Roly diez más

Roly diez más
COPA SUDAMERICANA / VELEZ 3 - UNION ESPAÑOLA 2: El ingreso de Zárate le contagió picardía a un equipo que iba sin rumbo y con impaciencia en busca de la heroica, que se dio gracias al interminable delantero.
Con la prepotencia del orgullo malherido, más un torrente de ollazos a más no poder que al final se transformó en solución, sin juego-juego pero con las acertados cambios de Gareca en el peor de los momentos, y el espíritu en alto de la vieja guardia de este grupo corporizado por el Roly Zárate, así parió Vélez este costosísimo y milagrero triunfo cuando el partido se moría. Con forceps.

Faltaba un cuarto de hora para intentar la hazaña cuando el técnico sumó a Somoza y el Roly. En los dos casos, le dio una inyección de dos pura sangre velezana. Con el volante central, apuntaló el despliegue de Zapata y el manejo de Moralez porque le dio firmeza y cambios de frente; con el histórico punta central, le aportó colocación, oficio de baqueano del área, y el sagrado oportunismo de los elegidos para resolver situaciones límite.

Vélez debió remontar siempre un tanteador que se le dio en contra precisamente por dos contraataques. Incluso en el primer minuto ya había avisado Unión Española que no era un rival facilongo. El planteo mismo lo dignificaba: enganche y dos puntas, todos argentinos; marcación en zona, todo con tratamiento de pelota lo más prolija posible.

Frente a eso, en Vélez parecían sobrevolar algunos fantasmas que lo atormentaron en el partido que le empató Independiente. Y probablemente podría haber algún desgaste físico. Aparentaba jugar con mucha paciencia, pero después entró en la impaciencia por el devenir del partido. Cierta parsimonia inicial, ayudada porque el rival no presionaba aunque cubría los espacios, que cada vez eran más chicos a medida que la pelota se trataba de trasladar al área de los chilenos. Finalmente Unión Española terminó con los dos volantes centrales casi pegados al fondo de cuatro para aguantar los ollazos.

Si bien Cristaldo había sido el más penetrante de los delanteros de Vélez en el primer tiempo, y Moralez trataba de impulsar corridas por los costados, con Papa y Cubero bien pegados sobre la raya, como laterales-punteros, pocas veces se llegó con inminencias de gol en esa etapa. Por otra parte, se insinuó -luego confirmado- que la zaga central no era tan confiable: Otamendi, con anticipos muchas veces fallidos y malas entregas, y a Domínguez se le hacían difíciles algunas jugadas controlables.

Entre desazones y centros-lotería, así se encaró el último cuarto hora. Fue el capítulo de la emotividad y el suspenso para todos, la incredulidad para los chilenos y desahogo para Vélez, con gargantas a pleno. Fue también el momento de cuando el Roly volvió a ser el chico de la película.

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