Saddam tenía miedo de Teherán.

Revelan que el ejecutado dictador iraquí temía un ataque del vecino país.
En una serie de interrogatorios que precedieron a su ejecución, Saddam Hussein le dijo a un agente del FBI que en la víspera de la invasión estadounidense de 2003, Irak estaba atrapado entre las órdenes emitidas por la ONU que le exigían demostrar su desarme y el temor a que dar una apariencia de debilidad provocaría el ataque de su poderoso vecino y enemigo, Irán.

El depuesto dictador iraquí "estaba más preocupado porque Irán descubriera la debilidad y las vulnerabilidades de Irak que por la reacción que podía causar en Estados Unidos su negativa a permitir que los inspectores de la ONU volvieran a Irak", según se expresa en un resumen del interrogatorio realizado por el FBI.

Saddam también le dijo al FBI que si las sanciones de la ONU contra su país hubieran sido levantadas, Irak hubiera procurado sellar un acuerdo de seguridad con Estados Unidos para que lo protegiera de Irán.

Los resúmenes de 20 entrevistas formales y de otras cinco "conversaciones informales", según las denominan sus captores, todas ellas mantenidas entre febrero y junio de 2004, fueron obtenidos -tal como lo dispone la ley de libertad de información- por el Archivo de Seguridad Nacional, un grupo privado de investigación de la Universidad George Washington.

Las entrevistas contienen pocas revelaciones de importancia, pero subrayan una vez más el error de cálculo de Saddam con respecto a los riesgos que corría y la equivocada estimación de la ONU con respecto a la amenaza que realmente planteaba Irak.

Saddam, identificado como "el detenido de alto valor N° 1" en los informes de las entrevistas, fue interrogado primero por un equipo encabezado por la CIA, según lo especificó Charles A. Duelfer, un veterano oficial de inteligencia que condujo la investigación y búsqueda de armas no convencionales en Irak en el año 2004. A partir de febrero de ese año, agentes del FBI se turnaron para interrogarlo.

Obsesionado con Irán, país con el cual Irak había combatido una devastadora guerra de ocho años en la década de 1980, Saddam no tomó en serio las demandas del presidente George W. Bush, quien le exigía que demostrara que no poseía armas no convencionales.

"No apreciamos correctamente hasta qué punto la amenaza de Irán dominaba sus pensamientos", dijo Duelfer, quien calificó como "humorística" la interpretación que Estados Unidos hizo de Irak en 2003.

En las entrevistas, Saddam calificó a Osama ben Laden de "fanático" y negó que Irak tuviera alguna relación importante con Al-Qaeda. Tanto esa afirmación como la declaración de que Irak no tenía armas de destrucción masiva fueron confirmadas más tarde por las agencias de inteligencia de Estados Unidos.

"Las entrevistas revelan que Estados Unidos tenía muchas opciones políticas sin tener que llegar a una guerra", dijo Thomas S. Blanton, director del Archivo de Seguridad Nacional.

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