Rusia y Georgia: a un año de la guerra sigue la tensión

El Kremlin pulsea con EE.UU. y Europa por el control de una zona rica y estratégica.
En la medianoche del 7 de agosto, las iglesias sonaron sus campanas en memoria de los 400 georgianos -la mitad de ellos civiles- caídos en la breve guerra que enfrentó hace un año a Georgia y Rusia.

La razón esgrimida fue la vieja disputa sobre el territorio de Osetia del Sur. Pero nadie puede creer seriamente que ahí esté el nudo de la contienda.

Uno de los principales motivos se resume en tres letras BTC (Bakú, Tbilisi y Ceyhan), es decir, el nombre de las enormes cañerías de casi 1.800 kilómetros que suministran el gas y el petróleo sin el que Europa no podría subsistir, proveniente de Asia Central y el Cáucaso. Rusia tiene, si no el monopolio, prácticamente, el control total de esos ductos. Mientras existía la Unión Soviética, todo este territorio respondía a Moscú. Pero desde hace 20 años, Estados Unidos y Europa buscan la formar de influir o penetrarlo.

La ubicación clave de Georgia, por razones económicas pero también geopolíticas, explica entonces su historia reciente.

Primero, la llamada "Revolución de las Rosas" (2003), fogoneada desde Washington, que sacó del poder al viejo aliado de Moscú, Eduard Shevardnadze y colocó al prooccidental Mijail Saakashvili, actual presidente y principal actor de la guerra contra Rusia (2008).

Luego, las promesas de EE.UU de incorporar a la pequeña Georgia a la OTAN, algo que envenena al Kremlin y que se evaluaba seriamente pocas semanas antes del estallido de la guerra.

Con el triunfo de Rusia sobre Georgia, la idea se frenó pero no quedó descartada. Aunque a comienzos de julio, Barack Obama estuvo en Moscú acordando con su par Dmitri Medvedev, un futuro de armonía, días después, el 23 de julio, el vice norteamericano, Joe Biden, ante la sorpresa de Rusia, volvió a respaldar expresamente el ingreso de Georgia a la OTAN.

Biden evitó hablar de provisión de armas pero se sabe que para que un país como Georgia ingrese a la alianza atlántica deberá alcanzar un nivel militar que sólo Occidente puede otorgarle.

Para Moscú, la presencia de bases militares occidentales al borde de sus fronteras es inaceptable y ya ha dicho que lo considera una directa amenaza a su seguridad. Incluso, el Kremlin insiste en que "si bien ya no es en forma abierta como en el pasado, Estados Unidos continúa el suministro de armas a Georgia".

La visita de Biden a Georgia fue también para respaldar al presidente Mijail Saakashvili.

Aunque la prensa occidental no lo propaga, la popularidad del presidente georgiano cayó en picada desde el fin de la guerra y en los últimos meses, hay marchas diarias (con mucha represión) que piden su renuncia.

Como se ve, a un año del conflicto la tensión no decae y mucho menos la pulseada por el petróleo. El jueves, el premier Vladimir Putin cerró un acuerdo con Turquía (estaba también Silvio Berlusconi) para que el consorcio italo-ruso South Stream, que está construyendo un importante oleoducto rival del proyecto europeo Nabucco, pueda atravesar aguas territoriales turcas del Mar Negro. Rusia mantiene el monopolio pero la guerra por el control continúa.

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