De las rutas a las bancas legislativas

Por Eduardo Duhalde

La dirigencia rural argentina tiene en la actualidad una oportunidad histórica para fortalecer nuestro sistema democrático. Tras emerger de la batalla por la resolución 125 como un conjunto de líderes que se puso de pie en favor de la producción agropecuaria, los máximos referentes del campo deben hoy darle a ese liderazgo un carácter más amplio y permanente.

Para ello, resulta esencial que respondan al llamado que sus bases les están formulando: participar del debate político e incorporarse de modo protagónico a las instituciones de la República. En particular, en aquellos cuerpos parlamentarios en cuyo seno se discute y decide el futuro del país, sean éstos nacionales, provinciales o en los propios concejos deliberantes de cada pueblo del interior.

Estoy convencido de que el involucramiento directo de los hombres y mujeres del campo en el Congreso puede significar la constitución de un fuerte bloque legislativo, compuesto por decenas de integrantes, que tome a su cargo la defensa de las economías regionales y el impulso del federalismo en todas sus aristas. Claro que cada uno de los que finalmente se decidan lo hará desde sus propias convicciones, enriqueciendo así la participación del sector con una vasta diversidad de identidades partidarias.

La reciente irrupción de numerosos emergentes del ruralismo local ha dejado en evidencia que gran parte de la clase política no ha sido capaz de representar con eficiencia los intereses de miles de productores que habitan el territorio nacional. En consecuencia, la dirigencia agropecuaria no debe cometer el grave error de ignorar la demanda de participación que le está realizando la sociedad en su conjunto.

Las principales entidades del sector tienen que comprender que el desafío de la hora exige que sus cuerpos directivos den pleno apoyo institucional a aquellos que se animen a emprender una candidatura legislativa. Más aún cuando ese mandato -como lo he verificado personalmente en mis frecuentes visitas a las provincias- está vivo en las propias bases de CRA, FAA, SRA, Coninagro y los autoconvocados.

Sin abandonar los espacios e instrumentos vitales del reclamo sectorial, el campo necesita innovar en el terreno político. Se impone así superar la lucha efervescente de la primera etapa del conflicto por una nueva etapa de trabajo arduo y en paz, ya no a la vera de las rutas sino en las bancas del Congreso. El pueblo argentino se lo demanda.

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