Sainz: La seguridad no pasa por el Poder Judicial

Historietas de Mafalda, libros de jurisprudencia, el Código Penal de la Provincia, legajos y decenas de discos de música clásica ocupan el despacho del magistrado que vio nacer al Departamento Judicial Junín.
Con 72 años, el camarista Miguel Sainz es el funcionario con más tiempo de servicio en los Tribunales locales. tras haber pasado por la mayoría de los fueros no tiene reparos a la hora de opinar acerca de la administración de la Justicia en el país.

La violencia social, la participación de menores en hechos delictivos, las falencias del servicio penitenciario y el trabajo judicial durante la dictadura fueron algunos de los temas que el juez de la Cámara de Apelación y Garantías en lo Penal dialogó con La Verdad.

- ¿Cómo empezó su carrera dentro de la Justicia?

- Una tarde de julio de 1959, en mi caso particular el 22, porque los Tribunales de Junín empezaron a funcionar el 20, recibí un llamado telefónico de mi madre que me informaba que tenía que ir al Tribunal de Menores de la calle Lavalle 179 donde había sido designado. Rápidamente me vestí como correspondía, con traje y corbata, y llegué al Tribunal donde había muchos muebles amontonados, máquinas de escribir, escritorios, sillones, todo lo que hace al funcionamiento de lo que iba a ser un Tribunal. Me faltaba muy poco para recibirme de escribano, pero a pesar de eso no tenía idea de cómo funcionaba un Tribunal; el señor Pedro Poleschi, oficial primero, manejaba todo con una idoneidad total y empezó a hacer la ubicación del mobiliario, ahí nos pusimos todos a trabajar, aunque parezca mentira funcionarios y empleados sin que importara la jerarquía nos pusimos a limpiar como si fuéramos un ordenanza común. Había un espíritu de cuerpo que se creó en el mismo instante en que nos juntamos, y han pasado 50 años y yo sigo teniendo por ellos el mismo cariño y el mismo respeto de siempre.

El juez Silva Pellozzi era un caballerazo; la secretaria Marta Massi, una verdadera dama; Leonor Pagella, otra dama; Francisco Sosa, un señor, un hombre de mundo; Pedro Poleschi, un funcionario de primera; Enrique Andrini, Cristóbal Salvatore, Norma Borghi; mientras que Néstor Pugliese y yo éramos los dos ordenanzas.

Así empecé en Tribunales y después me pasaron a Secretaría porque tenía estudios de Derecho y porque sabía escribir a máquina. Después el doctor Silva Pellozzi se enteró de que me faltaban unas pocas materias para recibirme de escribano y me instó a que siguiera estudiando, me dijo que fuera a Buenos Aires y no volviera ‘sin el título’.Tardé un par de meses y volví con el título.

Después ascendí a secretario del Registro Público de Comercio, donde también me encontré con gente como la doctora Graciela Acevedo, el señor Walter Viñals, que eran empleados, y de ahí pasé a la Secretaría Civil con el doctor Bianchi y el doctor Monján; de ahí con el doctor Narváez pasé a la Secretaría Penal y fui secretario desde 1970 al 1977, año en que fui designado fiscal hasta 1983; de 1983 a 1993 fui juez de Trabajo y en el ‘93 fui designado Camarista en lo Criminal, hoy Cámara de Garantías. Esa fue mi carrera, prácticamente ocupé todos los fueros.

- ¿Qué diferencias hay en la forma de administrar Justicia en sus comienzos con la actual?

- Jorge Manrique dijo "como a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor’ en las coplas a la muerte de su padre. Y es que mucha gente cree que todo tiempo pasado fue mejor, pero no es así, el mejor tiempo es el presente. Hoy el Poder Judicial está dotado de una infraestructura que no tenía antes, pensemos que antes a las sentencias los jueces las hacían a pluma, había que pasarlas a máquina de escribir con carbónico y hoy con la informática se facilitaron mucho las cosas, con lo cual hay más celeridad en los fallos.

