La ruleta rusa de la inseguridad.

Por: Ricardo Kirschbaum.

El dolor expulsa toda banalidad de la vida. Lo decía Oscar Wilde: "Allí donde hay dolor, hay terreno sagrado".

El dolor borra lo profano y trae una profundidad que es tristeza y que obliga a preguntar una y otra vez: ¿por qué?Las caras del dolor de la inseguridad son las de quienes no tienen esa respuesta. Las de aquellos en que una conjunción de factores los volvió víctimas de un flagelo que, por lo demás, no cesa.Ese dolor es todavía más doloroso por lo inexplicable.Esos rostros de las víctimas de la inseguridad son la tapa de Viva, que integra esta edición dominical desde hace ya casi 15 años. Hoy presentamos una revista renovada, con una ligera modificación de su formato (es algo más pequeña), con un nuevo diseño y un replanteo del contenido periodístico. Hay nuevas secciones y coberturas. A los agudos columnistas habituales –Beatriz Sarlo y Norberto Abdala– se agregan desde hoy el historiador Felipe Pigna, que se muda del diario a la revista, y Paulo Coelho, el escritor de autoayuda más leído del mundo.

El planteo de la nota de tapa intenta captar en lo posible esa profunda conmoción que es la inseguridad en la sociedad. Los rostros de las víctimas, de cualquier extracción social, nos muestran el alto grado de vulnerabilidad que tenemos frente a un problema que no admite una sola solución, pero que requiere una atención conjunta, concentrada y urgente. Y están los que pasaron por ese suplicio y sobrevivieron: la voluntad de vida de Jorge Rivas, el funcionario del Gobierno, que quedó discapacitado por un asalto y que lucha por volver a su vida habitual con ayuda de la tecnología, aunque esa vida nunca será la que era antes. Su rostro es también un rostro del dolor pero, fundamentalmente, de esperanza.

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