Rodolfo Terragno: "Ojalá De la Rúa hubiera sido un hombre indeciso"

Rodolfo Terragno: "Ojalá De la Rúa hubiera sido un hombre indeciso"
El ex jefe de Gabinete cree que la sociedad aún no sabe lo que fue la experiencia de la Alianza ni lo que le pasó al país en 2001 y considera que habría que analizar algunos arraigados mitos políticos para que no se repitan las crisis en la Argentina
La Alianza no fue un fracaso, Fernando de la Rúa fue un presidente fuerte y decidido, la renuncia de Carlos "Chacho" Alvarez a la vicepresidencia no resultó un golpe decisivo para el gobierno de entonces, el peronismo no conspiró contra la gestión delarruista y la crisis de 2001 no habría existido si el candidato presidencial que le ganó las elecciones a Carlos Menem en 1999 hubiera sido Rodolfo Terragno.

Si lo que dice hoy el propio Rodolfo Terragno fuera cierto -¿por qué razón dudar de sus palabras?-, no solamente habría que corregir cientos de notas en los diarios, en las revistas y en muchos libros que dicen precisamente lo contrario, sino algo peor: habría que intentar desterrar de la sociedad argentina una colección de mitos, rótulos y sensaciones que quedaron grabadas a fuego en la historia oficial, casi sin discusión alguna, desde que De la Rúa tuvo que dejar el gobierno de la forma más traumática posible.

La larga entrevista de Enfoques con el ex jefe de Gabinete tenía como objetivo inicial hablar de su plan 10/16 -que él define como "un programa de seis años para el desarrollo económico, social y cultural de la Argentina"- y de cómo se puede lograr que, con la inspiración en los Pactos de la Moncloa españoles, su propuesta termine siendo discutida, consensuada y rubricada por todos los partidos políticos.

Pero bastó que una pregunta aludiera en forma tangencial a la "frustración de la Alianza" para que Terragno no sólo lo negara enfáticamente sino que, un formidable ejercicio por el cual se demostró que era posible ganarle a Menem, llegar al poder y hacerlo a través de una conciliación de posiciones entre fuerzas políticas distintas."

Lo peor es que hoy, según Terragno, "la sociedad no sabe lo que fue la experiencia de la Alianza". Y, además, que "mientras no entendamos lo que pasó en la Argentina, vamos a quedar expuestos a que otros gobiernos, en circunstancias parecidas, recurran a procedimientos económicos que van a tener los mismos resultados".

¿Hace falta presentar a este porteño de 66 años, casado, con dos hijos, que, además de haber sido el primer jefe de Gabinete del gobierno de De la Rúa y senador nacional, fue diputado, ministro de Obras y Servicios Públicos en la gestión de Raúl Alfonsín y presidente de la UCR entre 1995 y1997?

Terragno, repantigado en el blanco sillón del living de su departamento del barrio Las Cañitas, lleno de muebles étnicos, parece un político de otra época, pleno de ideas y de códigos de caballerosidad, quizá justamente porque no es un político de raza, sino un periodista y escritor que aceptó una invitación que le había efectuado Alfonsín de sumarse a su proyecto, en 1985, a partir de la efervescencia intelectual que causó su libro La Argentina del siglo 21 .

-Empecemos por el principio: ¿en qué consiste el plan 10/16?

-Es una convocatoria a que pongamos bajo un paraguas algunos aspectos que requieren consenso. Porque si no lo hay, no se puede lograr el desarrollo económico y social. Seguramente vamos a diferir en miles de puntos, pero hay ciertas cosas que tienen que tener continuidad. Si no, es imposible crecer a las tasas a las que debemos crecer y es imposible redistribuir ingresos como debemos hacerlo. Y entonces he propuesto seis puntos para discutir, sobre la base de que el acuerdo tiene que ser acerca del qué y del cómo. Porque es muy fácil ponerse de acuerdo en decir que la educación es fundamental pero, cuando uno va a los aspectos procesales del entendimiento, empiezan las dificultades.

-¿Cuáles son esos seis puntos?