Quizá antes los juicios duraban menos porque había menos litigios pero no porque los jueces trabajaran con más celeridad, hoy hay muchos litigios y la infraestructura dentro de todo no es la que tiene que haber; debería haber más juzgados civiles, debería haber otro Tribunal de Trabajo, otra sala en la Cámara Civil y en la Cámara Penal... si no se dota de infraestructura la celeridad en la Justicia no se puede pedir porque un juez tiene un límite. De pronto en un juzgado por el corralito entraron 500 demandas y sería absurdo pensar que un juez puede dictar 500 sentencias.

Y en cuanto la administración de Justicia, en este Departamento Judicial es muy buena. Sin pecar de ingenuo pongo las manos en el fuego por todos los empleados, magistrados y funcionarios de este Departamento. No hay corrupción, el funcionamiento es transparente, podrá haber mayor o menor capacidad pero eso es algo subjetivo y que depende muchas veces de quién gana o quién pierde un juicio, porque para el que pierde un juicio siempre el juez ‘no sabe lo que dijo’ y el que lo gana dice que el juez estuvo muy bien. En este Departamento hay gente correcta, honesta, trabajadora, no hay corrupción, y eso para el justiciable es una garantía, independientemente de si le gustan o no los fallos.

- ¿Cómo fue el trabajo en la Justicia durante la época de la dictadura?¿Hubo limitaciones?

- Ignorar el Proceso sería ignorar una etapa triste de la Argentina y si hubo un reducto donde alguien pudo confiar en algo fue el Poder Judicial. Yo estaba de secretario en esa época y tuve jueces importantes como el doctor Ceci y el doctor Berazategui, a quienes vi con mucha energía y con mucha decisión hacer lugar a los hábeas corpus por gente que estaba detenida, y algunos lograron salvar su vida gracias a las gestiones del doctor Berazategui.

Incluso a una empleada nuestra la habían detenido por ‘subversiva’ y alguien pidió ese cargo; el doctor Berazategui enérgicamente le dijo que ese cargo estaba a disposición de su empleada hasta el día que la liberaran y así fue.

En Junín se mató a gente impunemente, todo eso se está investigando en estos momentos y espero que se arribe a un descubrimiento de la realidad.

- ¿Cuál es su visión sobre la creciente cantidad de hechos delictivos y de los reclamos al sistema judicial?

- Además no tiene ningún poder de decisión sobre la falta de trabajo y las causas de exclusión, de pobreza y de ignorancia que son los elementos fundamentales para la comisión del delito. Eso es caldo de cultivo para el delito y el Poder Judicial en ese caso no puede hacer nada, eso es un resorte absolutamente político.

Y en cuanto a la bondad o no de las leyes, hay países en los cuales se implementó la pena de muerte y sin embargo el índice delictual no bajó. En España Franco aplicaba el ‘garrote vil’ y sin embargo los delitos seguían cometiéndose.

En ese tren de ideas la celeridad o no de la Justicia no disminuye el delito, lo que sí lo disminuye es sacar el caldo de cultivo. Si usted a un joven le da trabajo, el padre gana su dinero con su empleo, la madre puede trabajar, los chicos pueden ir a la escuela y pueden tener un estudio es muy difícil que impere el delito, pero si viven en un barrio excluido, sin agua, sin luz eléctrica, que cuando llueve se embarran todos, que se levantan a la mañana y no tienne que comer, las muchachas se prostituyen desde chicas y el dinero no llega, ahí aparece la droga, el alcohol y el próximo ingrediente es el delito.

- ¿Y qué postura tiene respecto al Servicio Penitenciario?

