Romanín insistió en la prevención frente a la droga

El Obispo de Tierra del Fuego y Santa Cruz opinó que «no estamos preparados todavía para asumir conductas que otros países han tenido» en cuanto a la despenalización del consumo de drogas que determinaría la Corte Suprema de Justicia de Nación. También se refirió a la realidad fueguina y se mostró preocupado sobre la crisis que atraviesan muchas empresas que a su entender puede ser «síntomas de una gran desocupación».
Ante un inminente fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación por la despenalización de la droga para consumo personal en nuestro país, el padre obispo de la Diócesis, monseñor Juan Carlos Romanín, opinó que «el tema es sumamente delicado» y que «no estamos preparados todavía como para asumir conductas que otros países han tenido, en cuanto a la despenalización del tema».

El prelado añadió que «es necesario la prevención, hacer el uso de todos los controles y los límites que puedan favorecer, justamente, el no consumo de la droga, especialmente en los jóvenes y adolescentes».

Consideró Romanín que «se piensa que al despenalizar se favorece a los que venden directamente a los chicos, no a los grandes, sino a los pequeños consumidores, entonces, afecta directamente a los inocentes».

El Prelado recordó que la subcomisión de Justicia y Paz del Episcopado Argentino emitió este año un duro documento, que «habría que darlo a luz nuevamente, habría que analizarlo, porque es muy fuerte y quizá por eso mismo no se permitió que se diera a conocer».

Para Romanín, en la diócesis a su cargo la problemática con la droga «es un tema que evidentemente ha avanzado y ocupado sectores muy fuertes», y evaluó que «si bien sabemos que no hay una vuelta atrás, tenemos que seguir haciendo todo lo posible, sobre todo en el renglón de la prevención, para evitar que esto se siga multiplicando».

Trabajo pastoral

Romanín evaluó que «desde el punto de vista de la fe, el 2008 fue un año intenso, profundo, he sentido que la gente ha interpretado muy bien al menos las prioridades diocesanas, como es la de tener un fuerte compromiso con lo social».

El prelado opinó que «en muchos lugares, hubo gente de la iglesia que se ha jugado realmente por la realidad que nos toca vivir, desde distintos puntos de vista, pero haciéndolo como iglesia».

Asimismo, manifestó que «desde el punto de vista de la fe de los que vienen de afuera, de los migrantes, que son muchos, también se ha tenido las puertas abiertas para todos aquellos que traían una cultura religiosa distinta de la que estamos viviendo, y han encontrado los espacios necesarios como para poder desarrollarla».

A su entender, «sobre todo a nivel de la Pastoral Social, Cáritas y Migraciones, han tenido muchísimo trabajo este año y eso a mí me pone orgulloso, de tantos voluntarios, tantos agentes que están gastando mucho de su tiempo para favorecer el bienestar de tantas familias, que a veces se encuentran sin un alimento necesario u oportuno, un trabajo o una documentación».

«Es un tema que evidentemente ha avanzado y ocupado sectores muy fuertes», dijo Romanín sobre la problemática de las drogas.

LA REALIDAD FUEGUINA

«Hay síntomas de una gran desocupación»

El Obispo se refirió también a la «delicada» situación que vive Tierra del Fuego en materia económica y social. Romanín dijo que «conflictos hubo este año y, lamentablemente, hay latentes unos cuantos», si bien admitió que «se ha avanzado en las paritarias y en el tener conciencia de que si no es por el diálogo, la violencia no nos ayuda».

Observó que «a nivel nacional, hemos vivido una primera mitad de año muy difícil, muy dura», advirtiendo que «no estamos exentos de eso y como la crisis económica que estamos viviendo en esta segunda mitad de año, son realidades que a mi me siguen preocupando, las hemos conversado con las autoridades, como es lo habitacional y el trabajo».

«Sobre todo en Tierra del Fuego, donde las grandes empresas, por esta debacle económica, a los que son contratados les adelantaron vacaciones, tomaron algunas medidas que ya conocemos de otras épocas, que nos preocupan mucho, porque pueden ser síntomas de una gran desocupación, que sería un problema y una situación muy delicada para la Diócesis».

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