-En primer lugar, si alguien quiere ver toda la propuesta, en desarrollo porque es compleja, la puede bajar de www.terragno.org.ar Hay varios puntos que tienen que ver con la competitividad, con la educación de excelencia, pero hay uno que me gusta para demostrar cuál es el esfuerzo que hay que hacer y por qué es necesaria la continuidad. La Argentina tendría que crecer al 5% sin parar durante 14 años para tener en 2023 el ingreso per cápita que Croacia tiene hoy. No parece un objetivo desmesurado porque es a 14 años y no para tener el ingreso de Japón o de Alemania. Pero para crecer a ese ritmo necesitamos una inversión anual de 2 puntos del producto nada más que en energía, y eso, a valores actuales, representa 6400 millones de dólares. Como el Estado no tiene esos fondos, hay que recurrir al sector privado, y qué privado va a invertir en la Argentina si no se sabe qué reglas van a regir durante el próximo gobierno y el subsiguiente. Por eso es tan importante que distintas fuerzas políticas que pueden estar en el gobierno mañana, o pasado mañana, digan a qué normas se van a comprometer o que digan: "Esta es nuestra matriz energética".

-Usted está teniendo contactos con dirigentes de distintos partidos, pero si este plan no tiene el apoyo del gobierno nacional, es difícil llevarlo adelante.

-Sí, por lo menos en estos próximos dos años. Hay quienes querrían que fuera un frente opositor. Pero la propia idea va más allá. Estoy dispuesto a hablar, desde Cristina Kirchner para abajo, con quien sea. La esencia del proyecto no es un acuerdo total, sino sacar de la puja parlamentaria y electoral algunos puntos que son condicionantes del desarrollo económico y social.

-Eduardo Duhalde parece defender más al radicalismo que los propios radicales. Dice que es un mito que la UCR no sabe gobernar o que sólo el peronismo puede gobernar. ¿Es así?

-Efectivamente, son mitos?

-Pero muy instalados.

-Sí, pero que estén instalados no los legitima. Es muy malo que nos manejemos con mitos. Y un peronista que trate de desmitificar al peronismo, sea Duhalde o cualquier otro, no puede dejar de reconocer que Perón fue derrocado, que Isabel Martínez fue derrocada, que en el momento en que hubo que asumir una transición porque supuestamente el único que podía gobernar era el peronismo, Adolfo Rodríguez Saá duró una semana y Duhalde se fue seis meses antes. Las dificultades de gobernar, los factores de presión, que antes eran militares, principalmente, todo eso lo padece el que gobierna. Y si el contexto es, por ejemplo, el de la década del ochenta, que fue una década perdida para toda América latina, las circunstancias se agravan. Hasta hoy, el único peronista que terminó todo su período, que fue una década, fue Menem. Cristina Kirchner terminará dentro de dos años el período kirchnerista. Lo que hace Duhalde no es defender al radicalismo sino decir: para que la democracia se consolide, tiene que haber posibilidad de alternancia. Y si se afianza el mito de que hay un solo partido capaz de gobernar, no tenemos alternancia. Y eso no es bueno ni siquiera para el propio partido que se supone con capacidad de gobernar. Muchos peronistas están sufriendo esto hoy, los peronistas que no están de acuerdo con los Kirchner, porque el gobierno actual tendría otro comportamiento si existiera un contrapeso. En verdad, he sido siempre un defensor del bipartidismo y esto a veces es mal comprendido. En Estados Unidos no es un mandato constitucional que tenga que haber bipartidismo, tampoco en Inglaterra ni en España. Hay una necesidad funcional de que existan dos grandes fuerzas. Porque para gobernar un país hace falta una organización muy grande. Un partido de poder en un país, además, de la extensión y de la diversidad social de la Argentina, tiene que ser necesariamente policlasista y multirregional. Al lado, o atrás, tiene que haber una fuerza comparable que le sople en la nuca al que gobierna y que sea una amenaza de sustitución llegado el momento de una elección presidencial. Si no, la tendencia a la hegemonía es inevitable. Y cuando eso ocurre, hasta el propio partido gobernante sufre las consecuencias.

