Rossi peleó voto a voto y logró su cometido: continuar en Diputados.

La búsqueda del 10 por ciento de los votos. Ese fue el objetivo en el búnker del Frente para la Victoria (FPV). A medianoche, un minuto a minuto con cánticos y las pantallas de las notebook y las PC arrojaban números incendiados; de centésima en centésima. Agustín Rossi, el hombre de Kirchner en Santa Fe, comentaba los resultados de todo el país con quien pasara a su lado y se impacientaba con los números de Buenos Aires y con sus decimales.
A las 22.50 una militante gritó "8,78 por ciento" y estallaron los aplausos. Rossi miró, refunfuñó y caminó por todo el lugar: "Tranquilos, hay que pelearla voto a voto", dijo. A las 23.30 se pasó el 9 por ciento. A las 0.10 el senador Rubén Giustiniani salió a defender su posición. Rossi para ese momento decidía enfrentar las cámaras.

En el hall del Sindicato de Docentes Particulares, Sadop, los jóvenes militantes peronistas cantaban la marchita. Cada centésimo de suba en los votos de Rossi reflejado en las pantallas que colgaban de las paredes era un llamado al redoblante.

Desde las 19 por el lugar pasaron los candidatos. Algunos optimistas especulaba con un 15 por ciento de las votos a favor del FPV, otros se clavaban en el 12 por ciento. La realidad marcó casi un 10 por ciento. A las 0.30, un Rossi cansado dijo: "Esta elección difícil la construimos entre todos. Les pregunté a los santafesinos si querían que los representara en el Congreso y la respuesta fue esta: renovar la banca". Y otra vez la marchita y los vítores.

Los gritos inundaron los espacios como revancha de la suma de pasiones, llamadas a celular, porcentajes y ansiedad contenida en esa noche de manos sudadas.

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