"La Saladita" asoma como un pequeño oasis comercial

"La Saladita" asoma como un pequeño oasis comercial
Dicen que la afluencia de público es constante y para muchos, las ventas son parejas y sostenidas. A casi dos meses de su apertura, la Feria del Centro parece camino a consolidarse como un pequeño oasis comercial, que se diferencia de la tranquilidad que reina en el microcentro ciudadano.
Karina no lo duda. "Me rijo por la cantidad de bolsas en las que entrego lo que vendo y puedo decir que por aquí pasan más de 400 personas por fin de semana", dice en esta mañana de sábado en la que, a apenas una hora de la apertura, "La Saladita" ya muestra una importante concurrencia de público.

Mientras los comerciantes del microcentro hablan de una atmósfera enrarecida por una especie de parate que termina repercutiendo en sus cuentas mensuales, la Feria del Centro que abrió sus puertas en la jornada previa al Día de la Madre, el 17 de octubre último, asoma como un pequeño oasis comercial desde la sede de Del Valle casi Saavedra. Es que, después de superar la dura resistencia de quienes se consideraban perjudicados, la mayoría de los puesteros habilitados del lugar tienen una evaluación positiva de sus emprendimientos.

"Las ventas han sido parejas y ahora se activaron más por la fecha del año", dice Lucas Torres, el responsable del emprendimiento que nuclea 82 puestos comerciales en un espacio que antes fue taller mecánico. Aquí, las prendas de vestir son la vedette obligada: hay ropa para bebés, para niños, para mujer y para hombre, deportiva o de vestir, en talles "normales" o especiales; calzado de variada textura; zapatillas; carteras y bijouterie; juguetes; artículos de bazar; herramientas y hasta elementos de electrónica y audio.

Amadeo es, precisamente, el responsable del stand de audios, y arrancó junto con la feria. "De los que empezamos, estamos todos. Han pasado 10 fines de semana y nuestra evaluación es buena, es positiva. Fijate que nadie desertó y, aun más, hay mucha gente esperando un lugar para establecer un puesto", analiza el hombre mientras dispone cuidadosamente sus productos para la venta. Claro que, analiza, "esta época es buena, hay que aprovecharla" porque enero y febrero resultan, comercialmente hablando, períodos de mayor tranquilidad. ¿La afluencia? "Varía dependiendo de la altura del mes; en realidad, la cantidad de gente es pareja, lo que es despareja es la cantidad de dinero con el que andan en el bolsillo". Es que los días finales del mes se perciben porque "vienen y miran" mientras van decidiendo adquisiciones posteriores.

Karina es gestora, pero los fines de semana está a cargo de un puesto de lencería en la feria. "A nosotros nos ha ido muy bien. Por lo menos en mi especialidad, las ventas resultan parejas durante todo el mes", dice la mujer mientras despacha una de las 400 bolsas que le permiten decir que ése es el número de personas que atiende entre sábado y domingo.

Marcela no se muestra tan conforme. Es que está probándose en el comercio porque su empleo administrativo de la semana le deja el saldo en rojo cada mes y lamentablemente, las ventas no son sostenidas. "Yo me había creado una expectativa mayor y ahora estoy probando. Tengo ropa variada pero voy viendo las necesidades, porque como elegí comprar de una mejor calidad, por allí no logro una salida inmediata" de las prendas que ofrece.

Un poco más allá, una tocaya suya y también novata en estas lides, ha cumplido ampliamente sus expectativas. Instaló un puesto de juguetería en la parte posterior, hace aproximadamente un mes y medio, y ha tenido una amplia aceptación entre quienes, cada fin de semana, recorren los pasillos del lugar. Otro tanto ocurre con el stand desde el que se ofrecen velas, sahumerios y estatuas, que convoca mucho más público que la central del comercio, ubicada en el sector céntrico de la ciudad.

Gladys atiende su propio stand de marroquinería y bijouterie y siente que "esta ha sido una muy buena posibilidad" para quienes, como ella, no podían instalarse por afuera de este emprendimiento. ¿Expectativas de cara a las fiestas de Navidad y fin de año? "Las mejores" afirma la mujer, mientras una de sus vecinas confirma su opinión. "Basta pararse cinco minutos en la puerta y ver que cada uno que entra, sale con una o dos bolsas en la mano. Eso se traduce en otras tantas transacciones, que al fin del día marcan un saldo positivo para la mayoría de los que estamos aquí instalados", analiza la jovencita especializada en remeras, camisolas y shorts.

Desde su puesto de bazar, María Rosa confirma que "todos los fines de semana, esto es como una romería: es espectacular la cantidad de gente que viene y la respuesta que tienen para con nosotros". Todos confirman que hubo un único día en el que el público "pegó el faltazo": fue el que coincidió con la celebración del aniversario de Olavarría, cuando "La Mosca" copó el Parque Mitre y atrajo a cientos ante el escenario donde desarrolló su show.

Nelson, que vende ropa deportiva y de calle, también muestra su conformidad y descarta eventuales quejas, aunque sí admite que tal vez "nos está faltando un poco de publicidad". Claro que, después de un diciembre bueno, "habrá que ver qué pasa en enero y febrero". Unos pasos más allá, Gustavo comienza a transitar su quinto fin de semana al frente del stand en el que expende ropa y textiles de la línea Mauro Sergio. El es chofer de micros y su esposa, portera de un colegio privado, y esta es "una nueva salida laboral para nosotros".

Lo mismo siente Marisa, una empleada municipal que se desempeña en el área de los jardines maternales. Excepto el domingo del cumpleaños de la ciudad, "no nos ha pasado nunca no vender nada, o muy poco; las ventas siempre fueron muy buenas", dice la joven, que antes vendía por la calle y no puede dejar de recordar la lucha previa contra la instalación de los puestos. "Antes (los comerciantes) se quejaban porque los vendedores vendían en negro y no facturaban; hoy en día, se quejan de que facturamos. Ahora le decimos al comercio que somos legales y también molestamos".

Lucas Torres advierte que "los comerciantes están contentos; es obvio que hay quienes venden más y otros que venden menos. Pero la mayoría reinvirtió y hay quienes tienen el triple de ropa de cuando empezaron. Eso, contando que cada uno tiene mil pesos fijos de gasto, entre alquiler, monotributo, contador e impuestos municipales y provinciales". A su juicio, "se están dando cuenta de la diferencia de vender en la calle con vender acá adentro. Porque afuera estaban expuestos a que les robaran y la mayoría no tenía obra social, cuando ahora accede por contar con monotributo. Eso es importante".

Para aprovechar a fondo este diciembre en que la fiebre compradora crece naturalmente, los puesteros se han propuesto extender las jornadas de apertura. Por eso, el prometedor emprendimiento de la avenida Del Valle mantendrá sus puertas de par en par de manera continuada entre el domingo 19 y el jueves 24 del corriente, a las 19.

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