- Contra la opinión de muchos políticos, creo que si a partir de la restauración de la democracia se hubiera hecho un plan penitenciario en el cual se hubiera creado una cárcel modelo por año, con el costo que ello implica y que para la Provincia es un vuelto, hoy tendríamos 20 cárceles distribuidas estratégicamente, pero cárceles ‘modelo’, no escuelas del delito donde hay Sida, violaciones y todo lo demás, sino cárceles con trabajo, huertas, talleres, estudios para que salgan y no vuelvan a delinquir.

Hay muchos que salen y vuelven porque ocurre como lo dice el tango ‘una tarde me largaron pa’ mi bien o pa’ mi mal’... no tienen nada, hay presos que salen con 30 pesos en el bolsillo.

- ¿Hubo algún fallo del que se arrepintió?

- Sí. Hay varios casos de los cuales pude arrepentirme. Pero me arrepentí porque tuve que absolver a alguien sabiendo que era culpable por la falta de pruebas. En sede penal hay un axioma ‘mejor un delincuente afuera que un inocente adentro’, los jueces lo tenemos muy claro a eso.

Tener un inocente adentro es un pecado de lesa humanidad, entonces en la duda lo tenemos que absolver. Yo sabía que había sido él el culpable y se lo dije en privado ‘fue usted y va a salir absuelto, no me defraude’, afortunadamente no me defraudó porque nunca más volvió.

- ¿Alguna deuda pendiente?

- Mi carrera y mi función es una permanente deuda para conmigo mismo y para con la sociedad, el día que esté satisfecho de todo, el día que me aburguese de todo es cuando tengo que irme.

Tengo una deuda permanente conmigo, no tolero expedientes atrasados, no tolero presos sin que se les resuelva el problema, no tolero abogados que clamen y que nadie de una vez por todas les diga lo que va a salir, por sí o por no, yo todos los días tengo una deuda pendiente.

Cuando a veces tenemos que condenar a un muchacho de 18, 20, 21 años uno piensa en el fondo ‘pobre criatura, qué futuro...’ pero comete el delito y no se le pueden dar más oportunidades, sólo todas las que la ley le da. A un homicida se le da el derecho de defensa y puede utilizar todos los argumentos que quiera, pero si sale condenado tiene que ir a la cárcel.

Cuando yo era joven normalmente los delincuentes, los homicidas eran gente mayor, la ‘muchachada’ rara vez caía en este tipo de delito, no había la violencia instalada como ahora.

- ¿Piensa que sirve bajar la edad de imputabilidad a los menores?

- Hay que escuchar la palabra de los que saben, y los que saben, como el doctor Zaffaroni entre otros, se dan cuenta de que la ‘demonización’ del menor es un absurdo. Creer que con bajar la edad de imputabilidad a los 14 años se va a solucionar el problema delictual es absurdo, eso es incorporar el ‘enano fachista’, la sociedad represora y vengativa... como si no nos hubieran alcanzado los años del Proceso queremos ahora replantear y florecer una sociedad represora y vengativa.

No hay que confundir los términos, porque cuando escucho a cierta gente pontificar esos temas, en realidad no hablan de ‘Justicia’, están hablando de ‘venganza’. Incorporar en la sociedad el revanchismo y la venganza es un elemento más de la violencia.

Justicia

"garantista"

En referencia a las críticas de algunos sectores acerca del carácter "garantista" de la Justicia argentina, Miguel Sainz expresó que "muchas personas, con un ‘enano fachista’ incorporado dicen que la Justicia argentina es ‘garantista’ y yo les respondo que afortunadamente sí lo es".

"Es una Justicia ‘garantista’, razón por la cual ningún ciudadano va a ser condenado sin ser oído, no se le va a privar del derecho de defensa, va a tener un abogado, un juicio, un debido proceso, oportunidad de apelar una sentencia ante una cámara o ante un tribunal superior, y antes de recibir su condena va a tener la posibilidad de demostrar su inocencia", puntualizó el camarista y agregó que "afortunadamente la Constitución es ‘garantista’, los códigos son ‘garantistas’ y yo también soy ‘garantista’, no condeno porque no me gusta la cara".

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