El Rojo tuvo su recompensa y Vélez se quedó sin punta

López, de penal, y Cristaldo marcaron para la visita. Silvera y Matheu, ambos de cabeza, igualaron.
Se le caía la venda a la Justicia. ¿O acaso no merecía ganar Independiente en el mismo instante en que estaba perdiendo? Pero, claro, ella no tenía la culpa de que ese gran primer tiempo rojo no tuviera relación con el resultado. Mucho menos, que Vélez estuviera mostrando su oficio de campeón. Porque incluso en su producción más floja de los últimos tiempos, estaba capturando la victoria. Sin embargo, el destino tenía previsto hacerle caso a los méritos y una revancha para Matheu. Porque el capitán había fabricado el penal que marcó Hernán López, el que le estaba abriendo la puerta del éxito al club de Liniers. No obstante, a menos de una decena de minutos del final, por fin pudo vencer al notable Montoya. Y así, poner las cosas en su lugar. Y así, respirar aliviado después de tanto sufrimiento.

Fue electrizante el partido. De lo mejor del torneo. Y nada hacía imaginar un final con Independiente transpirando por una derrota al cabo del primer tiempo. Es que sólo le faltó el gol en ese lapso. Nada más, nada menos. Porque se retiró tan aplaudido al final del capítulo inicial, que sus hinchas todavía deben tener las manos tan rojas como su camiseta. Y si Américo Gallego había dicho en la semana que no daban ganas de presentarse después de ver el rendimiento de Vélez ante Boca por la Copa Sudamericana, ¿qué habrá pensado Ricardo Gareca en el entretiempo? Es que el equipo del Tolo fue notablemente superior en ese período. Por circulación de la pelota, por dinámica, por esa estética que, en varios momentos, le hizo recuperar la memoria al paladar negro de su gente.

También había dicho Gallego con su particular sentido del humor, que si Vélez le manejaba la pelota, "estamos en el horno". Sus jugadores entendieron el mensaje. Y actuaron en consecuencia. Por eso salieron a jugar el partido como si se tratara de una final. Con todos, absolutamente todos, presionando en la recuperación. Con Piatti, de a ratos imparable.

Vélez no parecía Vélez, entonces. Desconocido, no había podido capturar la pelota. Y cuando disponía de ella, se mostraba partido, desconectado en todas sus líneas. ¿Por qué no encontró el gol en el primer tiempo Independiente? Por Montoya, que ratificó su citación a la Selección con una noche inspirada y un póker de atajadas fenomenales ante Silvera, Gandín, Matheu y Mancuello. Vélez sólo tuvo una clara, un cabezazo de Cubero que exigió a Gabbarini.

Pero Vélez, aunque juegue mal, tiene explosión y contundencia arriba. Y a López lo bajó Matheu cuando entraba al área. El uruguayo canjeó penal por gol. Enseguida, López bajó un pelotazo y Cristaldo, mano a mano, no perdonó. Gallego echó mano al banco. Lo puso al pibe Gómez por Piatti. No se explica por qué prescindió del cordobés, de lo mejor de su equipo. Sí se entiende que el Tolo se la juegue por este chico desequilibrante que metió el centro exacto para el cabezazo del Cuqui.

Fue por más Independiente. Y Montoya, otra vez, se mostró genial ante Matheu. Pero en el córner posterior, el central no falló. Y todo se ajustó a la realidad, con aplausos más rojos que nunca.

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