Rolfi: "No es fácil ganar dos clásicos en sólo quince días".

INDEPENDIENTE: El domingo saldó una cuenta pendiente:festejar un éxito ante Boca. "Hay que lograr regularidad", afirma.
Sobre Daniel Montenegro, con frecuencia, pesaba una maldición: un jugador de notables condiciones técnicas que al momento de los clásicos no ofrecía su mejor versión, desaparecía. Lo decían los propios y los ajenos. Y, de repente, se transformó en una presunta verdad absoluta. Pero él, que conoció las rudezas de pelear por la permanencia con el Huracán de su corazón y que fue campeón con Independiente en 2002, parece convencido de lo contrario en este Clausura: quiere enterrar aquellas historias que se parecían a una condena. Las dos victorias de Independiente fueron en los dos clásicos que disputó hasta el momento (ante Racing y contra Boca) con idéntico resultado (2-0) y con Rolfi como superhéroe goleador. Ahora, luego de un domingo para el aplauso, Montenegro le puso palabras a la victoria ante el equipo de Carlos Ischia. "Lo que pasó contra Boca se disfruta mucho. No es fácil ganar dos clásicos en quince días. Y creo que si seguimos así vamos a pelear hasta el final, pero esto es largo y lo que tenemos que hacer ahora es lograr regularidad y no perder la memoria", dijo ayer a TyC Sports, tras la práctica del plantel, en la mañana de Villa Domínico.

Tiene experiencia en clásicos con la camiseta de Independiente: jugó 33 partidos frente a los otros cuatro grandes tradicionales. Y tenía, en ese recorrido, una cuenta pendiente: Boca. De las ocho veces que lo había enfrentado (incluyendo sus días en Huracán) nunca lo había derrotado: hubo tres empates y cinco derrotas. Y tampoco le había convertido con Independiente (los únicos dos goles se los había hecho para alivianar derrotas abultadas del equipo de Parque de los Patricios). Ahora se desquitó de todos los modos.

Montenegro lleva tres goles en las cinco fechas del torneo: le hizo uno a Racing y los dos de ayer a Boca. Y sólo tiene dos futbolistas por delante en la tabla de goleadores (Sand, de Lanús; y Leguizamón, de Arsenal). Dos de sus tantos fueron de penal y el otro resultó un gol para que la memoria lo guarde. El lo recuerda así: "Fue una linda jugada, cuando le tiré el caño a (Fabián) Vargas pensé que tenía las piernas menos abiertas. Luego terminó bien. Por suerte sirvió para que el equipo encontrara el rumbo y ganara en tranquilidad. Hasta ese momento no podíamos llegar con claridad. Pero se dio. Y pudimos festejar". Por ese gol, que fue el primero y que cambió el destino del partido escuchó aplausos de los hinchas y elogios del cuerpo técnico. "Un golazo", dijeron todos sin inhibiciones.

Tal vez no haya casualidad: para romper la racha frente a Boca y abrazar éxitos personales y colectivos en los clásicos, Montenegro eligió una cancha que le sienta bien, que conoce desde los días de hincha y de sus comienzos como futbolista, el Tomás A. Ducó. "Siempre es lindo volver a esa cancha y jugar allí. Por suerte nos volvió a ir bien", dijo esta vez, como había dicho tras el triunfo ante Racing. Por lo que allí está mostrando no quedará otro camino que creer en que ése es su lugar en el mundo. O algo así...

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