Ruidos que tocan a Cristina por un faltazo de Redrado al Senado

Por: Alcadio Oña

Ha sido de rigor, todos los últimos fines de año, que el presidente del Banco Central vaya al Senado a informar sobre el estado de las cuentas, las políticas aplicadas y las proyecciones para el año siguiente. Y que se someta a preguntas de legisladores de ambas cámaras, en una sesión pública. Sencillamente, porque eso manda la Carta Orgánica del BCRA.

Pero esta vez, Martín Redrado pegó el faltazo. Según se comenta en fuentes del mismo oficialismo, no falló por voluntad propia sino por una orden superior. "De la Presidenta directamente", dicen.

La versión que sale del Central es, obviamente, distinta. Ponen por delante que la agenda del Senado estaba cargada de leyes y no quedaba un hueco para Redrado; implícitamente, también, el apuro de los legisladores por pasar las Fiestas en sus provincias. Nada que no ocurra todos los fines de año, al fin y al cabo.

Sin embargo, varias otras especulaciones cruzan el hecho real. Una es que en Olivos hayan preferido evitar cierto escenario propicio para un interrogatorio incómodo de la oposición, acaso un show mediático contraindicado. Otra, el acotado margen de maniobra que ahora tendría el jefe del Central, pues más de uno cree que a Redrado no le habría faltado pericia como para enfrentar un trance así.

Aun cuando en el edificio ubicado sobre la calle Reconquista digan que allí "todo está en calma" y que no existe el "hervidero" que advierten en despachos del microcentro, es evidente el recorte en las apariciones públicas de Redrado. Y a cuento del faltazo, en ámbitos del oficialismo hay temor a alguna intentona judicial; justamente, por incumplimiento de la Carta Orgánica.

El 30 de diciembre, el Banco Central difundió la "Presentación del Programa Monetario 2009 ante el Senado de la Nación", con algunos párrafos puestos en primera persona por el propio Redrado. Es lo que se hace todos los fines de año, sólo que esta vez no vino acompañado por la presencia del presidente del BCRA en la Cámara.

Quedaron sin aclaración, así, unas cuantas preguntas tan previsibles como molestas. Entre ellas, por la fuerte salida de capitales, calculada en 20.000 millones de dólares durante 2008. La pérdida de reservas. O las reservas reales, pues en el stock que se muestra existirían entre 2.500 y 3.000 millones de dólares en préstamos transitorios del Banco de Pagos de Basilea, garantizados con las reservas mismas. Y, desde luego, la evolución del tipo de cambio, aunque en el horizonte ya asoma un dólar a $ 3,50.

Pero como es obvio que el informe escrito no vale igual que el personal, el procedimiento dejó un lastre de incomodidad entre encumbrados senadores del oficialismo. Agregado a los modales políticos que se estilan en el comando central, eso que antes resultaba tolerable hoy pinta un clima cada vez más espeso, por lo menos en las filas del PJ kirchnerista.

En la presentación de Redrado se prevé que este año la economía crezca 4 %. Para que no desentone, un número idéntico al fijado en el Presupuesto Nacional, aunque con una diferencia cualitativa: el trabajo del Central es de ahora y el pronóstico del Presupuesto, de agosto, cuando en el imaginario oficial la crisis internacional era un problema del Primer Mundo.

Esa brecha temporal queda clara, en cambio, en la estimación de las exportaciones: US$ 78.332 millones según el Presupuesto, contra los más actuales US$ 69.000 millones del BCRA. Y no salta en el cálculo del balance comercial simplemente porque el Programa Monetario omite la cifra: sólo dice que en 2009 "se mantendrá un importante superávit".

Parte de las imprevisiones sobre el rumbo del escenario internacional fue que los técnicos de Economía hubieran puesto, en el Presupuesto, un saldo de US$ 12.000 millones entre exportaciones e importaciones. Nadie piensa ya en un resultado semejante. Más acomodados a las nueva circunstancias, los datos que manejan en el Banco Central dan US$ 6.000 millones.

La magnitud del superávit comercial equivale, casi, a las divisas disponibles en el mercado local para afrontar vencimientos de la deuda pública. En dólares puros, el Gobierno necesitará unos 9.000 millones durante 2009.

Con la ayuda de los fondos de las ex AFJP, probablemente sobrará superávit fiscal en pesos: el punto es de dónde sacar los US$ 9.000 millones. Refinanciar, caer en el crédito oneroso de Hugo Chávez o apelar a las reservas. Y por el financiamiento del Banco Mundial, el BID o la Corporación Andina queda encontrar un lugar en la larga cola de países aspirantes.

Apretones en el frente financiero y cuentas fiscales ajustadas. Una economía que ni 4 % crecería. Apremios en el mercado laboral. En este horizonte cercano, donde pesan expectativas negativas e incertidumbres diversas, la variable ciega es el sistema de gestión kirchnerista. Su manera de administrar el Estado y los ruidos políticos que mete y proyecta sobre las decisiones privadas. Más ahora, cuando el viento no sopla a favor sino pleno de frente.

Comentá la nota