Sacrificios en el altar

Por: Susana Viau.

Kirchner y su esposa perdieron el factor sorpresa y sólo cuentan con la intimidación. Anuncian un escenario de enfrentamiento. Los tribunales ocuparon el vacío dejado por la política. La oposición se debate entre la responsabilidad institucional y la certeza de que debieron avanzar sobre la presidencia de la Cámara de Diputados.

Las vicisitudes sufridas por los DNU 2.010/09 y 18/2010 transparentaron con crudeza el aislamiento del matrimonio presidencial. Un puñado de diputados ultra-K –entre ellos Diana Conti– y Aníbal Fernández asumieron casi en soledad la defensa de la medida. Al grupo se sumó como miembro pleno Amado Boudou, que logró aplazar así su ascenso al cadalso. De todos modos, y al igual que Martín Lousteau, tarde o temprano deberá pagar los platos rotos. Los apellidos franceses no tienen suerte en el Ministerio de Economía.

El voltaje de las acusaciones cruzadas hizo más sonoro el silencio de gobernadores e intendentes. "Los intendentes veranean en lugares insospechados, muy lejos de sus municipios", disculpó con ironía un hombre de la provincia de Buenos Aires, mientras dejaba gotear destinos como la Polinesia o Singapur. Además, agregó con naturalidad, está en su cultura no hablar de política, excepto para apoyar. Si no pueden hacerlo, callan. Y han optado por ese camino desde que, a mediados de diciembre, el congreso de Caseros puso en evidencia la descorazonante realidad del PJ bonaerense. Alberto Balestrini también eligió el mutismo y Daniel Scioli lo rompió recién ayer, después de seguir con semblante ceniciento los excesos oratorios de la Presidenta, que llamó "okupa" a Martín Redrado, "jueza delivery" a María José Sarmiento y "embargador serial" al juez neoyorquino Thomas Griesa.

En la peculiar interpretación de Néstor Kirchner, el drenaje de votantes y cuadros a que está sometido el Frente Justicialista para la Victoria es consecuencia de que antes "no se perfilaba la definición profunda del modelo y ahora sí". El Gobierno tiene entonces que vérselas con "un núcleo duro y desestabilizador, que se opone a la política de derechos humanos, más los sectores monopólicos mediáticos, a los que se suma una oposición política que destruyó la Argentina dos veces y no aporta ideas […]. Por el contrario, siempre tratan de profundizar cualquier contradicción para que todo se agrave. Eso es lo que hoy tenemos enfrente y lo que en la Argentina futura se va a debatir". Lo dijo en el transcurso de una entrevista realizada por Horacio Verbitsky, quien debió recurrir a su enorme experiencia para rescatar de la extensa conversación algún fragmento inteligible. El propio periodista explicó con sutilezas las razones del extraño formato del artículo: "Su relación (la de Kirchner) con sujeto, verbo y predicado no se inspira en la de Juan Perón. Le salen frases enrevesadas, que a menudo quedan truncas, con los puntos suspensivos de una obra de Armando Discépolo". Es verdad, el habla del santacruceño no admite la escritura. Tal vez en razón de su oscuridad, el reportaje exclusivo tuvo escaso eco. Los estudiantes de Comunicación deberían conservarlo, sin embargo, como ejemplo de la lucha titánica de un periodista gráfico contra el pensamiento intraducible de su entrevistado.

Tan cierto como eso es que Kirchner y su esposa ya no cuentan con el factor sorpresa, su capacidad de respuesta es limitada y sólo disponen de recursos primitivos: la intimidación policial para los magistrados desobedientes, tal como se le hizo sentir a la jueza Sarmiento o la amenaza de cese para los funcionarios amigos. Ése, afirman, habría sido el incentivo que acabó convenciendo al procurador del Tesoro, Osvaldo Guglielmino, de la procedencia de una acción penal contra el diputado del PRO, Federico Pinedo: "la denuncia o la renuncia", le habría propuesto el jefe de Gabinete. Con su incursión en Comodoro Py, Guglielmino excusó a otro notorio ausente en la fiesta de amparos y desamparos: el procurador general de la Nación, Esteban Righi.

