Se rompió.

BOCA: El DT en su peor momento: hay malestar en la CD porque no le da cabida a Bianchi (la relación es fría) y también perdió crédito con el plantel. Si en la Copa le va mal...
Algo se rompió. En este Boca que camina partido por el campeonato, que sufre y lamenta lesiones de todo tipo, algo más se rompió. Algo importante. Algo que la derrota contra Central terminó de desencadenar por el modo y las formas. Algo tal como el piso que sostenía a Carlos Ischia. El técnico, en las últimas horas, perdió equilibrio, crédito y, sobre todo, respaldo. De varios dirigentes de peso, en primer término. De los jugadores, en una buena parte. ¿Y de Bianchi, el manager, el hombre que mayor injerencia tiene en lo futbolístico? La relación entre ellos, últimamente, asoma fría, distante, sin muestras de esa amistad que tuvieron durante mucho tiempo. "La verdad, yo creí que se llevaban mejor", definió un directivo en las últimas horas, muy sorprendido por la poca cercanía entre ambos.

¿Y ahora? "A Ischia le soltaron la mano. Es así", fue la frase que más se escuchó ayer en Casa Amarilla. Como si fuera un político en campaña, la imagen negativa del Pelado creció en los últimos partidos. Para los dirigentes, está desenfocado, lo acusan de desaciertos tácticos y de estar perdiendo el rumbo (además de facturarle su mal manejo en el caso Caranta). Ah, también le reprochan su escasa autocrítica para asumir que se equivocó en varios partidos. Este último detalle, incluso, también lo marcaron algunos jugadores. Ayer, de hecho, el técnico habló con el plantel y, cuando todos esperaban algún sacudón, alguna palabra fuerte en este momento difícil, el DT no profundizó la situación. "Nunca nos dice que estamos mal", contó uno. Y otros, hasta se animaron a criticar el planteo en Rosario, acaso su última condena. "¿A vos te parece línea de cinco para jugarle a Central?", tiró un jugador y no de los de más experiencia. El desencanto es pronunciado. Y general.

Encima, lo inevitable está sucediendo. Era previsible que, en las malas, la imagen de Bianchi del otro lado del mostrador impusiera su peso. Algunos dirigentes no ven la hora de tenerlo otra vez como DT, viven pendientes de su vuelta. Otros le recriminan a Ischia que no lo consulte al Virrey en ciertas situaciones. Y hasta hubo quien puso el ejemplo Humbertito Grondona, quien criticó a Maradona por no escuchar a un hombre con experiencia como Bilardo. "No puede desaprovecharlo así", fue el remate. Por todo, hoy el Pelado no sólo se siente presionado por el flojo presente futbolístico, sino por este contexto.

Bianchi, mientras tanto, mantiene su postura: sigue a Boca a todas las canchas (en La Plata, incluso, estuvo al borde de la línea de cal), pero no habla de lo futbolístico. De todos modos, en Ecuador, en una zona restringida del vestuario que se abrió involuntariamente a los periodistas, se los vio a los dos Pelados dialogar enérgicamente tras la derrota ante Cuenca por la Copa.

Eso, la Libertadores, es la única red que mantiene a Ischia en el cargo. Algo que él mismo sabe, pero que hoy lo encuentra en su peor momento y en el ojo de la tormenta a pocas horas de luchar el pasaje a la segunda fase. Así, por el tiempo y lo que está en juego, hablar de un despido es poco probable, más allá de que no le escape a la voluntad de algunos dirigentes. Y de que otros sueñen con revertir esa cláusula que le impide a Bianchi (fue una condición innegociable impuesta por él) asumir como sucesor de Ischia. Igual, es imposible que el Virrey, por la forma en que cuida su imagen, se exponga a algo así.

Será por eso que los nombres de Basile y Cabrero empiezan a sonar, aunque más no sea como versiones. O como marca de que algo se rompió...

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