-Julio Cobos parece la gran esperanza para la UCR. ¿No le parece raro que sea vicepresidente y que, al mismo tiempo, encarne el rol de líder opositor?

-No, porque es vicepresidente de una coalición. Lo raro es que haya una presidenta que no habría ganado de no ser por una coalición, por lo menos en primera vuelta, y que no considere la opinión del vicepresidente. Este no es un gobierno del Frente para la Victoria, sino de la coalición entre el Frente para la Victoria y el radicalismo K, que se quebró con el conflicto del campo y que creó esta situación muy extraña. A partir de ahí fue creciendo la figura de Cobos. Sobre todo, porque en la población y en los adversarios al Gobierno se había desarrollado un fatalismo, la idea de que la oposición era impotente y de que había kirchnerismo por diez años. De repente, se vio que en el Gobierno había un caballo de Troya. Y que, a partir de que se reveló el contenido de ese caballo de Troya, cambiaba todo el panorama político. Entonces él fue visto como el que hizo posible lo que hasta entonces era imposible. Eso lo colocó en una posición muy interesante y hay que ver si sabe mantenerla. Espero que sí.

-¿Cobos puede ayudar a la UCR a desprenderse del estigma de la Alianza?

-La Alianza no es un estigma...

-Para la sociedad, quizá sí. El estigma de una frustración política...

-La frustración es el uno a uno, no la Alianza. La Alianza fue un formidable ejercicio por el cual se demostró que era posible ganarle a Menem, llegar al poder y hacerlo a través de una conciliación de posiciones entre fuerzas políticas distintas. No tengo la más mínima duda de que si yo hubiese sido el presidente, el gobierno de la Alianza habría sido exitoso. Mientras no entendamos lo que pasó en la Argentina, vamos a estar expuestos a que otros gobiernos, en circunstancias parecidas, recurran a procedimientos económicos que van a tener los mismos resultados.

-Pero algo habrá pasado en el seno de la Alianza para que no pudieran hacerle cambiar de opinión a De la Rúa.

-No era la opinión de De la Rúa, sino la de todo el establishment económico de la Argentina.

-Entonces, ¿no hubo responsabilidad de ningún dirigente de la Alianza? ¿Sólo de un empecinado De la Rúa y sus economistas? Es una visión muy polémica para lo que la sociedad entiende que fue la experiencia de la Alianza.

-La sociedad no sabe lo que fue la experiencia de la Alianza. El que no relacione la caída de De la Rúa con el uno a uno no entendió nada. Por eso busca fantasías...

-En su discurso no veo autocrítica en la construcción de ese proyecto político. Parece que todo fue una conspiración entre De la Rúa y unos economistas.

-No digo que haya habido una conspiración. También hubo una responsabilidad social: las encuestas decían que el 90% de la gente quería que siguiera el uno a uno. Tal vez sea excesivo decirlo porque la gente escuchaba a los que supuestamente sabían y, además, recordaba la hiperinflación. ¿Qué pasó con la Alianza? En la elección de los candidatos, el radicalismo se orientó por el temor de la opinión pública. De la Rúa decía que había que seguir con "un peso, un dólar" y yo, que había que salir de la convertibilidad. Entonces, se pensó que si iban conmigo perdían las elecciones. Además los políticos, en general, no saben de economía y son muy dependientes de la opinión de los economistas. De la Rúa era particularmente así. Alfonsín era el único que sostenía que la convertibilidad iba a ser nuestra fosa, pero no tenía autoridad porque era sinónimo de hiperinflación. También hubo una responsabilidad muy grande del establishment económico. Hubo cerrazón intelectual, incapacidad y también cobardía: nadie quería aparecer diciendo que había que salir de la convertibilidad. Por último, existieron factores extraeconómicos de enorme peso. La Alianza fue una expectativa de transparencia y cuando apareció la sospecha, jamás despejada, de sobornos en el Senado, echó por tierra con la esperanza que se había creado.

-Con la renuncia de "Chacho" Alvarez, De la Rúa quedó más debilitado. Fue el golpe mortal al gobierno, ¿no?

