Sabsay formuló severos reparos contra la integración del CAM

El constitucionalista critica que la mitad de los consejeros sean políticos y que se vaya a elevar al PE quintetos de candidatos en vez de ternas.
Daniel Sabsay no comparte los criterios sancionados en la Ley 8.197, de creación del Consejo Asesor de la Magistratura (CAM). El constitucionalista fustigó dos de los puntos centrales de la norma: la paridad entre los representantes políticos y los vinculados a los tribunales y la elevación de una lista de cinco seleccionados al Poder Ejecutivo para que de ellos elija un postulante para ser juez.

"Es un pelotón. No me gusta que sean cinco nombres los remitidos, es excesivo; lejos de impedir la discrecionalidad, la suscita y máxime si no hay un orden de mérito, ya que no hace falta la fundamentación para alterar el listado. Con tres propuestos es suficiente, es un buen abanico de posibilidades", sostuvo el experto, quien disertó ayer en el Congreso Argentino de Derecho Constitucional.

Sabsay advirtió que, con las disposiciones legales recientes, se abre un amplio campo a las decisiones discrecionales del PE. "Se cuela nuevamente la posibilidad de la arbitrariedad, cuando la existencia del CAM es para evitarla y limitar a los poderes políticos", afirmó, en un diálogo con LA GACETA que se desarrolló como sigue.

- ¿Cómo evalúa el proceso que se vivió en la provincia sobre el CAM?

- No conozco particularmente la experiencia de Tucumán pero sé que fue muy accidentada, con un tironeo muy grande entre el Poder Judicial y el gobernador (José Alperovich), porque se lo quiso copar con representantes políticos y someterlo a la voluntad del mandatario. Espero que se lo haya logrado equilibrar.

- Al CAM lo integrarán tres legisladores, un vocal de la Corte Suprema de Justicia, un magistrado y un abogado. ¿Considera que es un esquema equilibrado?

- No. Me gustaría que hubiese una mayoría de miembros no políticos. Si no, volvemos a lo anterior, porque la existencia del CAM se justifica en el objetivo de despolitizar y despartidizar la selección de los jueces, fiscales y defensores oficiales. Una paridad no es buena.

- ¿Qué opina de los Consejos de la Magistratura como institución?

- Ya el Consejo de Consolidación de la Democracia que existió en la gestión de Raúl Alfonsín había desaconsejado su creación. En los regímenes presidencialistas, este mecanismo no han solucionado los grandes problemas de la Justicia.

-¿Por qué motivo?

- Principalmente, porque no se toma una institución muy importante de los modelos europeos: la Escuela de la Magistratura, que es la gran cocina de los jueces. Allí se realizan concursos muy rígidos y se deben superar muchos años de preparación y de formación, con lo cual la designación de los jueces es absolutamente reglada y son nombrados sólo los mejores.

- ¿A qué distancia está la Argentina de ese esquema?

- El consejo nacional está totalmente politizado a partir de la reforma de 2006, que derrumbó todo lo bueno que tuvo antes. En la Argentina se conserva una selección y una remoción muy mañana, con mucha preponderancia para manejar a los magistrados y garantizar su alineamiento para dificultarles el control. Es una cuña sobre los jueces independientes para que se demoren de manera infinita las investigaciones sobre escándalos en el poder. Acá cualquiera puede llegar con un par de exámenes bien dados y algo de antecedentes, porque hay muchas arbitrariedades. Incluso, se denunció que algunos postulantes conocían de antemano las pruebas presuntamente anónimas, y se han congelado ternas sin designar a nadie porque no les gusta los seleccionados.

- ¿Se podrá rediscutir la conformación del Consejo de la Magistratura nacional en el Congreso a partir del 10 de diciembre?

- Es un tema clave. Toda la oposición, más allá de sus matices y sea quien sea, lo tomó como eje, junto con la legislación por decreto. Ojalá se den cuenta que esta cuestión no es ideológica, sino institucional. La nueva integración parlamentaria será novedosa, porque no será un bipartidismo sino un mosaico. El Gobierno perdió la mayoría, pero en la oposición hay un abanico de alternativas que nos pone frente a un escenario distinto de otros que vivimos. Obligará a la búsqueda de acuerdos amplios, al diálogo y a salidas no autoritarias y personalistas como las de la presidenta (Cristina Fernández), pero es peligroso porque la oposición no mostró gran madurez para consensuar leyes superadoras.

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