Sacado de la cama a punta de fusil

Sacado de la cama a punta de fusil

Un grupo comando de las FF.AA. capturó al mandatario mientras dormía en su casa

TEGUCIGALPA.- El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, creyó que los militares golpistas se conmueven con las declaraciones de solidaridad internacional. Y la noche del sábado, por primera vez en varios días, abandonó la sede de la presidencia y se fue a su casa a dormir. Se despertó con un fusil apuntándole a la cara. Y así, en pijama y con medias, un comando de las fuerzas armadas lo sacó de la cama antes del amanecer, lo condujo a una base aérea situada en el sur de Tegucigalpa y lo trasladó en un avión militar a Costa Rica.

Desde allí, clamó: "He sido sacado de mi casa de forma brutal, secuestrado por soldados encapuchados que me apuntaban con rifles de grueso calibre. Pero hasta las próximas elecciones de 2010 yo sigo siendo el presidente de Honduras. Sólo me puede quitar el pueblo, nunca un grupo de gorilas".

Tegucigalpa amaneció ayer bajo el control de los militares. Cuando los ciudadanos se despertaron, creyendo que iban a poder refrendar o no en las urnas el proyecto de Zelaya de reformar la Constitución, los tanques se habían hecho con la situación.

Desde Costa Rica, todavía en pijama, Zelaya declaró: "Fui engañado. Los militares me engañaron". Y tenía razón. Porque, desde el punto de vista militar, la operación para capturarlo y sacarlo del país fue perfecta, minuciosamente preparada. Todo había empezado el miércoles. Ese día, Zelaya anunció por radio y televisión la destitución del jefe de las fuerzas armadas, el general Romeo Vásquez, que se había negado a colaborar en la preparación de la consulta electoral. Pero Vásquez no aceptó su cese y, el jueves, demostró su fuerza y su malestar sacando a sus soldados a la calle. La excusa del militar fue que la obligación del ejército, más que obedecer al presidente, es hacer cumplir la ley, y que existía una ley aprobada por el Parlamento que declaraba ilegal el referéndum.

Aquel jueves fue muy tenso en Honduras. El presidente encabezó una marcha a la base militar donde estaban almacenadas las urnas, entró acompañado de una turba y se las llevó sin que los soldados hicieran nada para impedirlo.

La noche del viernes, muy tarde, al presidente se lo notaba cansado pero feliz. La reacción de la diplomacia mundial a la intentona golpista fue unánime en su apoyo. Y ahí estuvo el error de Zelaya. Creyó que los militares iban a amilanarse por cuatro declaraciones protocolares de solidaridad. El presidente pidió a los militares que se retiraran a los cuarteles. Y fue entonces cuando Vásquez, como viejo zorro, empezó a ganar la partida. Ordenó que las tropas se retiraran. El presidente creyó la estratagema y hasta despidió a los cientos de partidarios que, de la noche del jueves al viernes, habían permanecido junto a él en la residencia presidencial, haciendo de escudos humanos para evitar que los militares entraran.

El sábado por la noche se pudo ver a Zelaya en un canal de televisión, organizando en directo los últimos detalles del referéndum. Luego se fue a su casa. Se durmió profundamente y se despertó con un fusil en la cara.

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