Sale el Tratado de Lisboa

El presidente checo, Vaclav Klaus, sucumbió a las presiones de la UE y aceptó firmar el Tratado de Lisboa, removiendo el último obstáculo para su ratificación. Ahora el bloque regional tendrá presidente y canciller.
Los líderes de la Unión Europea aceptaron ayer en su cumbre en Lisboa las exigencia del presidente checo, Vaclav Klaus, para firmar el Tratado de Lisboa, removiendo el último obstáculo para la entrada en vigor de un texto que les proporcionará un presidente estable. Luego de 10 tortuosos años de negociaciones, a Bruselas le llegó al fin la hora de descorchar el champagne.

Klaus había prometido oponerse al Tratado que todo el resto de los países miembro había aceptado. Sin embargo, luego del referéndum irlandés, una presión masiva recayó sobre el presidente checo, que finalmente cedió.

El Tratado de Lisboa cambiará la estructura interna de la Unión Europea (UE), principalmente mediante la creación del puesto de presidente y un ministro de Relaciones Exteriores. Ambos cargos apuntan a unificar posiciones entre los países miembros.

Para Klaus, un euroescéptico convencido de larga data, el Tratado de Lisboa limitará las libertades individuales de la ciudadanía y restará soberanía nacional a los países miembro, perjudicando particularmente a las naciones más pequeñas como República Checa. Según él, la UE es una entidad "corrupta y en bancarrota", controlada por las grandes potencias europeas, los llamados "cinco grandes", Francia, el Reino Unido, Alemania, Italia y España.

¿Pero quién es Vaclav Klaus? A pesar de ser poco conocido en la Argentina y el resto de América latina, el actual presidente checo es famoso en Europa por ser un iconoclasta de opiniones políticamente incorrectas, con un particular talento para irritar a la clase política europea.

Sus declaraciones explosivas son seguidas con atención por los medios y forman parte de la comidilla diaria en la trastienda de Bruselas.

Klaus fue una de las figuras centrales de la "revolución de terciopelo" que marcó la transición de la antigua Checoslovaquia al capitalismo. Ha sido desde siempre un firme representante de la derecha, contando entre sus inspiraciones ideológicas a Margaret Thatcher y a los economistas ultraliberales Milton Friedman y Friedrich Hayek.

Su última objeción era que el Tratado de Lisboa permitirá a los alemanes expulsados de la región de los Sudetes, luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, iniciar una ola de demandas de propiedad contra su país.

La apelación fue recibida con frialdad e indiferencia por los líderes europeos, quienes consideraron la apelación de Klaus como un intento para trancar las negociaciones. Pero ayer la UE aceptó la aprobación de un protocolo que extiende a la República Checa las garantías dadas a Polonia y al Reino Unido para eximir a ese país de la aplicación de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, con lo cual Praga evitaría las demandas. A cambio, Klaus aceptó firmar el Tratado de Lisboa.

Klaus sabía que su posición era insostenible. "El tren que lleva el Tratado va tan rápido y ha llegado tan lejos que ya no es posible pararlo... No importa lo mucho que algunos de nosotros deseamos detenerlo", dijo en una entrevista la semana pasada.

"Hoy hemos quitado el último obstáculo para la ratificación del Tratado", festejó José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea.

"El camino está abierto", celebró el premier sueco, Fredrik Reinfeldt.

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