El Gobierno ha mostrado los dientes, pero se asusta mirándose al espejo. Cree que la imagen que le devuelve es la de sus fantasmas destituyentes. Ni siquiera advierte que, de su mano, entró el desquicio al Banco Central, un pantano donde en las últimas semanas los funcionarios suben y bajan al compás que marca un presidente ocasional. Tras emitir la opinión que sirvió de ariete contra Martín Redrado, el jefe de Asuntos Jurídicos, Marcos Moiseeff, fue ascendido a subgerente de Legales. Repuesto Redrado en el comando del BCRA, anuló el premio y envió a Moiseeff a recibir órdenes del jefe de Dictámenes de la Superintendencia de Entidades Financieras, Gabriel del Mazo. En la reunión de directorio del jueves, la mayoría oficialista le devolvió su ascenso. A fines de año, Moiseeff había tenido que cumplir con otra obligación. En nombre del BCRA se presentó como querellante en la "causa de la banca Morgan": en el expediente se investigan maniobras de supuesta evasión denunciadas por un ejecutivo infiel, Hernán Arbizu, quien en sus confidencias y para alborozo de Kirchner suministró, entre otros nombres, los de altos directivos del Grupo Clarín. El "arrepentido" fue invitado estelar del programa que conduce Luis D’Elía en Radio Cooperativa, una emisora adscripta a la constelación de medios K.

La fractura en el Central es apenas un botón de la muestra. El Gobierno se ha hecho acreedor al mérito de desatar el mayor conflicto de poderes desde el restablecimiento de la democracia. Los legisladores de la oposición tal vez deban empezar a preguntarse si la ilusión de conducir el Parlamento desde las comisiones y la negativa a colocar a uno de los suyos en la presidencia de la Cámara baja no fueron el humus que fertilizó el terreno de la crisis. El empate técnico en que se empantanó el Congreso –discurrió un viejo zorro del peronismo– condujo a un virtual vacío de poder y los tribunales cubrieron el espacio que la política dejó vacante. El accionar de los Kirchner no mejora su situación, pero complica a sus adversarios: el PRO y la Coalición Cívica observan con recelo los movimientos del radicalismo; en el bloque del peronismo disidente conjeturan que la UCR se siente cerca del poder y se llama a la "responsabilidad institucional". Redrado, consideran, habría sido sacrificado en ese altar. "Un verdadero error –evalúan– porque en esta coyuntura su permanencia es para los jueces americanos el símbolo de la independencia del Central".

Julio Cobos, el otro blanco de los dardos oficialistas, junta con dificultad la tropa en el Senado: Norma Morandini aún no tiene banca porque estaba en Israel el día de la asunción; Adolfo Rodríguez Saá también se encuentra en el exterior, y no está claro todavía a qué bloque adscribe Luis Juez, pese a que las señales hacen presumir que halló refugio junto a los pampeanos Carlos Verna y María de los Ángeles Higonet. Cobos, entre tanto, mantiene su cronograma de reuniones, pero se mueve con pies de plomo. En vísperas del viaje a Chile recibió una llamada de la Presidenta, que lo amenazaba con el juicio político. La advertencia tuvo correlato en una ola de críticas por su postura discordante. Los memoriosos recordaron entonces que, al morir su vicepresidente, el radical (Junta Renovadora) Jazmín Hortensio Quijano, Perón llamó a elecciones para reemplazarlo. Se midieron el almirante Alberto Teisaire, por el peronismo, y Crisólogo Larralde, por los radicales. Las urnas le dieron un amplio triunfo a Teisaire. Pero el kirchnerismo es poco afecto a mirarse en los antecedentes históricos e ignora los consejos del Arthashastra, el más antiguo tratado de ciencias políticas. Su autor, Kautilya, el Maquiavelo indio, instaba al gobernante a abandonar "la codicia, la ira, la voracidad, la vanidad y la arrogancia". Kautilya no era un santón y del mismo modo recomendaba organizar un cuerpo de espías confiables, unidos al rey no por dinero ni por miedo sino por la afinidad y el respeto. El Arthashastra inducía a la sabiduría.

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