'La Rosadita' no se vende, canejo

La noticia de que Menem, ya viejo y enfermo, puso en venta su casa en Anillaco, disparó la fantasía del otoño gris del patriarca. No fue así.
Al menos por veinticuatro horas se instaló con exaltación en los medios la noticia que todos parecen querer escuchar: como si se tratara de gozar el gris otoño del patriarca, la idea de declive y decadencia personal y política de Carlos Menem, todos corrieron a dar la voz. La Rosadita, aquel mítico refugio del riojano en Anillaco, caía desvanecida debajo de un cartel inmobiliario.

Menem había puesto en venta su finca de retiro construida en su pueblo natal. El diario La Voz del Interior publicó que la residencia donde la familia menemista –en el sentido amplio del término– vivió su época de esplendor se vendía través de la inmobiliaria riojana Díaz Brizuela, a un precio aproximado de 800 mil dólares, según se atribuyó a fuentes vinculadas con la operación: son 300 metros cuadrados de un chalet estilo colonial pintado del mismo color que la Casa de Gobierno, parque, pileta, cancha de tenis y un lugar apartado para que duerman los huéspedes. Desde allí se alcanza a ver la llamada “pista de Anillaco”, donde solía aterrizar el Tango 01 durante los 90, pero que hoy permanece atravesada de fracturas y en desuso absoluto. La operación de venta de La Rosadita, sin embargo, se diluyó con el paso de las horas. Zulemita Menem, quien figura en los registros oficiales como dueña de la casa, la desmintió ante Crítica de la Argentina: “Por ahora no la vamos a vender porque la usamos”, dijo, a pesar de que su padre no vive allí, ya que usa como residencia estable otra propiedad que tiene en el club de golf de La Rioja. El martillero Jorge Díaz Brizuela, dueño de la inmobiliaria que lleva su nombre, también negó tener alguna participación en la posible venta de la residencia insignia del menemismo: “Lo desmiento absolutamente. Conozco a la familia y a la casa, pero no se puso en venta a través de mi inmobiliaria”, le dijo a este diario.

A pesar de las desmentidas, la venta de La Rosadita es una idea instalada en lo más íntimo de la familia Menem. Así se lo confirmo Zulema Yoma a Crítica de la Argentina: “No tengo la menor idea de si la casa está en venta porque es una decisión de Zulemita. Yo le vengo aconsejando que lo haga y se la saque de encima porque es una carga para ella que tiene que ocuparse de mantenerla”.

–¿Zulemita le dijo que había puesto en venta la casa?

–No. Pero si dicen que la inmobiliaria la tiene a la venta, debe ser así. Le voy a preguntar, pero no suelo meterme en sus movimientos. Ella me administra departamentos que tengo en La Rioja, y yo no tengo la menor idea de cómo funciona eso. Capaz que un día me dice: “Vendí La Rosadita”. Ojalá se venda.

–¿Qué significa esa casa para usted y su hija?

–Zulemita la viene manteniendo como un recuerdo, porque por ahí también pasó su hermano Carlitos. Para mí representa recuerdos nada gratos. Participé del momento de la compra del terreno y después me separé de Menem y no pude vivir ahí. En realidad, ¿cuándo no estuvimos separados? La habíamos comprado para la familia, pero a mí nunca me atrajo. Después se transformó en una casa política. Lo que sucedió ahí tendrá su historia, pero yo la desconozco. Sé que para Menem venderla era angustiante, le daba tristeza. No sé por qué.

–¿Cree que se puede vender pronto?

–Es difícil. Lo mismo pasó cuando se trató de vender la casa de Echeverría. Ahí íbamos a vivir todos. Estuvo mucho tiempo en venta, hasta la reservaron, y no se concretó. Se ve que Carlitos no quería que se vendiera.

–¿Cuándo fue la última vez que visitó La Rosadita?

–Hace unos meses, cuando la acompañé a Zulemita a llevar a los nuevos caseros, porque los anteriores habían cumplido un ciclo y tuvimos que hacer un cambio. Nos encargamos de limpiarla, pero es muy difícil tenerla cuidada, sobre todo si nadie va. El lunes estoy viajando para allá con mi nieto Luca y Zulemita porque ella quiere pasar Navidad y Año Nuevo con su padre y no quiero que me señale el día de mañana por no acompañarla.

–¿Va a pasar las fiestas con Menem?

–Estamos separados, y eso no cambia. Pero él tiene 78 años, está enfermo y mi hija quiere acompañarlo. Lo visitaremos en su casa del golf. Yo tomaré mate a la sombra, porque no puedo estar ni un poquito al sol, y me hospedaré en La Rosadita. Será una casa que pase a la historia.

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