Rozas ya estaba al tanto del riesgo de dengue en 1999

Si todos los especialistas coinciden en que una adecuada política preventiva hubiera evitado la epidemia de dengue en el Chaco, puede decirse que la provincia perdió en esa materia, como mínimo, diez años de tiempo.
Es que ya en 1999 el entonces gobernador Angel Rozas estaba al tanto del riesgo de que la enfermedad llegara, pero la gestión sanitaria se limitó al dictado de un decreto que tuvo escasos o nulos resultados prácticos.

El decreto fue el número 787, dictado el 5 de mayo de 1999, con las firmas de Rozas y de su ministro de Salud, Jorge Humberto Romero. El instrumento aprobada la creación de un "Programa de erradicación del mosquito aedes aegypti e intensificación en la prevención, el control y vigilancia del dengue". Pero casi nada se hizo para crear conciencia en la población en relación con la enfermedad ni ejecutando acciones contra la presencia del mosquito.

El aedes ya estaba

La medida fue la reacción oficial al dato de que el mosquito transmisor ya estaba en la provincia. Es decir que si la enfermedad llegaba a entrar, el brote iba a ser casi inevitable, porque contaba con su vector para expandirse.

Justamente, en los considerados del decreto se justificaba la creación del programa en el hecho de que "se ha detectado en distintas localidades de la provincia del Chaco la presencia del mosquito aedes aegypti, especie transmisora de los virus productores del dengue y fiebre amarilla, que ha reinfestado gran parte del norte y centro de nuestro país".

"Asimismo, se notificaron casos de dengue en las provincias de Salta y Misiones, y se notificó dengue hemorrágico, actualmente, en la ciudad de Asunción del Paraguay", añadía el texto. Es decir, se sabía de la amenaza cierta que representaba todo ello. Aun así, la acción oficial concreta no estuvo a la altura de la gravedad de ese riesgo.

El decreto también mencionaba que "el mayor impacto en el control del dengue se logra eliminando los criaderos del mosquito aedes aegypti", pero no hubo una campaña contundente para concienciar sobre el descacharrado, ni controles en barrios y viviendas para constatar que la población siguiera esas recomendaciones. Así, la tarea se circunscribió, casi por completo, a una pequeña difusión publicitaria sobre el tema.

Otras provincias, tomando en serio la amenaza del dengue, desplegaron acciones intensas que no se limitaron a lo propagandístico. Un ejemplo muy claro es Formosa, donde las tareas preventivas fueron amplias, fuertes y concretas, razón por la cual hoy esa provincia no soporta la gravedad del cuadro que sí afronta el Chaco, con condiciones climáticas, geográficas, ambientales y sociales muy similares.

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