-No, el golpe mortal fue lo que pasó en el Senado. En todo caso, lo de "Chacho" fue una consecuencia. Pero la relación dentro del gobierno entre el radicalismo y el Frepaso fue perfecta, por lo menos el breve período en que yo estuve. No se notaban diferencias. Incluso en lo malo: "Chacho" era un defensor del uno a uno. ¿Por qué fracasó el gobierno? No es responsabilidad mía, pero sí cometí un pecado de soberbia: no debí haber aceptado nunca la Jefatura de Gabinete. De la Rúa muy difícilmente iba a querer salir del uno a uno. Pensé que si era jefe de Gabinete iba a poder cambiarlo. Ese gobierno estaba destinado a terminar como terminó. Algunos lo atribuyen a la presunta estupidez de De la Rúa, pero no es un hombre negado intelectualmente.

-¿Y qué le pasó, entonces?

-¿Qué le pasó a más de medio país? ¿A más de la mitad de la intelligentzia argentina? ¿A la casi totalidad de los economistas argentinos con máster en el exterior? Ese es el problema de los mitos: cuando se los crea, se puede llevar a un desastre...

-¿No es cierto que De la Rúa fuera un débil o muy influenciable?

-No. Dicen que era un hombre indeciso, irresoluto. Ojalá hubiese sido así. Porque todos los que defendían el uno a uno, como el peso estaba sobrevaluado y no se podía bajar el dólar, trataban de bajar los costos en pesos. Eso significaba más recesión, cortar gasto público, bajar los salarios y las jubilaciones. Por otro lado, había que aumentar los ingresos. A De la Rúa le dijeron que había que hacer un impuestazo y lo hizo. Que había que hacer planes de ajuste e hizo 15. Que había que traerlo a [Domingo]Cavallo y lo trajo. Entendamos lo que le pasó al país entre 1997 y 2001. Y lo que pasó fue que se llevó al paroxismo la política de controlar la inflación a través del tipo de cambio. Tenemos que someter los mitos a un análisis de racionalidad. Hay muchas cosas que se instalan a fuerza de repetirse o porque son de más fácil comprensión. Es más fácil creer que Duhalde conspiró contra De la Rúa, algo falso, que entender que De la Rúa se cavó su propia fosa por seguir con esa política cambiaria.

-¿No estaba preso de su entorno, de Fernando de Santibañes, de su hijo Antonio, del grupo Sushi?

-¡Nooo! ¿Cómo puede la gente creer esas cosas, esas banalidades?

-¿Pero los sobornos existieron?

-Creo que sí. No tengo la prueba. Pero me ha quedado clavado como una espina el decreto secreto que intentaron que yo firmara, transfiriéndole fondos a la SIDE.

-¿De la Rúa tuvo algo que ver con los sobornos?

-No se puede hacer una cosa así sin que el presidente lo sepa. El me insistió siempre en que el hecho no había existido. Yo me quedé con esa duda. Sería insincero que dijera otra cosa.

© LA NACION

Mano a mano

Hablar con Rodolfo Terragno no es sencillo. El propio Terragno no es cualquier político: no hay muchos que se animen a decir que si hubieran sido presidentes, por ejemplo, el gobierno aliancista habría sido exitoso. Muchos dirigentes hablan de sí mismos en tercera persona, al mejor estilo maradoniano, o en primera persona del plural. Terragno suele ponerse en primer plano, como protagonista. Cuando le pregunté cómo veía a Julio Cobos, primero se tomó unos diez minutos para contar, entre otras cosas, cómo había conocido al vicepresidente. Tiene muchas ideas y sabe de lo que habla. Está informado, aunque me confesó que apenas lee los titulares de los diarios. Lo noté preocupado por la falta de comprensión de la sociedad respecto de lo que sucedió con la Alianza, y sus argumentos al respecto son los que más me sorprendieron y desorientaron. Le gusta provocar, desafiar y, a veces, intentar descolocar a su interlocutor. La charla fue interrumpida una decena de veces por el teléfono, que Terragno nunca dejó de atender. Con eso rompió otro de los viejos mitos: que el entrevistado trata de no desconcentrarse en el diálogo con el entrevistador para no pisar en falso.

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