La ruta nacional 34, un camino de mucho peligro

Si el servicio que se prestaba y el mantenimiento en la ruta 34 acusaba deficiencias en tiempos de "normalidad", cuando regía el contrato del Corredor Vial, ahora que está vencido desde hace tiempo, la situación empeoró. No sólo hay malezas, sino que aparecieron enormes baches y desniveles, que no se arreglan, ni siquiera se advierten, pero el peaje se sigue cobrando.
Las denuncias que recibimos por el cada vez más avanzado estado de deterioro en la ruta nacional 34, una de las de mayor cantidad de tráfico del país y de enorme trascendencia pues es la vía de comunicación más importante desde el Norte del país, son cada vez más constantes. Es que lo que comenzó con la altura de las malezas en los costados, dificultando seriamente la visibilidad y tapando carteles de señalización, además de la inexistencia de banquinas en caso de emergencias, ahora también alcanza a la aparición de grandes baches, desniveles y huellones de camiones con un peso que nadie controla.

Con todos estos factores ha aumentado muchísimo el riesgo que constituye transitar por esta carretera, la cual cruza por el mismo corazón de Rafaela, recordándose que justamente el tramo que va desde Sunchales a Angélica -en el cruce con la ruta 19- es el de mayor movimiento de todo el largo de esta ruta 34.

Una muy reciente denuncia, de horas nomás, da cuenta de un enorme desnivel en un puente existente en el tramo que va desde Casas a San Martín de las Escobas, de aquí hacia el Sur, el cual no solamente no ha sido arreglado, sino tampoco algo tan elemental y sencillo como haber ubicado allí alguna señal de advertencia para que los automovilistas no se vean sorprendidos.

El matrimonio que se dirigía hacia nuestra ciudad, pasó una experiencia de bastante angustia, pues al llegar a ese referido escollo y transitando a una cierta velocidad, el automóvil sufrió un sacudón enorme, explicándonos que "afortunamente no nos accidentamos pues mi esposo iba con ambas manos bien tomadas al volante y pudo mantener la línea del coche, aunque con bastante esfuerzo". Es de suponer lo que puede llegar a ocurrir en otras circunstancias, desde un vuelco, salirse de la ruta, o bien haber sufrido el reventón de los neumáticos delanteros.

Estos rafaelinos que pasaron tremendo susto, al llegar a la estación de peaje -eso sí, se sigue cobrando aun cuando no hay servicios ni mantenimiento pues el contrato de la concesionaria está vencido-, quien atendía la cabina reconoció que sabían del inconveniente en el puente "y que la gente de la zona lo sabe y por eso allí anda despacio", casi ni teniendo en cuenta que esta ruta es un medio nacional y por lo tanto usado por gente que viene de casi todo el Norte argentino y que, estamos seguros, en casi su totalidad debe desconocer el estado del lugar por el cual transita, y más aún si está concesionado. "Qué quiere que hagamos si ni siquiera el sueldo nos están pagando", habría dicho también quien pese a todo sigue cobrando el peaje.

Hace poco, un tema del que este Diario se viene ocupando con reiteración, publicamos otros reclamos sobre el estado de la ruta. Aquí cerquita de la zona urbana, yendo hacia Susana, las malezas alcanzaron una altura que tapan los carteles señalizadores, en tanto que en un puente en el distrito de Lehmann, hay un pozo tan grande que quien viene a alta velocidad y se encuentra con el mismo puede sufrir tremendo accidente.

¿Qué es lo que está pasando? La gente paga peaje, pero no recibe nada a cambio y además todo el deterioro que ofrecen las rutas del país en su mayoría -no solamente la 34- es más que evidente. Por algo la Argentina es uno de los países con mayor cantidad de muertos en accidentes de tránsito en la relación cantidad de habitantes y vehículos. Casi 8.000 vidas se pierden al año por estos siniestros, además de 60.000 heridos, muchos de ellos con gravísimas consecuencias e impedidos físicamente de por vida, con una pérdida millonaria desde la visión material del tema.

Sin contar la cantidad de familias que quedan destruidas, marcadas para todo el resto de sus vidas, por estos accidentes, la mayoría de ellos evitables.

Muchas veces hemos dicho que el factor humano es más del 90% de la causa de los accidentes, incluso más allá de los escenarios deficientes que tenemos para transitar, pues quien conduce sabe del estado de ellos y por lo tanto debe ajustarse a ellos. Pero claro, cuando aparecen situaciones inesperadas como estas que apuntamos sobre la ruta 34, la responsabilidad deja de ser del conductor y se traslada a un Estado irresponsable e ineficiente, que ni siquiera supo controlar lo que entregó en concesión.

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