Se sabía: el paco ya era legal

Por: Gerardo Young.

Funcionarios y dirigentes de la oposición reaccionaron horrorizados frente al fallo de la Corte que despenalizó el consumo de drogas. Pocos dijeron lo que se sabe hace rato en los barrios marginales: el paco, la droga más letal, ya es de venta libre.

En las avenidas de la zona Zabaleta, cerca de la cancha de Huracán, se puede ver a los chicos fumando paco en la vereda. Tienen diez, doce años, aunque es difícil adivinarlo porque sus cuerpos están deshilachados, caminan como sonámbulos, tienen parte del cerebro quemado por una bolita de veneno que aspiran una, dos y hasta 300 veces por día.

Lo mismo en la Villa 31, a cien metros de la estación de micros, a centímetros del destacamento policial del barrio. Ni hablar de las villas 1-11-14, las callecitas de Ciudad Oculta, las villas del conurbano. En Puerta de Hierro, de La Matanza, las que venden el paco son las mamás de los propios chicos.

¿Qué hace la policía? O nada o acumula ganancias o cada tanto rompe alguna cueva de los distribuidores -los transas- para salir en los diarios. El paco llegó a los barrios pobres con la crisis de 2001. Todavía se discute si es resaca de la cocaína o una mezcla fabricada con la pasta base previa a la cocaína.

Esa discusión no importa a los consumidores. A las pocas semanas de fumar por primera vez, deben robar y salir a matar o a morir para paliar la angustia de no fumarlo. Cuatro o cinco meses después ya no tienen fuerzas. Mueren ahorcados, fusilados por el transa al que no le pagaron, ahogados en el barro de un baldío. ¿Y qué dicen sobre eso los funcionarios?

Hablan con los presupuestos. El Gobierno nacional pone 32 millones para la atención de todos los adictos. El Gobierno porteño apenas invierte 10 millones en su programa de prevención y la Provincia poco más del doble para la zona más afectada. El resultado es lógico. No hay camas para internar a los adictos en los centros especializados. De los hospitales los echan. La Justicia los evita porque no sabe qué hacer y la Policía deja todo como está.

La discusión sobre si penalizar o no a los consumidores dejó de ser un debate moral, para convertirse en una definición moral. Mientras se discute un fallo judicial y no se redireccionan cuentas y políticas públicas, el paco sigue matando.

Comentá la nota