Ruego, ruego, ruego

River perdió con el Almirante Brown de Giunta mostrando falencias repetidas en todos los sectores. Gorosito cambió el dibujo táctico y ya casi desespera por refuerzos a 5 días del debut en la Sudamericana.
Ruego, ruego, ruego, tres veces rezo, tres deseos pido o aunque sea un refuerzo, tal vez un milagro sería oportuno.

Néstor Gorosito ya acumula suficientes motivos como para que los rulos se le pongan de punta. Porque sus rollos, los de su River, digamos, no son de ayer nomás, no es que ahora los despluma el huevo, huevo, huevo del equipo de Blas Giunta sino que mucho antes viene la gallina. Magnifica el quién, eso es obvio, pero lo más importante es el qué. ¿Y a qué juega este River?

...

Los puntos suspensivos, en este caso sinónimo del moderno cri-cri, exceden a la hermética decisión de jugar a puertas cerradas el amistoso contra Almirante Brown. Sobra con un paneo general de cualquier testigo presencial para comprender que los dramones por Núñez ya son crónicos, o sea, la prolongación de un equipo que es como una canción sin estribillo, sin cambio de ritmo, sin contagio, sin agite ni vamos las palmas y, así pues, no hay quien se sepa la letra de memoria. Y Pipo, mientras tanto, prueba, modifica el pentagrama, agrega confusión, encajona su dibujo predilecto, el 4-2-3-1 que utilizara en la última parte del Clausura y durante la gira triunfal por Canadá, y le da con la batuta al 4-3-2-1.

...

Pero, igual, el 4 continúa con sus falencias, llámese chambonada de Cabral que acaba en gol; el 3 evidencia que Barrado rinde más como doble cinco, que a Abelairas lo incomoda la banda izquierda y que no alcanza sólo con la fricción de Ahumada; el 2 no sintonizó a Buonanotte con los 20 minutos que jugó Ortega, y el 1, bueno, el 1 no es 1. Porque, hoy, River no tiene a ese 1.

...

No habrá estado Fabbiani, es cierto, aunque hasta ahora el Ogro tampoco dio muestras de ser una confiable referencia de área y ni que hablar de su exiguo aporte goleador (2 gritos en 21 partidos oficiales). Sus promesas siguen siendo eso, sólo eso. Y ayer, Gustavo Bou, incluso como centrodelantero, evidenció estar más cerca de ser el clon de Lucho González que el de Falcao.

...

"¡River perdió con un equipo de la Primera B!", bien podría haber sido, otrora, una placa roja de Crónica TV. Ahora, en cambio, forma parte de la cotidianidad, no tanto por la categoría en la que milita el rival (algo incomprobable, asimismo) sino porque ya hace tiempo, desde Caracas si se quiere, que en el Monumental se anima cualquiera. El campo puede ser un pisadero o lucir impecable como ayer, las tribunas pueden reventar o estar vacías como ayer, lo concreto es que el respeto ya no es lo que era.

...

Entonces, ante las notables ausencias, ¿cuál es el ruego más urgente a esta altura? ¿Preocupa más la falta de gol que la falta de solidez defensiva? ¿O la falta de fricción? ¿O la falta de identidad de juego? ¿Acaso va todo de la mano?

...

Un refuerzo, ni dos, salvo que se llamen Messi y Mascherano, le van a solucionar la vida a River de la noche a la mañana. Aun así, Gorosito debería ponerle un límite a su inalterable optimismo, a una mesura que se traslada al accionar dirigencial para conseguir caras nuevas. Ortega entusiasma a quien sea y ya enseñó que su magia sigue intacta, Gallardo tiene calidad suficiente y en una pierna hizo la diferencia durante el torneo pasado, Fabbiani no para de maquinar y pide que lo hagan goleador... Está perfecto, pero ninguno deja de ser una incógnita.

...

Tocó que fuera Almirante Brown quien le aplicara un nuevo correctivo a River, que en 50 minutos pateó apenas dos veces al arco y no logró doblegar a un equipo que lo esperó como lo harán tantos otros. Quizá sea la confirmación de que las copas de Canadá son de cristal, tal vez sea un baño de realidad a cinco días de jugar con Lanús. ¿Habrá sido a tiempo?

Comentá la nota