Rouvier dice que el PJ "no tiene conducción"

El analista político, Ricardo Rouvier, asegura que "el oficialismo tiene un horizonte de debilidad parlamentaria y la oposición mantiene un nivel de fragmentación de tal magnitud, que es muy difícil predecir quién la conducirá", y agrega que "entre los actores principales, hay que mencionar al justicialismo.
Pero es en realidad hoy, un actor poderoso más imaginario que real; es un gigante dormido que carece de conducción".

"Si el peronismo permanece dividido y con justicialistas desplegados en varias direcciones, asomará una vez más la oportunidad para que la oposición acceda al gobierno", advierte Rouvier ante el escenario que dejó el 28 de junio.

"El Gobierno ha entrado en una segunda etapa postelectoral. La primera fue la de negación o aceptación renuente de la derrota electoral. Pero, como era previsible -menos para la oposición-, Néstor Kirchner como jefe político no se iba a entregar ni a capitular.Hay que considerar que, de acuerdo a algunos balances de claro tono económico, la falta de planes sociales con suficiente anclaje en los sectores más postergados, permitieron la ruptura del voto popular en el conurbano", argumentó.

Según el consultor, "el carácter pendular de ir desde la transversalidad, ideológicamente más amigable pero con pocos votos, hacia un origen peronista, mostró animadores y detractores, pero selló su derrotero. De aquí en más, el kirchnerismo debería transitar sobre estos dos soportes".

"Una de las patas, el peronismo, empezó a distanciarse. En silencio, el justicialismo político retrocedió, con su proverbial instinto de supervivencia, y le quedaron al Gobierno los movimientos sociales, de naturaleza más superestructural que en su momento fundacional, y el apoyo entusiasta de la centro izquierda; que entrevió en la 125 una épica antioligárquica", continuó.

Rouvier aclara que tanto Kirchner como Cristina Fernández "hacen gala de su capacidad de resistencia, muestran su vitalidad y hacen sentir su iniciativa sobre la oposición. Mantienen la dialéctica amigo-enemigo que les permite sostener al Gobierno, aunque ya no cuenten con los consensos amplios", y agrega: "Están parados sobre la legitimidad otorgada en el 2007 y evitan tomar nota en términos de gobernabilidad negociada sobre el resultado 2009".

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