Ruca Che y el fin de las divinidades

En un contexto político donde todos quieren armar coaliciones para después romperlas, y todos quieren jugar en las internas ajenas aunque no puedan manejar las propias, la política neuquina se encamina hacia una conclusión inexorable: se asiste al fin de las divinidades y a la asunción de la necesidad de cambios reales, concretos y humanos.

La fe aliancista es la religión más inestable de la Argentina. Se sabe desde casi siempre, pero podríamos hacer referencia a aquellas alianzas iniciales del Siglo XX, las que propició Perón para llegar al poder. Ese es el sentido de las alianzas en Argentina: llegar o mantener el poder.

Cuanto más quieren abarcar, menos pueden garantizar. El que manda en la alianza, es decir, quien la ha propiciado y armado, es el que termina quedándose con todo. Y sus socios pasan a ser adversarios o enemigos, según el encono del momento o la magnitud de las traiciones.

En el Neuquén de finales de la primera década del nuevo siglo, todos quieren y necesitan armar alguna coalición, o alianza, o grupo circunstancial de intereses. A su vez, todos trabajan para desarmar la alianza o coalición del adversario. Y como esto no alcanza, también se busca jugar en las internas de cada partido, influir, socavar, tentar, alimentar odios, organizar amores.

Por momentos, no se sabe si se está practicando política o simplemente una orgía del descalabro ideológico, en el que las mejores convicciones se aflojan apenas se le huele el sexo al otro, y la pasión instantánea por el poder se levanta, poderosa, presta a satisfacer, a colmar la ansiedad desenfrenada.

El MPN es la gran tentación de todos. Primero, de quienes forman parte de él. Y después, de quienes están en otros partidos, y están convencidos de que sólo podrán ganarle si contribuyen a su fragmentación.

Hay una fuerte expectativa por el acto organizado por Jorge Sobisch para el viernes en el Ruca Che. El mítico estadio, ya superada la etapa en la que era objetado por su simple grandilocuencia arquitectónica, es como la Plaza de Mayo en Buenos Aires. Cualquiera lo puede llenar, pero sólo algunos le encuentran sentido a esa comunión que implica una masa encerrada entre paredes, vitoreando consignas e insuflándose fe para batir al enemigo.

El encuentro en el Ruca Che será importante, guste o no a quienes predican la necesidad de un cambio político en la provincia.

La importancia no estará dada solo por el hecho en sí mismo, la gente que acuda, los dirigentes que vayan y los que no, el discurso de Sobisch, la prédica de la religión emepenista. La importancia fundamental estará dada por cómo influirá el acto en el resto del MPN que estará atento observándolo, y en los muchos partidos que quieren jugar ese apasionante coqueteo de sexo implícito, del que se puede salir indemne o perdidoso, con la cabeza en alto o con la dignidad por el suelo.

No se trata aquí de saber si Sapag le ganará a Sobisch o si Sobisch le ganará a Sapag. Lo que a todos les interesa es si el MPN jugará a favor o en contra de la ambición de poder de los gremios estatales. Si continuará o no con la ordalía de gastos que implica sostener un súper Estado repartidor y paternalista, o si se encaminará hacia la reforma que viene amagando sin concretar hace 20 años.

Todos saben que lo peor de todo es caminar por la cornisa que queda en el medio de los dos mundos posibles. De un lado, hay muchos pobres que viven del Estado, y del otro, pocos ricos que disfrutan del Estado. Derrumbar el muro que los divide equivaldría a fundar una nueva provincia, entrar en una nueva dimensión. La decisión entre ambas opciones es política, y depende fundamentalmente del MPN.

Los gremios representados en la CTA se han terminado de convencer que es el momento de quebrar al MPN. No quiere decir esto que pretendan ganar las elecciones en 2011. Simplemente, lo que pretenden es jugar en la interna de todas las maneras posibles. Si tienen que elegir un ganador, apuestan por Jorge Sapag. El actual gobernador es para los gremios ATE, ATEN y SEJUN mucho más potable que Jorge Sobisch, e indudablemente muchísimo más previsible que el radical Horacio Quiroga.

Por eso, UNE juega a dos puntas. Por un lado, alimenta todas las variables judiciales y políticas contra Sobisch. Por el otro, tironea a Farizano para que se aparte de Quiroga, o por lo menos se continúe diferenciando. Su mayor expectativa es construir para llegar con fuerza al 2011 y hacer de árbitro, ya se condicionando al radicalismo o directamente desplazándolo del centro de la tambaleante coalición.

En este contexto, ha sido reveladora la reunión opositora que se hizo en Chos Malal, municipio que fue el molde de un gran frente amplio contra el MPN que después quiso replicarse en la capital neuquina con el gobierno de Farizano. Demostró este encuentro dos cosas principales: primero, que hay un sector del peronismo y de UNE que pretenden seguir encolumnados con Farizano construyendo una opción para el 2011. Segundo, que hay otro sector que ya se abrió de ese frente, y que volverá a petardear una eventual polarización entre dos fuerzas para ese año clave. Este sector es representado por la izquierda más arisca, Libres del Sur, y una parte del peronismo que pretende refundarse sacando los pies del plato sindical estatal y alejándose de todos aquellos que prometen enterrar la utopía K para siempre.

Por eso, hay que observar tres procesos políticos principales: 1) la evolución de la interna del MPN, cuya conclusión definitiva para la actual coyuntura no pasará de la mitad del 2010; 2) la consolidación del quiroguismo en la UCR, reafirmada por la propia evolución del radicalismo a nivel nacional, que fusionó a los fieles de Cobos con los "orgánicos"; y 3) la interna que tendrá el peronismo, que se dará de manera más o menos simultánea con la del MPN, y que seguramente definirá una conducción post-kirchnerismo.

En este devenir, se escuchará mucho discurso, mucha religión para calmar la ansiedad plural de dominación de unos sobre otros. Pero Neuquén, con una tremenda brecha entre los más pobres y los más ricos, ya no es una provincia manejable por la sola voluntad de invocación de la divinidad. Hace falta instalar criterios racionales y políticas de Estado que tornen previsible su economía.

¿Será posible conseguirlo en medio de tanta sexualidad política adolescente?

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