían el paso y amenazaba con un enfrentamiento.

La Policía sugirió entonces postergar el intento de ingreso a la comuna hasta que los ánimos se calmaran. Fue así que recién a las dos y media de la tarde, cuando muchos ya se habían retirado a sus casas, López y una escribana pudieron llegar a la Municipalidad. Como la puerta estaba cerrada tuvo que venir un cerrajero que, luego de enchufar una moladora en un quiosco, comenzó a trabajar sobre la puerta. Minutos más tarde, mientras López entraba a la comuna, fue que volvió Salgado y se produjo el caos y los golpes.

El resto de la tarde siguió en una tensa calma. José López dijo que el asueto de Salgado para hoy se cumpliría, pero agregó que buscaría "garantizar los servicios de limpieza, salud y educación que dependen de la comuna. Los empleados deben estar tranquilos porque no habrá despidos".

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