Ruta 22 en Cipolletti: indigna la falta de respuestas

Nadie explica por qué no avanza la repavimentación. El camino paralelo está destruido y genera peligros.
Cada semana que pasa el tránsito se complica más, los usuarios descargan su justificable mal humor y los empresarios no saben a quién recurrir para denunciar los perjuicios que les causa una obra que pareciera no terminar nunca.

Y para complicar aún más el panorama, las promesas de habilitar un tramo en estos días están muy lejos de ser cumplidas.

Los trabajos de repavimentación en la Ruta 22, entre la rotonda con la 151 y el ingreso a Cipolletti por la isla Jordán, quedarán como un mal recuerdo no sólo para esta ciudad sino también para los habitantes del valle que utilizan la vía de comunicación para trasladarse a diario.

Hace casi un mes, desde la municipalidad aseguraron que en unas tres semanas se habilitaría el sector desde la rotonda hasta Toschi. Una recorrida por el lugar permitió constatar que ese lapso, vencido al día de hoy, nunca podrá cumplirse.

Todavía falta como mínimo terminar la carpeta asfáltica, los terraplenes y señalizar, tareas que con los pocos obreros que trabajan allí no terminarán en el tiempo prometido.

La obra completa recién estará finalizada a principios del año que viene si la empresa Quidel -a cargo de los trabajos- cumple con los 9 meses de plazo que estipula la licitación.

El tramo, de 3,5 kilómetros, es parte del corredor vial 29, concesionado a Caminos del Valle. Sin embargo, esta firma no pondrá un peso por los trabajos, porque Nación decidió pagar los 8,9 millones de la licitación.

Un ítem aparte es el camino habilitado como alternativo. La calle de ripio paralela a la ruta pareciera ser tierra de nadie. La necesidad imperiosa de reacondicionamiento no la cubre ni la empresa, ni Caminos del Valle, ni el municipio.

Cuando alguno de los empresarios radicados en ese sector reitera los reclamos, cansado de los trastornos, aparece alguna máquina que alisa los pozos y serruchos o un camión riega con una cantidad insuficiente de agua para el estado calamitoso en que se encuentra el camino.

Si bien los más afectados son los comerciantes porque padecen diariamente los problemas denunciando incluso que han sufrido pérdidas económicas a raíz de la obra, los automovilistas también se ven afectados.

Ni qué hablar de los habitantes que viven en el sector. Están continuamente sometidos a riesgos de accidentes. Todo el tránsito que antes se desplazaba por la ruta ahora lo hace por el camino alternativo: camiones de gran porte se mezclan con los autos, motos y bicicletas. Nadie está para controlar y los desaprensivos aprovechan para circular a altas velocidades.

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